La escalada de desinformación durante la pandemia y cómo contenerla

A menudo en los debates políticos y en los medios de comunicación se hace referencia al carácter multidimensional de la pandemia, con implicaciones sanitarias pero también económicas y sociales. Debido a la naturaleza urgente, crítica y muchas veces desalentadora de la COVID-19, las reacciones de la sociedad frente al avance de la emergencia resultan en emociones como el miedo y el rechazo, estimulados por la difusión de información falsa. Este es el caso de las personas migrantes, quienes con frecuencia son acusadas de traer el virus a un determinado país o de ser las causantes el aumento de casos. Las y los migrantes son víctimas inmediatas de acusaciones que sin embargo, a menudo carecen de fundamento.

Muchas son las historias de desinformación y alarmismo en las Américas, como la que vivió un grupo de migrantes salvadoreños que llegaron a Oluto, un municipio al sur de Veracruz, en México. Acogidos en un albergue especializado por razones humanitarias y para evitar ulteriores contagios, fueron víctimas de afirmaciones falsas propagadas por algunos medios de comunicación, los cuales reportaron un número incorrecto de migrantes y los describieron como portadores del virus, aunque su estado de salud estaban siendo monitoreado.

Historias y denuncias similares se replican en otros países de la región. Allí donde la figura del migrante es en ocasiones utilizada como chivo expiatorio, el avance del virus ha nuevamente acentuado la percepción desfavorable sobre la población migrante. Acusados de traer o de contribuir desproporcionadamente a la transmisión de la COVID-19, las personas migrantes pasan por experiencias dolorosas que se unen a las condiciones precarias en las que muchas veces viven.

Los niños, niñas y adolescentes migrantes, quienes sufren de mayores condiciones de vulnerabilidad, son particularmente afectados. Según un reporte de UNICEF,  junto con el avance de la pandemia ha habido un aumento repentino de deportaciones, especialmente de niños, niñas y adolescentes. Las deportacioens se han caracterizado además por no permitir que las personas migrantes puedan cumplir con los procedimientos de solicitud de asilo y sin prueba verificada de que porten o no el virus. Por tanto, la narrativa perjudicial y la desinformación acerca de la figura del migrante durante la pandemia de COVID-19 está contribuyendo no solo a una percepción del extranjero permeda de rasgos xenófobos, sino también al agravamiento de la precariedad del estado de los y las migrantes.    

En Costa Rica también se vieron incidentes xenofóbicos hacia la población nicaragüense. Al encontrarse nuevos brotes de COVID-19 el pasado junio en ciertas zonas agrícolas del país, así como en sitios de construcción y otros sectores que emplean trabajadores migrantes, en particular provenientes de Nicaragua, las personas migrantes fueron vistas como responsables del avance de la pandemia en el país centroamericano. En particular, los brotes registrados en algunas piñeras situadas en la ciudad de Los Chiles en el norte del país, que transportaron sin cumplir ningún tipo de protocolo sanitario a personas migrantes en condiciones de irregularidad, suscitaron ulteriores reacciones xenófobas hacia la población migrante nicaragüense, sin responsabilizar a quienes les movilizaron. 

Siempre en Costa Rica, semanas después, el alto porcentaje de población migrante que reside en cuarterías o viviendas informales en el Gran Área Metropolitana, fue señalado como posible foco de contagio. Las autoridades locales reaccionaron cerrando algunas de las propiedades con cercas para impedir que los residentes salgan. Al respecto, algunos miembros de la comunidad académica costarricense señalaron que la atención de los medios no ha sido suficientemente dirigida hacia las razones prácticas y verídicas que causaron un aumento de los contagios en esa áreas, como los límites de espacio en las industrias que no permitieron el mantenimiento de distancias mínimas.

Estos episodios destacan el ambiente de tensión, xenofobia y marginalización de las personas migrantes y afirman la urgencia de incentivar la verificación de datos, la búsqueda de fuentes confiables y la necesidad de un enfoque inclusivo y diversos en los medios.

 

¿Qué podemos hacer?

El impacto de la COVID-19 en la percepción de “los otros” ha demostrado cómo la desinformación acerca del virus es un fenómeno peligroso no solo para el estado de salud de las personas, sino también para la cohesión social.

Para hacer frente a este nuevo reto, las Naciones Unidas lanzaron la campaña Verificado (o Verified en inglés)  que busca denunciar la desinformación en torno a la COVID-19 y al mismo tiempo invita a asumir una actitud crítica ante la información recibida. La campaña responde a las consecuencias drásticas que la desinformación puede generar, como falso alarmismo y discriminación.  Las noticias y las afirmaciones falsas no solamente agravan la crisis sanitaria, sembrando dudas sobre qué hacer o no hacer para protegerse del virus, sino que también estimula las expresiones de odio y de xenofobia que intentan culpabilizar a ciertas poblaciones de la pandemia. La iniciativa de Naciones Unidas procura educar sobre la relevancia de compartir contenido confiable, verificado y actualizado, sea información escrita u oral. 

Verificado llama a reflexionar antes de compartir y reportar noticias basadas en hechos reales en manera responsable. Para lograrlo, la campaña se articula en tres áreas específicas: ciencia, para salvar vidas; solidaridad, para promover la cooperación local y global; y soluciones, para abogar por el apoyo a las poblaciones que han sido afectadas por la COVID-19. Este triple propósito subraya la repercusión social y sanitaria de la campaña y la importancia  de desestimar la información no verificada. 

Invitar a nuestros familiares y amigos a compartir solamente información verificada y confiable es la acción más efectiva que podemos tomar, en este mismo instante, para luchar contra la desinformación y sus muy peligrosas consecuencias sobre la salud pública y la cohesión de nuestras sociedades.         

 


¿Cómo afectará la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?

¿Cómo afectara la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?
Categoria: Gobernanza Migratoria
Autor: Laura Thompson

 

No hay duda alguna que la actual pandemia tiene un impacto humanitario, social y económico amplio a corto, mediano y largo plazo, que a su vez puede afectar o retrasar la consecución de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a diferentes niveles y de diversas maneras. 

El impacto más evidente, obviamente, es sobre el Objetivo 3, el cual busca garantizar una vida saludable y promover el bienestar. La pandemia ha puesto presiones enormes en los sistemas de salud no sólo con relación al tratamiento y la gestión del virus, sino que además afecta la capacidad de atender a pacientes que tengan otras enfermedades y aumenta el riesgo de complicaciones en poblaciones con estados de salud comprometidos. La pandemia ha puesto mayor visibilidad en la importancia del acceso universal a los sistemas de salud independientemente de la condición migratoria de las personas. Sin embargo, la pandemia también tendrá implicaciones en otros aspectos de la Agenda 2030.

 

Impactos más allá de la salud

La COVID-19 también está impactando negativamente la situación laboral, económica y social de muchos hogares del mundo entero, y sobre su capacidad para enfrentar sus necesidades, inclusive las más básicas.  La crisis económica que los países de la región están enfrentando y el creciente desempleo será determinante en este sentido, puesto que más allá de la pandemia, América Latina y el Caribe cerraron el año 2019 con un 8,1% de desempleo, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo. Y según proyecciones de la CEPAL, la desocupación laboral subirá a  un 11,5% en la misma región, producto de la contracción de la actividad económica por la COVID-19.

El desempleo y la pérdida de poder adquisitivo afecta de manera más acentuada a las poblaciones migrantes, ya que ellas están, con mucha frecuencia, empleadas en el sector informal de la economía y tienen condiciones laborales contractuales más precarias, particularmente las mujeres trabajadoras migrantes.  En el caso de Latinoamérica y el Caribe el trabajo informa ronda el 50% del total de personas empleadas. El aumento del desempleo impactará el alcance del Objetivo 8 (sobre el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos), pero también del Objetivo 1 (la lucha contra la pobreza), el Objetivo 2 (la erradicación del hambre, la seguridad alimentaria y una mejor nutrición), el Objetivo 5 (la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y niñas), y las metas 5.2, 8.7 y 16.2, sobre la trata y la explotación de personas. La CEPAL recalca además que América Latina y el Caribe sufre ya una caída del -5.3% del PIB, la peor de toda su historia.

Asimismo, esta pandemia podría acentuar las desigualdades existentes en las sociedades, así como las vulnerabilidades de ciertos grupos poblacionales, y por consiguiente retrasar el alcance del Objetivo 10, que busca reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos. En ese contexto, las personas migrantes son uno de esos grupos vulnerables que se han visto afectados de manera particular por la pandemia y que a menudo son dejados de lado u olvidados en los planes de protección social y de relanzamiento económico, o tienen acceso limitado a ellos, ya sea por barreras de idioma o por su estatus migratorio. Todo ello a pesar de la enorme contribución que los trabajadores migrantes hacen al funcionamiento de los servicios básicos esenciales en muchos países, como se ha puesto en evidencia durante esta crisis.

Adicionalmente se proyecta una disminución en el monto de las remesas internacionales que, según el Banco Mundial, se reducirían entre un 10% y un 19.3% para el 2020. Las remesas son un componente fundamental en la economía de algunos países de la región, donde pueden a llegar a significar entre el 5% y el 20% del Producto Interno Bruto nacional. Una reducción importante en las remesas pondría en peligro la capacidad de muchos hogares en esos países de llenar sus necesidades más básicas y su capacidad de invertir en el mejoramiento de la nutrición, la educación y la reducción del trabajo infantil, entre otros, acentuando aún más las desigualdades existentes.

Finalmente, a nivel estatal, debido la desaceleración económica que estamos viviendo y las necesidades urgentes en materia de salud, es muy posible que haya una disminución del gasto social o una reorientación de los recursos disponibles potencialmente en detrimento de la visión más integral contenida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, afectando de nuevo el alcance de objetivos transversales de la Agenda 2030.

 

Recuperación y ODS: el mismo camino

Pero esto no nos debe llevar al pesimismo y a pensar que hemos perdido la lucha para alcanzar los ODS. Al contrario, en este momento es esencial trabajar juntos y con fuerza para identificar las dificultades adicionales que la actual pandemia presenta para la consecución de la Agenda 2030. Debemos redoblar nuestro compromiso y nuestros esfuerzos para asegurar que el impacto de la pandemia sea incorporado en los planes nacionales y en la asistencia internacional, así como que las diferentes realidades y vulnerabilidades de algunos grupos específicos sean incorporadas.

Para esto debemos trabajar desde ahora en asegurar la atención universal de los sistemas de salud y educación; en la reducción de los costos de transferencia de las remesas (tema incluido en el Objetivo 10), como está haciendo ya El Salvador, crear ciudades más resilientes e inclusivas en línea con el Objetivo 11 o fortalecer formas de migración regular para los trabajadores migrantes y condiciones de trabajo decente (Objetivo 8).

El momento es ahora: todas las organizaciones, gobiernos y personas tenemos un papel importante en asegurar que los esfuerzos para que nuestra región latinoamericana y el mundo se recuperen de los graves efectos de la pandemia de COVID-19 se alineen con la Agenda 2030 y nos aseguremos de no dejar a nadie atrás.