¿Por qué las personas migrantes arriesgan todo?

¿Por qué las personas migrantes arriesgan todo?

Cada año, miles de personas abandonan sus hogares en Latinoamérica, el Caribe y otras regiones para intentar asegurar futuros que se han vuelto prácticamente inalcanzables en sus países de origen. El despojo económico, la falta de acceso a la educación y el empleo, la violencia y otros factores estructurales y personales han motivado a las personas de todo el mundo, pero principalmente de los países centroamericanos, a buscar una nueva vida en los Estados Unidos u otros países de la región.

Muchos habrán pasado con éxito los procesos de solicitud de visa para comenzar una nueva fase de sus vidas. Algunos no son tan afortunados y emprenderán viajes que saben que serán largos y peligrosos, con un alto riesgo de fracaso.

El Instituto Nacional de Migración de México registró 138,612 casos de detención de migrantes en situación irregular en 2018, en comparación con 93,846 en el mismo período en 2017. El 88 por ciento de los detenidos en 2018 eran ciudadanos de Honduras (42.93%), Guatemala (34.4 %) y El Salvador (10.3%).

Las personas que migran de manera irregular de Centroamérica a Norteamérica deben enfrentar cruces peligrosos de ríos y desiertos, terrenos remotos y formas inseguras de transporte para llegar a sus destinos, como viajar en la parte superior de los trenes de carga en viajes largos o dentro de camiones. También pueden estar expuestas a diferentes formas de violencia, como robos, extorsiones, agresiones, o incluso ser traficadas o asesinadas.

Se desconoce la verdadera cantidad de personas que murieron mientras transitaban por la región, pero los registros compilados por el Proyecto de Migrantes Desaparecidos (MMP) de la OIM indican que al menos 3.015 personas perdieron la vida entre 2014 y 2018 en la región de Centroamérica y Norteamérica.

Entonces, ¿por qué las personas que migran deciden arriesgarlo todo, incluso su propia vida?

Un estudio publicado en julio de 2019 por el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), la OIM y el ACNUR detalla algunas de las principales causas de desplazamiento y migración en los países centroamericanos. Según el estudio, en los años setenta y ochenta, los centroamericanos emigraron principalmente debido a la exclusión socioeconómica y el conflicto político que se produjo en algunos países de la región. Durante las siguientes décadas, los principales factores se volvieron la falta de oportunidades de trabajo, así como el riesgo causado por la violencia y el crimen.

Del mismo modo, en 2019, la ONG internacional Creative encargó un estudio de investigación similar sobre los municipios que tienen las tasas más altas de migración hacia el exterior desde Honduras, El Salvador y Guatemala. Identificaron los 60 municipios que combinados representan más de la mitad de toda la emigración de la región, y los factores desencadenantes que llevaron a las personas a elegir migrar. Estos se dividieron en tres categorías principales: economía, victimización y lazos transnacionales.

La economía fue un factor determinante. Cuando se les preguntó a las personas cuál sería su razón principal para migrar, más del 60 por ciento de los encuestados mencionaron preocupaciones relacionadas con la economía. La migración desde el Triángulo del Norte ocurre en el contexto de una economía regional vulnerable, donde muchos de los que están trabajando lo hacen de manera informal con pocas protecciones u oportunidades de progreso.

Los lazos transnacionales, la recepción de remesas y la migración previa a los EE. UU. son factores de atracción importante en la ecuación de la migración, aunque mucho menos importantes que la economía y la victimización.

La victimización en Centroamérica es un importante factor de expulsión, ya que regionalmente, haber sido víctima de un delito o tener un familiar o alguien cercano que lo haya hecho, hace que un individuo sea 1,5 veces más propenso a considerar migrar. Sin embargo, este motivo de migración varía mucho según el país y el municipio de Centroamérica. Por ejemplo, en El Salvador, el 38% de los encuestados lo citó como un factor primario, en comparación con el 14% en Guatemala y el 18% en Honduras.

El estudio del SICA detalla cómo la violencia en la región se ve agravada por el crimen organizado y el tráfico de drogas, creando un clima de inseguridad que crea un aumento en los flujos migratorios mixtos intra y extrarregionales. Por ejemplo, el 87% de los salvadoreños desplazados internos tuvieron que mudarse debido a la victimización. El cambio climático, los desastres naturales y el acceso a la educación también se mencionaron como factores importantes para decidir migrar.

El Informe sobre las migraciones en el mundo de la OIM señala que, además de los riesgos, las posibles recompensas para la migración deben tenerse en cuenta al analizar los procesos de toma de decisiones sobre migración. Para algunas comunidades, las recompensas pueden ser a largo plazo, permitiendo que las próxima generaciones tengan acceso a una mejor educación, servicios de salud y estándares de vida, al mismo tiempo que apoyan a los miembros de la familia y las comunidades en los países de origen.

Para otros grupos, incluidos aquellos que pueden haber sido marginados económica, social o políticamente en sus países de origen, la migración internacional se ha convertido en una estrategia de supervivencia donde los miembros de la familia y la comunidad participan en la migración para acceder a recursos y seguridad.

Hallazgos adicionales sobre el desarrollo de corredores de migración laboral a largo plazo apuntan a una creciente dependencia de las remesas como componentes clave de los ingresos del hogar, lo que a su vez encierra a las personas en patrones de migración específicos.

Casi una cuarta parte de las personas que dicen haber pensado en migrar reciben remesas en los municipios de alta migración del Triángulo del Norte, en comparación con el 15 por ciento de los que no han pensado en migrar pero reciben remesas.

Los procesos de toma de decisiones sobre migración antes, durante y después de la migración continúan siendo moldeados por condiciones económicas, sociales y culturales más amplias. Además, existe una amplia variación en la capacidad de los migrantes para tomar decisiones, dependiendo de las restricciones y opciones que enfrentan. Estos dependen de los factores específicos que empujan a las personas a migrar a un área en lugar de otra.

Por estas razones, es importante que las soluciones para la migración irregular se adapten a cada ubicación y se apoyen desde las perspectivas de los migrantes. No existe un enfoque único para todos, pero las propuestas para la migración deben ser sostenibles y proteger a los migrantes tanto antes como durante sus viajes.


¿Cómo afectará la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?

¿Cómo afectara la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?
Categoria: Gobernanza Migratoria
Autor: Laura Thompson

 

No hay duda alguna que la actual pandemia tiene un impacto humanitario, social y económico amplio a corto, mediano y largo plazo, que a su vez puede afectar o retrasar la consecución de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a diferentes niveles y de diversas maneras. 

El impacto más evidente, obviamente, es sobre el Objetivo 3, el cual busca garantizar una vida saludable y promover el bienestar. La pandemia ha puesto presiones enormes en los sistemas de salud no sólo con relación al tratamiento y la gestión del virus, sino que además afecta la capacidad de atender a pacientes que tengan otras enfermedades y aumenta el riesgo de complicaciones en poblaciones con estados de salud comprometidos. La pandemia ha puesto mayor visibilidad en la importancia del acceso universal a los sistemas de salud independientemente de la condición migratoria de las personas. Sin embargo, la pandemia también tendrá implicaciones en otros aspectos de la Agenda 2030.

 

Impactos más allá de la salud

La COVID-19 también está impactando negativamente la situación laboral, económica y social de muchos hogares del mundo entero, y sobre su capacidad para enfrentar sus necesidades, inclusive las más básicas.  La crisis económica que los países de la región están enfrentando y el creciente desempleo será determinante en este sentido, puesto que más allá de la pandemia, América Latina y el Caribe cerraron el año 2019 con un 8,1% de desempleo, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo. Y según proyecciones de la CEPAL, la desocupación laboral subirá a  un 11,5% en la misma región, producto de la contracción de la actividad económica por la COVID-19.

El desempleo y la pérdida de poder adquisitivo afecta de manera más acentuada a las poblaciones migrantes, ya que ellas están, con mucha frecuencia, empleadas en el sector informal de la economía y tienen condiciones laborales contractuales más precarias, particularmente las mujeres trabajadoras migrantes.  En el caso de Latinoamérica y el Caribe el trabajo informa ronda el 50% del total de personas empleadas. El aumento del desempleo impactará el alcance del Objetivo 8 (sobre el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos), pero también del Objetivo 1 (la lucha contra la pobreza), el Objetivo 2 (la erradicación del hambre, la seguridad alimentaria y una mejor nutrición), el Objetivo 5 (la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y niñas), y las metas 5.2, 8.7 y 16.2, sobre la trata y la explotación de personas. La CEPAL recalca además que América Latina y el Caribe sufre ya una caída del -5.3% del PIB, la peor de toda su historia.

Asimismo, esta pandemia podría acentuar las desigualdades existentes en las sociedades, así como las vulnerabilidades de ciertos grupos poblacionales, y por consiguiente retrasar el alcance del Objetivo 10, que busca reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos. En ese contexto, las personas migrantes son uno de esos grupos vulnerables que se han visto afectados de manera particular por la pandemia y que a menudo son dejados de lado u olvidados en los planes de protección social y de relanzamiento económico, o tienen acceso limitado a ellos, ya sea por barreras de idioma o por su estatus migratorio. Todo ello a pesar de la enorme contribución que los trabajadores migrantes hacen al funcionamiento de los servicios básicos esenciales en muchos países, como se ha puesto en evidencia durante esta crisis.

Adicionalmente se proyecta una disminución en el monto de las remesas internacionales que, según el Banco Mundial, se reducirían entre un 10% y un 19.3% para el 2020. Las remesas son un componente fundamental en la economía de algunos países de la región, donde pueden a llegar a significar entre el 5% y el 20% del Producto Interno Bruto nacional. Una reducción importante en las remesas pondría en peligro la capacidad de muchos hogares en esos países de llenar sus necesidades más básicas y su capacidad de invertir en el mejoramiento de la nutrición, la educación y la reducción del trabajo infantil, entre otros, acentuando aún más las desigualdades existentes.

Finalmente, a nivel estatal, debido la desaceleración económica que estamos viviendo y las necesidades urgentes en materia de salud, es muy posible que haya una disminución del gasto social o una reorientación de los recursos disponibles potencialmente en detrimento de la visión más integral contenida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, afectando de nuevo el alcance de objetivos transversales de la Agenda 2030.

 

Recuperación y ODS: el mismo camino

Pero esto no nos debe llevar al pesimismo y a pensar que hemos perdido la lucha para alcanzar los ODS. Al contrario, en este momento es esencial trabajar juntos y con fuerza para identificar las dificultades adicionales que la actual pandemia presenta para la consecución de la Agenda 2030. Debemos redoblar nuestro compromiso y nuestros esfuerzos para asegurar que el impacto de la pandemia sea incorporado en los planes nacionales y en la asistencia internacional, así como que las diferentes realidades y vulnerabilidades de algunos grupos específicos sean incorporadas.

Para esto debemos trabajar desde ahora en asegurar la atención universal de los sistemas de salud y educación; en la reducción de los costos de transferencia de las remesas (tema incluido en el Objetivo 10), como está haciendo ya El Salvador, crear ciudades más resilientes e inclusivas en línea con el Objetivo 11 o fortalecer formas de migración regular para los trabajadores migrantes y condiciones de trabajo decente (Objetivo 8).

El momento es ahora: todas las organizaciones, gobiernos y personas tenemos un papel importante en asegurar que los esfuerzos para que nuestra región latinoamericana y el mundo se recuperen de los graves efectos de la pandemia de COVID-19 se alineen con la Agenda 2030 y nos aseguremos de no dejar a nadie atrás.