¿Cómo ha afectado la pandemia a los niños y niñas migrantes?

¿Cómo ha afectado la pandemia a los niños y niñas migrantes?
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En el contexto de la pandemia de COVID-19, las estadísticas y los datos disponibles revelan que los niños y las niñas pertenecen al grupo poblacional que ha sufrido el menor impacto a nivel de salud, pues resultan menos propensos al riesgo de infección, sobre todo en comparación con los adultos mayores.

Sin embargo, estos datos hacen referencia meramente a los efectos sanitarios de la pandemia. Las consecuencias sociales críticas, como el cierre de las escuelas, las restricciones de movilidad y las mayores dificultades económicas, han contribuido al aumento de la inseguridad y vulnerabilidad de la población más joven, la cual tendrá que hacer frente a los impactos socioeconómicos a corto y largo plazo de la pandemia. 

La situación de doble precariedad de los niños y niñas migrantes y desplazados, que ya se encuentran entre las poblaciones más vulnerables en el mundo, se ha deteriorado durante la pandemia, a causa de la mayor exposición a situaciones de pobreza agravadas por la crisis económica, a  violaciones a los derechos humanos, como en los casos de explotaciones laborales de menores, fomentadas por las pérdidas en los ingresos del hogar, y del acceso temporaneamente suspendido a la educación, junto a un mayor riesgo de padecer de enfermedad mental en un contexto tan desalentador y crítico. 

De acuerdo con un artículo de la OIM sobre las implicaciones de la pandemia sobre los niños y niñas migrantes , entre las más relevantes se encuentran:

Aumento de las destituciones: En algunos países, la pandemia ha sido utilizada como justificación para incrementar la devolución de menores hacia sus países de origen y paralizar la distribución en albergues. En Estados Unidos, no obstante 24,000 niños y niñas migrantes han podido salir de centros de detención de inmigrantes  desde el comienzo de la pandemia, aún más numerosas han sido las repatriaciones forzadas de menores hacia países de Centroamérica, en particular México, El Salvador y Guatemala, a pesar de que las comunidades de origen de las personas migrantes puede que no presenten las condiciones necesarias para garantizar su salud y protección. Además, las destituciones han sido completadas sin pruebas de detección del virus y sin averiguar si las personas migrantes necesitaban protección por miedo a ser perseguidas en sus países de origen.

Deterioro de la situación en los albergues y centros de detención: El número reducido de trabajadores humanitarios en los albergues, la escasez de recursos básicos y suministros y la disminución de los servicios brindados a las personas migrantes han endurecido las condiciones de vida de los niños y niñas en los centros de acogida, intensificando su vulnerabilidad. Durante la emergencia de COVID-19, la capacidad de los sistemas de protección infantil en el norte de Centroamérica y México ha sido debilitada también por falta de equipos de protección personal, lo que ha implicado menores servicios de protección, prueba de virus y tratamiento

Cierre de las escuelas y exclusión: Las medidas de aislamiento han obligado a las escuelas a paralizar sus actividades. Los niños y niñas migrantes pueden carecer de recursos para poder cursar las materias en línea, como ordenadores y otros tipos de dispositivos tecnológicos digitales. Esta falta puede afectar las posibilidades futuras para salir de la pobreza a través de su capital humano y capacidades, junto al aumento de abandono escolar. Asimismo, los niños y niñas migrantes pueden encontrar más dificultades en cuanto al aprendizaje de idioma, lo que conlleva una menor capacidad de integración. También hay que considerar que, al estar en casa y no en la escuela, los niños necesitan de mayor atención. Esto podría obligar a sus madres y padres a dejar sus trabajos para cuidar de ellos, perjudicando la situación económica de la familia, que a su vez en el futuro puede provocar episodios de trabajo infantil. 

Cierre de las fronteras y mayor xenofobia: El trayecto de los niños y niñas migrantes acompañados y no acompañados hacia el país de destino ha sido interrumpido abruptamente, a causa de las medidas de restricción de movilidad y cierre de fronteras. Los jóvenes migrantes, varados temporaneamente en áreas cercanas a las fronteras, han sido expuestos a mayores formas de xenofobia por parte de la comunidad en el país de tránsito, siendo acusados, en muchos casos erróneamente, de traer la enfermedad o facilitar el contagio. Como indica el informe de la OIM, el cierre de fronteras, junto con las deportaciones de menores, ha provocado una caída de casos de custodia protectoras de niños y niñas.

Discriminación en la comunidad de origen: Los jóvenes migrantes que escapan de situaciones de conflicto, persecución, calamidad ambiental, abusos, violencia y falta de oportunidades, son expuestos a violaciones a los derechos humanos y a condiciones difíciles no solo a lo largo del trayecto hacia el país de destino, sino que también al volver a supaís de origen, al ser en ocasiones percibidos como posibles focos de contagios. Henrietta Foe, directora ejecutiva de la UNICEF, señaló que “muchos niños que regresan afrontan un riesgo doble y están más en peligro que cuando abandonaron sus comunidades”, al deber enfrentar nuevamente la situación de inseguridad en su comunidad de origen y al ser víctimas de mayor discriminación.  

Efectos en la salud mental: Los niveles más altos de tensión y estrés de la población migrante afectan también a los niños y niñas, sobre todo en los casos en que la enfermedad de COVID-19 causa el fallecimiento de sus padres o madres y quedan huérfanos, lo que puede generar un aumento de en la exposición a abusos. Muchos niños y niñas migrantes y desplazados pueden sufrir traumas psicológicos, marginalización o estigma, además de no poder recibir apoyo psicológico durante la pandemia.       

No obstante  los reportajes en los medios de comunicación se centren en compartir principalmente las estadísticas y datos acerca del número de personas que han contraído la enfermedad de la COVID-19, debemos enfocar nuestra atención también en generar debates y políticas para el estrato poblacional que experimentará el impacto más duradero de la pandemia: los niños y las niñas.

Los niños y niñas migrantes precisan de protección y asistencia social y sanitaria inmediata, para poder aprender, crecer y lograr mejores condiciones de vida. Ellos y ellas tiene que ser una prioridad para contrarrestar y dismunuir los efectos a corto y largo plazo de la pandemia. 

 

 

 

 


7 recomendaciones para promover la inclusión de las personas migrantes en las comunidades receptoras a través de actividades sociales y culturales.

Categoria: Pacto Mundial sobre Migración
Autor: Carlos Escobar

La promoción de actividades sociales y culturales como mecanismo para fomentar la interacción entre personas migrantes y comunidades receptoras con el objetivo de avanzar en la construcción de sociedades más justas y pacíficas, es en la actualidad una temática de especial interés dentro de los estudios, políticas y programas sobre inclusión[i] migrante y cohesión social[ii].

Tomando como referencia la Teoría de Contacto Intergrupal (IGCT por sus siglas en inglés), diferentes investigaciones sostienen que la interacción de personas de lugares y contextos diferentes, bajo las circunstancias correctas, favorece la confianza y el cambio de percepciones xenófobas o discriminatorias. De esta manera, acuerdos intergubernamentales[iii] como el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, han integrado esta perspectiva dentro de su cuerpo teórico y conceptual. En particular, el objetivo 16 “Empoderar a los migrantes y las sociedades para lograr la plena inclusión y la cohesión social”, plantea la necesidad de crear centros o programas comunitarios a nivel local para facilitar la participación de las personas migrantes en la sociedad receptora procurando que migrantes, miembros de la comunidad, organizaciones de la diáspora,  asociaciones de migrantes y autoridades locales, participen en el diálogo intercultural, el intercambio de experiencias, los programas de mentoría y la creación de vínculos empresariales que mejoren los resultados de la integración y fomenten el respeto mutuo.

A partir del análisis y revisión de distintas investigaciones, la OIM, en su publicación
The Power of Contact: Designing, Facilitating and Evaluating Social Mixing Activities to Strengthen Migrant Integration and Social Cohesion Between Migrants and Local Communities - A Review of Lessons Learned, propone una serie de recomendaciones, basadas en evidencia empírica, para incentivar la participación de las personas migrantes y las comunidades receptoras en actividades sociales y culturales.

1). Diversión y orientación hacia objetivos

Diseñar e incorporar actividades divertidas y emocionantes conduce a un ambiente más ligero y acogedor para que la gente se conozca, interactúe y cree vínculos sociales. Al mismo tiempo, establecer objetivos comunes, que ninguno de los grupos pueda alcanzar sin la participación del otro (interdependencia cooperativa), hace que las actividades sean más atractivas y participativas.

2). Apreciación mutua

Las personas participantes deben comprender, reconocer y apreciar la cultura, tradiciones e historia, como parte del proceso para salvar las diferencias, maximizando los puntos fuertes de cada uno e identificando aquellos que tienen en común. Es importante que todos los individuos estén en la capacidad de identificar cómo sus contribuciones pueden llegar a tener un impacto positivo en la consecución de los objetivos comunes.

3). Propiedad compartida

La participación de las personas migrantes y de las comunidades locales en todas las fases de las actividades aumentará su participación. Esta apropiación les empodera, eleva su autoestima y abre nuevas oportunidades de responsabilidad y compromiso.

4). Reflexión guiada

Los diálogos y actividades que permiten un cierto grado de reflexión ayudan a crear un ambiente que se percibe como de confianza, amistoso y cálido. Procesar la información y compartir historias personales y sensibles, que pueden evocar recuerdos, son de suma importancia en la medida que estén guiadas y acompañadas cuidadosamente por los (as) facilitadores o los miembros del proyecto.

5). Supervisión y facilitación de confianza

Aquellas personas responsables de las interacciones del grupo, como líderes de equipo, facilitadores, personal de proyectos o planificadores de eventos, deben desempeñar un papel activo en pro de la igualdad dentro las relaciones intergrupales y crear un ambiente inclusivo para todos y todas. Este esfuerzo deliberado es crucial para superar la tendencia natural de las personas participantes a agruparse en función de sus características y estatus más destacados.

6). Intervención sostenida y regular

No hace falta decir que cuanto más frecuente, prolongada e intensiva la participación, mejor será la actitud de cada individuo hacia los demás. Esto significa adoptar un enfoque que replantee el papel de las personas participantes, que a su vez definirán las necesidades de sus comunidades y, finalmente, tomarán parte en el diseño y organización de las intervenciones adecuadas.

7). Apoyo institucional y asociación

El apoyo de instituciones como gobiernos locales, medios de comunicación, agencias gubernamentales y organizaciones intermediarias, es fundamental para promover y facilitar los esfuerzos constructivos para fortalecer las relaciones intergrupales. La coordinación de estas instituciones crea un sistema que puede proporcionar recursos e incentivos para promover y fortalecer y fortalecer las relaciones intergrupales.

Las actividades sociales y culturales, entendidas como una estrategia de intervención programática para facilitar la inclusión de las personas migrantes en las comunidades receptoras, resultan importantes en la medida que ofrecen espacios de interacción no institucionales, en donde a través del contacto humano espontáneo, se construyen vínculos sociales basados en experiencias, historias, emociones y trayectorias de vida de las personas participantes. Esto facilita la generación de confianza entre los individuos, mayores grados de cohesión social y por supuesto, una convivencia pacífica en las comunidades, entendida esta no sólo como la ausencia de conflictos, sino también, como un proceso positivo, dinámico y participativo en el que se promueve el diálogo y se solucionan los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos, a través de la aceptación de las diferencias, la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás. (ONU, 2021).


[i] La inclusión entraña un proceso de adaptación mutua de los migrantes y las comunidades de acogida. El grado de inclusión de los migrantes depende de cada persona en particular y del contexto en que tiene lugar la adaptación. Entre los factores que influyen en el proceso de inclusión de los migrantes figuran sus características demográficas y personales (como la edad, el género, el nivel de instrucción y el conocimiento del idioma), las redes sociales, y la agencia o capacidad de actuación de cada uno (Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020, pág., 204).

[ii] En términos generales, la cohesión social puede definirse a través de las nociones de "solidaridad", "unión", "tolerancia" y "coexistencia armoniosa ". No está necesariamente relacionada con la migración y los inmigrantes, sino que se trata más bien de los lazos que unen a una comunidad a través de la confianza y las normas sociales comunes (Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020, pág., 202).

[iii] La Agenda 2030 también habla de la necesidad de trabajar en la inclusión de las personas migrantes, pero desde una perspectiva jurídica y de participación política, más específicamente en su Objetivo 16: Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas, en sus metas 16.9 y 16.7.