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By: Autor Invitado

Publicado originalmente en inglés en el el sitio web de Caribbean Migration Consultation.

Las empleadas migrantes del sector del trabajo doméstico se han convertido en trabajadoras esenciales en la respuesta a la COVID-19, debido a las importantes funciones que desempeñan en el cuidado de niños y niñas, enfermos y personas dependientes, así como en el mantenimiento de los hogares, lo que ayuda a prevenir la transmisión del virus. Sin embargo, a pesar de su enorme contribución y aporte a la economía, suelen ser uno de los grupos más afectados por la crisis.

Tradicionalmente, el trabajo doméstico se ha considerado precario, debido a las condiciones de trabajo deficientes o incluso de explotación, como las largas jornadas laborales, los bajos salarios, las condiciones informales, la escasa o nula protección social y la tendencia a vivir con sus empleadores. En un informe de 2018 publicado por ONU Mujeres, se mostró que la región del Caribe tiene altos niveles de condiciones laborales informales entre las trabajadoras domésticas: un 90%. En particular, los siguientes estados presentan niveles muy altos de trabajo informal para los trabajadores domésticos: Haití (99%), República Dominicana (96,5%), Guyana (94,9%), y Jamaica (92%). 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el 93% de los trabajadores domésticos en el Caribe son mujeres, y de éstas, el 17% son migrantes. Además, las desigualdades de etnia y clase se reflejan en el sector del trabajo doméstico, con poblaciones afrodescendientes e indígenas sobrerrepresentadas. Según una encuesta realizada en 2010 por la CEPAL, el 63% de los empleados domésticos en América Latina son afrodescendientes.

 

Bajo aislamiento, la situación ya inestable de las trabajadoras domésticas migrantes ha empeorado, según un nuevo informe sobre su situación en América Latina y el Caribe durante la crisis de COVID-19, publicado por ONU MUJERES. Muchas han seguido trabajando, a pesar de la actual pandemia, mientras que otras han sido despedidas sin sueldo, lo que significa que no pueden pagar el alquiler o enviar remesas a sus hogares. Entre los factores contextuales específicos que agravan la vulnerabilidad de las trabajadoras domésticas cabe mencionar:

  • Atención a la población de riesgo: Las trabajadoras domésticas deben atender a la población "de riesgo", como las personas mayores o los enfermos, y al mismo tiempo atender a los niños que deben quedarse en casa debido a la suspensión de clases y las restricciones de movilidad. Algunas trabajadoras domésticas no han recibido el equipo de protección personal adecuado a pesar de tener que interactuar con otras personas fuera de su círculo de contactos, o de tener que atender a personas que han dado positiva en las pruebas de detección del virus, lo que aumenta su riesgo de contraer o transmitir el COVID-19. 
  • Cargas de trabajo adicionales: Las órdenes de permanecer en casa han aumentado las cargas de trabajo ordinarias en el hogar, como las tareas de cocina y limpieza. IOM CREST informa que más del 50% de las trabajadoras migrantes domésticas han tenido que trabajar horas extras, sin paga extra ni horas compensadas.  Dado que las recomendaciones oficiales son de no salir de casa, las trabajadoras domésticas han informado que no pueden negarse a trabajar en sus días libres. Además, algunas trabajadoras domésticas han sido presionadas para que pasen la noche en sus lugares de trabajo a fin de reducir los riesgos o la exposición a posibles contagios y/o transmisiones de COVID-19 durante sus desplazamientos.
  • Acceso a la atención de la salud: El carácter informal de gran parte del trabajo doméstico significa que muchas trabajadoras domésticas migrantes tienen un acceso limitado o no adecuado a la atención médica. En muchos casos tampoco buscan siquiera la atención de servicios de salud, debido a los limitados recursos financieros o porque no están afiliadas al sistema de seguridad social del país en que trabajan.  Esto es particularmente grave en el caso de las trabajadoras domésticas migrantes en situación irregular que a menudo ni siquiera pueden asistir a los centros de salud pública de muchos países.  
  • Salarios reducidos: En otros casos, las trabajadoras domésticas han informado de una reducción de las horas de trabajo, pérdida de salarios y/o desempleo como resultado de la disminución de la actividad económica. Según la OIM, el 70% de las trabajadoras domésticas de las Américas se han visto afectados por medidas de cuarentena que han dado lugar a una reducción de las horas de trabajo o a la pérdida total del empleo. En el caso de las trabajadoras domésticas migrantes cuyo estatus migratorio está vinculado a su empleo, el desempleo inducido por la COVID-19 puede aumentar su riesgo de entrar en una situación migratoria irregular. 
  • Pérdida de la casa: Algunas trabajadoras domésticas han sido encontradas en las calles, después de perder sus casas junto con sus trabajos, lo que ha aumentado su vulnerabilidad en materia de salud y la necesidad de asistencia y apoyo en materia de salud física y mental. Además, esta situación las pone en mayor riesgo de caer en situaciones de trata de personas o explotación mientras intentan sobrevivir. 

La OIM ha publicado un conjunto de directrices para los empleadores y las empresas, con el fin de mejorar la protección de los trabajadores y las trabajadoras migrantes durante la pandemia de COVID-19, con recomendaciones específicas para afrontar las vulnerabilidades de las trabajadoras domésticas migrantes. Las recomendaciones incluyen la adopción de medidas de salud y seguridad en el hogar, la modificación de los desplazamientos al trabajo para reducir la posibilidad de contraer o transmitir el virus, y un resumen de las responsabilidades de los empleadores de asegurar que sus trabajadoras domésticas tengan los documentos de identificación y migración actualizados. 

La crisis de COVID-19 ha puesto de relieve las vulnerabilidades de los grupos de población en situación de riesgo y las graves consecuencias para las trabajadoras domésticas de la región del Caribe, entre otros. La pandemia ha demostrado la responsabilidad del Estado en ampliar el bienestar social y la protección laboral a todos los trabajadores y las trabajadoras migrantes, independientemente de su situación migratoria. Es fundamental que esta crisis no represente un retroceso en la consolidación de los derechos laborales de las trabajadoras domésticas migrantes. 

Para más información, sírvase ponerse en contacto con el Sr. Jorge Gallo, Oficial Regional de Comunicaciones de la Oficina Regional para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe, en la Organización Internacional de las Migraciones.

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SDG 10 - REDUCCIÓN DE LAS DESIGUALDADES