Los riesgos adicionales de la COVID-19 para las mujeres migrantes, y cómo abordarlos

Los impactos e implicaciones del coronavirus COVID-19 son diferentes para hombres y para mujeres, y pueden marcar mayores desigualdades para aquellas personas que se encuentran en una posición vulnerable, como las migrantes, indica ONU Mujeres. 

Organizaciones alrededor de todo el mundo saben de esta desigualdad y han alertado sobre la necesidad imperiosa de mirar la realidad desde enforque de género e interseccionalidad que permita identificar esas desigualdades y, ofrecer al mismo tiempo, una mayor protección y atención a las poblaciones más vulnerables en sus planes de respuesta.

Entre los riesgos específicos que la pandemia ha implicado en la población migrante, particularmente para las mujeres, se encuentran: 

Precarización laboral, explotación, e impacto socioeconómico: Según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020 de la OIM, las mujeres migrantes representan alrededor del 74% de la industria de servicios, como el trabajo doméstico, experimentando en muchos casos condiciones de precarización laboral. Gran parte de su ingreso se destina a sostener sus familias en países de origen. Durante el brote de la COVID-19, las restricciones de movilidad y de viaje ponen en riesgo los ingresos de las mujeres migrantes, en particular de aquellas que laboran en casas de otras personas. Además, el impacto de la crisis del empleo en el marco de la COVID-19 puede ser desproporcional para grupos poblacionales menos protegidos, como las mujeres y las personas migrantes.

En “Oferta de Género para América Latina y el Caribe para una Respuesta y Recuperación con Igualdad de Género”, el PNUD indicó que durante una crisis sanitaria con implicaciones en la movilidad de las personas, como la COVID-19, las mujeres migrantes que realizan trabajo doméstico, y sobre todo aquellas que se encuentran irregulares, se vuelven más dependientes de sus empleadores y quedan más alejadas de los servicios de protección social. Incluso cuando finaliza el aislamiento por la crisis sanitaria, las consecuencias económicas pueden exponer a las mujeres a la explotación sexual, como sucedió con el brote de ébola 2013-2016. 

Rechazo xenofóbico: La estigmatizadora idea de que las personas migrantes tienen COVID-19 solo por el hecho de ser migrantes, las convierte en blanco de amenazas. En el caso específico de las mujeres migrantes, esta discriminación puede acarrear consecuencias como la falta de atención adecuada en centro de salud y otros lugares asistenciales que tienen directa relación con el hecho de ser mujeres (como la atención en embarazos, o la asistencia legal y psicosocial por violencia de género). 

Mayor inseguridad frente al virus: La limitada capacidad de algunas mujeres migrantes de acceder a materiales de protección como mascarillas y alcohol en gel, así como la mayor propensión de vivir en condiciones de hacinamiento, deja a esta población menos preparada para enfrentar el virus, indicó el PNUD en el mismo texto mencionado.

Sobrecarga de cuidado: En todo el mundo las mujeres realizan alrededor del doble del trabajo doméstico no remunerado y de cuido que los hombres. La carga laboral por el cierre de escuelas y la atención que requieren las personas que caen enfermas es muchas veces asumida e impuesta a las mujeres. En el caso de algunas mujeres migrantes, como las refugiadas y migrantes provenientes de Venezuela, al verse afectados sus medios de vida, sobre todo para trabajadoras informales y domésticas, el cuidado de otras personas recae desproporcionadamente en las mujeres, indica la iniciativa Respuesta a Venezolanos (R4V).

Incremento de la violencia basada en género: Las restricciones de movilidad y cuarentena obliga a muchas mujeres a recluirse con sus abusadores o potenciales abusadores. La violencia basada en género ya existente se ve exacerbada por la incertidumbre laboral y migratoria, y el distanciamiento social. Para muchas mujeres migrantes que no tienen suficientes redes de contacto en los países de tránsito y destino, la reclusión con su agresor es un peligro latente.

¿Cómo gestionar la crisis incluyendo a las mujeres migrantes?

La COVID-19 no discrimina a quien afecta, y la respuesta sanitaria, legal y psicosocial para enfrentar el virus tampoco debe hacerlo. Estas son algunas de las recomendaciones que diferentes organizaciones han aportado para no dejar a nadie atrás en la respuesta contra la COVID-19, incluyendo a las mujeres migrantes:

  • Garantizar el acceso a instalaciones seguras: El PNUD indica que las instalaciones seguras, sobre todo en fronteras, pueden ayudar a disminuir “el riesgo de contagio y de situaciones de violencia sexual y de violencia basada en género”, y que este debe ser provisto a la población migrante incluso si se encuentra irregular.
  • Pagos a la medidas y bonos extraordinarios: Esto con la intención de garantizar que las personas migrantes, y en especial las mujeres en situación de vulnerabilidad, tengan acceso a las prestaciones económicas sin importar su condición migratoria.
  • Proveer de implementos de protección contra la COVID19 en los centros de atención a migrantes: Al tratarse de lugares con alta afluencia de personas, es importante que las personas migrantes cuenten con suministros para proteger su salud, como mascarillas y alcohol en gel. En el caso de las mujeres embarazadas, si bien “no hay pruebas de que corran mayor riesgo de enfermedad grave que la población en general”, la OMS solicita mayor precaución por el riesgo general de contraer enfermedades respiratorias durante el embarazo.
  • Facilitar el acceso a los servicios multisectoriales: La iniciativa R4V indica que es necesario buscar los canales adecuados para brindar información sobre centros de atención y asistencia a población migrante y a mujeres, como líneas de atención, instituciones de salud, etc.
  • Asegurar el acceso a servicios de atención sin discriminación: Las mujeres migrantes suelen sufrir una doble discriminación: por ser mujeres y por ser migrantes. Es necesario monitorear la atención no discriminatoria en los diferentes centros de asistencia, y en los de salud particularmente debe protegerse la confidencialidad en casos de violencia sexual, anota R4V.
  • Facilitar el funcionamiento remoto de servicios: R4V destaca que cuando sea posible pueden generarse mecanismos virtuales y asistencia telefónica para las necesidades de las mujeres migrantes. Esto sin desestimar opciones cara a cara para quienes no tengan acceso a otros medios.

Así se ven los nuevos desplazamientos por violencia y desastres en las Américas

Así se ven los nuevos desplazamientos por violencia y desastres en las Américas
Categoria: Migración y Medio Ambiente
Autor: Pablo Escribano

Según el informe 2020 del Centro de Monitoreo del Desplazamiento Interno (IDMC por sus siglas en inglés), en 2019 se registraron 33.4 millones de nuevos desplazamientos internos en el mundo, de los cuales 24.855.000 son debido a desastres y 8.553.800 a conflicto y violencia. Representa la cifra más alta registrada anualmente desde el 2012.

En las Américas, los desastres y la violencia provocaron 2.147.000 nuevos desplazamientos durante 2019. Los desastres originaron 72% del total (1.545.000) mientras que la violencia ocasionó el 28% (602.000). La proporción es similar a las cifras globales (74,5% y 25,5% respectivamente).

 

Nuevos desplazamientos por conflicto, violencia y desastres en las Américas (2009-2019).

 

Los países más afectados por el desplazamiento interno a nivel continental fueron Estados Unidos, El Salvador, Brasil, Colombia y Bolivia, aunque por diferentes causas:

  • Estados Unidos registró 916.000 nuevos desplazamientos, lo que representa el 42.5% del total global, y 59% del total continental de desplazamiento por desastres. El huracán Dorian supuso la evacuación de 450.000 personas en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Florida, Georgia y Virginia. Los incendios provocaron 423.000 nuevos desplazamientos, en particular en California en octubre.
  • Los 455.900 nuevos desplazamientos registrados en El Salvador en 2019 se atribuyen exclusivamente a la violencia. El conteo fue extrapolado de cálculos de organizaciones de la sociedad civil en el país. La adopción de una nueva ley a principios de este año podría permitir mejorar la metodología de investigación.
  • Brasil fue en 2019 uno de los países afectados por un mayor número de desastres en el mundo, al registrarse más de 295.000 eventos que provocaron 250.000 nuevos desplazamientos, en particular inundaciones y deslizamientos. También existen datos iniciales de desplazamiento por fenómenos graduales en Brasil, como la sequía (6.100 nuevos desplazamientos) y la erosión costera (240), que revelan procesos significativos relacionados con el cambio climático que podrían existir en otros países pero no quedan representados por la falta de datos.
  • En Colombia, los desplazamientos por conflicto y violencia (139.000) en 2019 fueron más que los relacionados con desastres (35.000). Este último se debió a inundaciones en los departamentos de Putumayo, Antioquía, Magdalena, Nariño y Chocó. Colombia es un caso particular, pues con 5.576.000 personas desplazadas a finales de 2019, presenta dificultad para encontrar soluciones duraderas al desplazamiento.
  • El quinto país con un mayor número de nuevos desplazamientos en 2019 fue Bolivia, con 77.031 casos resultantes de desastres provocados por inundaciones en Chuquisaca, Cochabamba y la Paz.

 

El Huracán Dorian causó más de 464.000 nuevos desplazamientos entre septiembre y octubre de 2020, distribuidos entre los países del Caribe, Estados Unidos y Canadá. Bahamas sufrió el mayor impacto, con 3.4 billones de dólares en daños estimados y un quinto de la población del país afectada. La situación de la comunidad haitiana resultó particularmente preocupante debido a su contexto socioeconómico y su concentración en asentamientos informales que resultaron particularmente afectados.

Las prioridades para el futuro incluyen avanzar en la prevención del riesgo y reducir el desplazamiento prolongado. Para mejorar las capacidades en ambos ámbitos, se necesita de una asociación global que recopile, evalúe y compare prácticas y experiencias de manera sistemática, y facilite el aprendizaje y el apoyo entre pares.