El complejo punto de encuentro entre la migración ambiental y la COVID-19

Casi 1.900 desastres provocaron 24.9 millones de nuevos desplazamientos en 2019. De acuerdo con la ONU, si bien se reporta una importante caída de CO2 en el mundo debido las restricciones de movilidad por COVID-19, el pronóstico es que será solo temporal. Algunos expertos indican que las transformaciones climáticas de largo plazo no se producen como resultado de políticas adoptadas durante una pandemia, sino como consecuencia de una labor coordinada en todas las esferas de gobierno. En el caso de la migración ambiental, se puede esperar entonces no solo que no disminuirán los desastres, sino que habrá repercusiones añadidas por la pandemia.

¿Dónde colindan migrantes ambientales y COVID-19?

 

1. El cambio climático no se detiene durante la COVID-19 y debe abordarse como parte de la recuperación socioeconómica pospandémica

El cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos relacionados, como ciclones e inundaciones, ya están obstaculizando la respuesta a la COVID-19, como por ejemplo ha sucedido en Vanuatu e India. Las restricciones de movilidad durante la respuesta pandémica crean aún más desafíos logísticos para la entrega de ayuda y asistencia médica en áreas que a menudo ya enfrentan problemas de acceso limitado a servicios y recursos básicos.

Si bien se han podido registrar reducciones en la contaminación atmosférica debido a la limitación de la actividad económica, la acción climática requiere esfuerzos de mitigación y adaptación sostenidos y a largo plazo. Las poblaciones que ya son vulnerables a los impactos del cambio climático se verán particularmente afectadas por epidemias y pandemias, incluidos, por ejemplo, los pequeños estados insulares en desarrollo, que ya padecen los efectos inmediatos del cambio ambiental, y que ahora deberán enfrentar el impacto de la COVID-19 en la inseguridad alimentaria, la caída del turismo y la migración laboral y las remesas que podrían recibir en los años venideros. Es importante que los planes de reconstrucción después de la pandemia se alineen con los objetivos de acción climática para evitar empeorar el calentamiento global.

 

2. La capacidad de las personas para huir de los desastres causados por amenazas naturales puede verse obstaculizada por las restricciones de movimiento en respuesta a la pandemia

Ante los desastres, las personas pueden verse obligadas a huir de sus hogares y comunidades por seguridad. Los bloqueos y cierres de fronteras en respuesta a epidemias y pandemias como la COVID-19 pueden dificultar la capacidad de las personas de escapar del peligro. Desde ahora, es importante que los países se preparen para posibles riesgos ambientales e implementen medidas de reducción de riesgos, especialmente en regiones que son vulnerables a amenazas recurrentes como huracanes, inundaciones y deslizamientos de tierra, pues “si se llegaran a producir desastres como tifones, terremotos o incendios forestales durante la pandemia de la COVID-19, las restricciones a la movilidad socavarían la eficacia en la prestación de asistencia de emergencia”, indicó la OIM.

Los nuevos desplazamientos también podrían facilitar la transmisión de enfermedades, ya que el distanciamiento social se hace imposible durante las evacuaciones y en entornos de desplazamiento. Las restricciones de movimiento también pueden afectar la capacidad de las personas migrantes de regresar a sus países y comunidades de origen a pesar de haber perdido sus medios de vida debido a la pandemia, el desastre en sí mismo u otras causas.

 

3. Las personas desplazadas por desastres son significativamente más vulnerables en términos de salud y a los impactos socioeconómicos de las pandemias

De acuerdo con las instantáneas analíticas sobre COVID-19 de la OIM, “es probable que los hospitales, ya sobrecargados por los casos de COVID-19, no estén en condiciones de atender a las personas afectadas por los desastres”. Del mismo modo, las malas condiciones de vida y de trabajo pueden dificultar su acceso al agua potable para asegurar las debidas prácticas de higiene o complicar la capacidad de las personas desplazadas de aislarse o ponerse en cuarentena según las directrices de los funcionarios de salud.

Además, las personas desplazadas pueden permanecer en albergues, en campamentos o con familias y parientes, a veces durante años. En todas estas situaciones, pueden ser más susceptibles a las enfermedades, incluida la COVID-19, debido al hacinamiento, la falta de higiene y la falta de acceso a información y servicios de salud. Las poblaciones desplazadas pueden sufrir problemas de salud durante su desplazamiento y pueden carecer de los medios o el acceso para garantizar la continuidad de la atención a afecciones médicas preexistentes que aumentan el riesgo de complicaciones, como hipertensión, diabetes, obesidad, cáncer y desnutrición.

 

4. Las soluciones a largo plazo son críticas para las personas migrantes internas en asentamientos informales superpoblados

En muchos países del mundo, la urbanización está impulsada por la degradación ambiental y el agotamiento de los medios de vida en las zonas rurales. Las personas migrantes internas a menudo se instalan en áreas informales insalubres y hacinadas, en las que tienen un mayor riesgo de contraer enfermedades y disponen de un acceso reducido a los servicios básicos, incluidas las pruebas de detección y la atención médica para la COVID-19. Las opciones disponibles para detener la propagación de la COVID-19 pueden ser limitadas si llega a asentamientos informales, lo que enfatiza la urgencia de implementar soluciones a largo plazo para abordar la situación de migrantes internos, como por ejemplo a través de su inclusión en los planes nacionales de cobertura universal de salud. Esto refleja una necesidad persistente de abordar los patrones de desigualdad y de prevalencia del riesgo, que se ven agravados por la pandemia.


La extorsión que expulsa a las personas migrantes del Triángulo Norte de Centroamérica

La extorsión que expulsa a las personas migrantes del Triángulo Norte de Centroamérica
Categoria: Protección y Asistencia a Migrantes
Autor: Autor Invitado

En muchos casos de desplazamiento forzado se habla de la extorsión como uno de los principales detonantes, sin embargo esta acción se suma a un ciclo de violencia donde es difícil marcar la razón última de salida de una país: violencia sexual, asesinatos, etc.

Aunque su definición varía dependiendo de la legislación, la extorsión se entiende como las amenazas, intimidación y otros actos violentos para conseguir acciones o bienes de otra persona contra su voluntad, indicó la Red de Fondos Ambientales de Latinoamérica y el Caribe REDLAC en un boletín dedicado a explorar este tema y que servirá de insumo para este blog.

En el contexto de la migración, el secuestro y la extorsión pueden ir de la mano, pues los traficantes extorsionan a las personas migrantes exigiéndoles dinero bajo la amenaza de secuestrar a sus familiares. De igual manera ocurre en la vía contraria: los parientes de personas migrantes que ya se encuentran en otro país son extorsionadas por traficantes, reclamándoles dinero para no hacer daño al familiar que migró. Esto deriva muchas veces en motivo de persecución.

En Guatemala, Honduras y El Salvador, las graves condiciones de inseguridad ciudadana alimentadas por el narcotráfico y la corrupción han posicionado a la región como una de las más violentas del planeta según Amnistía Internacional. En este contexto, la extorsión exigiendo pagos a mercados y comercios pequeños se vuelve habitual en territorios controlados por pandillas, aunque dependiendo del país puede haber un alto porcentaje de extorsión a residencias, como en Guatemala, donde este rubro acapara el 55% de las denuncias por extorsión.

También existe un impacto diferenciado entre el tipo de extorsiones que perciben hombres, mujeres, niños y población LGBTIQ+. En ese sentido las extorsiones para el pago de dinero por parte de mujeres son muchas veces aunadas con la amenaza de violencia sexual, y los cuerpos de las mismas, así como de adolescentes y niñas, son utilizados como territorios de venganza y control, indica el mismo boletín de REDLAC. En el caso de los niños, el reclutamiento de estos para convertirles en cobradores de renta y otras funciones va en aumento.

Las personas migrantes se ven a menudo extorsionadas también por personas que no forman parte de grupos criminales, pero que aprovechan su situación de vulnerabilidad para obtener beneficios: extorsión para cruzar por terrenos privados en vez de por rutas con bandas delictivas, o transportistas que piden dinero para no entregarles a las autoridades sin son migrantes irregulares. Esta misma situación se ha reportado con empleadores que, al momento de llegar la fecha de pago, amenazan a los trabajadores migrantes con denunciarlos.

No existen actualmente números sobre la cantidad de personas desplazadas u obligadas a migrar debido a las extorsiones en el norte de Centroamérica, pues se enmarca en un clima generalizado de violencia; sin embargo, algunas organizaciones ubican este delito como una de las principales razones de expulsión de zonas o incluso del país.

 

Extorsión durante la pandemia

En el boletín de la Red de Fondos Ambientales de Latinoamérica y el Caribe REDLAC sobre la extorsión como un detonante del desplazamiento interno y la migración forzada en le norte de Centroamérica y México se indicaron también algunos puntos relevantes sobre cómo operan las extorsiones en el contexto de la COVID-19:

  • En El Salvador, la COVID-19 ha afectado los ingresos de las pandillas, sin embargo no han perdido el control de los territorios donde se encuentran. Algunas pandillas han establecido controles para que personas de cada familia realicen las compras de comida; esto por temor a que algún miembro de la pandilla se enferme y no pueda acceder a atención médica.
  • En Honduras, la paralización de los sectores de transporte y comercio informal (víctimas comunes de las extorsiones) debido a la pandemia ha implicado una disminución en las extorsiones. Sin embargo se han reportado amenazas de cobros retroactivos una vez se retome el comercio; cobros casa por casa; “peajes” por parte de las pandillas en carreteras y estafas. Los repartidores de comida son víctimas frecuentes de extorsión al ingresar a las comunidades.
  • En Guatemala las extorsiones tampoco se han detenido, aunque al inicio de la pandemia algunas maras concedieron “indultos”. Sin embargo, organismos nacionales creen que habrá un aumento en otros delitos y que las extorsiones volverán con más fuerza cuando se levanten las medidas restrictivas.
  • Las restricciones de movilidad aumentan el riesgo de que las personas se queden atrapadas en contextos de violencia, dificultando la posibilidad de buscar apoyo en otros territorios y países. A pesar de esto, muchas personas buscan y seguirán buscando opciones de migración irregular, a pesar de los peligros de la pandemia, para alejarse de los contextos de alta violencia y bajos ingresos en los que viven.