¿Cómo enfocar la comunicación con personas migrantes durante el brote de la COVID-19?

El actual brote por coronavirus COVID-19 es, ante todo, un problema sanitario. Sin embargo, también acarrea consecuencias sin precedentes para la movilidad, pues ha implicado cambios en la gestión de la migración y las fronteras, y en la situación de las personas migrantes.

El personal de OIM está trabajando para responder a esta emergencia de salud pública desde la perspectiva de la movilidad, tomando como referente entre otras cosas la experiencia adquirida en anteriores situaciones de emergencia, como el brote del ébola. La OIM también colabora estrechamente con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Red de las Naciones Unidas sobre Migración para garantizar la integración de las preocupaciones en materia de migración y salud en todo el sistema de Naciones Unidas.

Para garantizar que se tenga en cuenta la movilidad en mensajes de salud pública, y que las personas migrantes y las comunidades móviles tienen acceso a información oportuna, específica del contexto y correcta, los socios de la red de Comunicación de Riesgos y Compromiso con la Comunidad (RCCE por sus siglas en inglés) han planteado una serie de lineamientos:

Mensajes de comunicación adaptados cultural y lingüísticamente: Esto implica suministro de orientación técnica y otras herramientas que garanticen que las personas migrantes estén incluidas en campañas de alcance nacional, regional y global.

Actividades de participación comunitaria: A través de la comunicación con comunidades y retroalimentación a lo largo de corredores de movilidad, puntos de entrada y entre redes de población migrante y móvil, incluyendo las agencias de viaje, tour operadores, empleadores y reclutadores.

Primeros auxilios psicológicos adaptados para pandemias: Es necesario desarrollar la capacidad de los trabajadores de la salud y otros actores, utilizando modelos anteriores desarrollados para brotes como el Ébola.

Información sobre buenas prácticas de higiene: En este tipo de contingencias es vital incorporar las recomendaciones sanitarias a través del desarrollo y difusión de información y materiales de comunicación educativos adaptados a las necesidades de las personas migrantes y las comunidades relacionadas.

Consultas con comunidades y asociaciones comunitarias: Nos referimos a las asociaciones dirigida por mujeres, organizaciones de personas con discapacidad, niñez, estudiantes o redes juveniles…  Fortalecer su participación y alcance comunitario permite mejorar la rendición de cuentas a las poblaciones afectadas.

Prevención y recuperación de la violencia, la discriminación y la xenofobia: Esta debe trabajarse con la participación comunitaria mediante la promoción de mensajes y actividades de cohesión social.

Sensibilización transfronteriza: Se sugiere apoyar este tipo de esfuerzos a nivel comunitario en estrecha coordinación con las autoridades municipales en comunidades fronterizas, así como la capacitación de funcionarios municipales y miembros de la comunidad sobre las medidas de prevención y preparación, utilizando las precauciones médicas y físicas adecuadas.

Repositorio de productos y prácticas para comunicaciones inclusivas para migrantes:  Así como el desarrollo y traducción de mensajes estándar para migrantes sobre medidas recomendadas y derechos de asistencia. En esa línea, desde la oficina regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe se suben constantemente materiales de comunicación referentes a la COVID-19 y población en movimiento, al Hub Regional de Conocimiento sobre Migraciones. Estos materiales son de descarga libre.

Compromiso de autoridades de migración: Por sus características, poderes y alcance, es necesario involucrar y comprometer a las autoridades de migración en las actividades de comunicación contra la COVID-19 en los puntos fronterizos para difundir información, consejos de prevención y consejos sobre cuándo/cómo buscar atención médica para viajeros.

Es posible que a corto plazo y en los países más afectados, las personas migrantes estén expuestas a muchas vulnerabilidades, incluso puede que más que las personas nacionales. Es por esto que trabajar en una comunicación efectiva para minimizar el impacto y fortalecer lazos con población migrante y autoridades y actores cercanos a dicha población, será una línea base necesaria para enfrentar la pandemia.


No es "nosotros contra ellos": por qué es esencial incluir a las personas migrantes en los planes de vacunación contra COVID-19

Categoria: Migration and Health
Autor: Guest Contributor

La COVID-19 ha demostrado que los virus no solo no conocen fronteras, sino que tampoco discriminan en función del estatus migratorio. No tener en cuenta a los migrantes en nuestros esfuerzos de vacunación obstaculizaría la eficacia de estas campañas y dificultaría el fin de la pandemia.

18 de marzo de 2021 - por Jacqueline Weekers y Michele LeVoy

En menos de tres meses, se han administrado más de 360 millones de dosis de vacuna COVID-19 en más de 100 países. El ritmo de la inoculación se acelera día a día y el mundo tiene la esperanza de que la luz al final del túnel COVID-19 esté a la vista.

Pero a medida que los expertos en salud pública, los asesores de políticas y los tomadores de decisiones gubernamentales continúan redactando e implementando sus respectivos planes nacionales de vacunación, existe una gran preocupación de que algunos miembros de comunidades vulnerables puedan ser excluidos de las campañas de vacunación, incluso si se se les incluye en el papel.

EL TEJIDO DE NUESTRAS COMUNIDADES

Algunas de las personas más difíciles de alcanzar y con mayor riesgo de ser excluidas son las personas migrantes, quienes viven, trabajan y contribuyen de manera significativa a nuestras sociedades, y en particular aquellos que tienen un estatus de residencia irregular. Son nuestros conductores de reparto, trabajadores de la construcción, cuidadores, limpiadores, niñeras, cocineras y vendedores ambulantes, que trenzan el tejido de nuestras comunidades. Alguna vez muchos de ellos tuvieron visas o permisos, pero cayeron entre las grietas de nuestros sistemas de inmigración. Pueden ser adultos, niños o personas mayores, y muchos han vivido durante años en el país donde es posible que no puedan obtener una autorización oficial para residir.

La pandemia y las medidas de encierro relacionadas les han hecho la vida infinitamente más difícil a los migrantes en situaciones irregulares, y los han expuesto a nuevos riesgos, especialmente si no tienen hogar o viven en condiciones precarias y estrechas donde el distanciamiento físico es un desafío y el acceso al agua potable es limitado. Algunos perdieron sus trabajos debido a las repercusiones socioeconómicas de la pandemia; otros tuvieron que seguir trabajando -ya sea porque laboran en sectores esenciales o porque no podían permitirse perder un solo día de ingresos- sin la protección adecuada.

Ahora hay pruebas sólidas de que las familias pobres y las minorías étnicas y de otro tipo se han visto afectadas de manera desproporcionada por la pandemia y es más probable que sufran peores consecuencias sobre su salud. Sumado a esto, vivir con un estatus migratorio irregular a menudo significa acceso restringido a los servicios de salud e información, y poca confianza en las autoridades debido a las medidas de control de la inmigración.

FOMENTAR EL DESARROLLO DE POLÍTICAS

En la Unión Europea y en otros lugares, varios países ya han dejado en claro su intención de incluir a las personas migrantes en situación irregular en el despliegue de sus vacunas. Las estrategias de vacunación holandesa y española las mencionan explícitamente. En Francia se ha anunciado que las vacunas serán gratuitas para todos y no se requerirá tarjeta de seguro médico. En Italia se anunció que las vacunas estarán disponibles para cualquier persona que viva en el país, independientemente de su estado de residencia. Los lineamientos en el Reino Unido establecen que las vacunas están disponibles de forma gratuita, incluso para cualquier persona que viva en el país "sin permiso", y que "no se necesitan controles de inmigración" para las personas que buscan servicios de salud relacionados con COVID-19.

Otros países de todo el mundo han tratado de crear entornos propicios, por ejemplo, otorgando temporalmente a todos los migrantes el mismo estatus que los nacionales para los beneficios sociales y de salud, regularizando grupos grandes o impidiendo que las autoridades de salud compartan los datos de los pacientes con las autoridades de inmigración durante el período de respuesta a la pandemia para proteger contra el riesgo de deportación.

Con estos avances políticos alentadores, quedan muchas preguntas sobre los detalles de la implementación. Lo que ya está claro es que para los migrantes en situación irregular que forman parte de los grupos priorizados debido a una mayor vulnerabilidad a la infección, como trabajadores de primera línea, personas con comorbilidades o sin hogar, es fundamental un acercamiento proactivo para informarles sobre sus derechos y cómo acceder la vacuna.

LEVANTAR LAS BARRERAS EN LA PRÁCTICA Y CONSTRUIR CONFIANZA

En febrero, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó una resolución en la que pedía “que los planes nacionales de vacunación contra la COVID-19 incluyan a quienes corren un mayor riesgo de desarrollar síntomas graves de COVID-19 y a los más vulnerables, incluyendo... refugiados, desplazados internos, apátridas, indígenas, migrantes” y otros grupos.

Sin embargo, en la vida diaria, los migrantes, especialmente los que se encuentran en situaciones irregulares, tienden a enfrentarse a una larga lista de barreras que obstaculizan su capacidad para acceder a los servicios de salud. Se les puede exigir que paguen gastos de bolsillo, que estén registrados en un mecanismo de seguridad social o que presenten documentos que no poseen. El idioma es otro factor importante que genera aprensión y limita la comprensión entre los migrantes y los proveedores de servicios de salud.

Es más, los planes de vacunación contra COVID-19 deben considerar que las políticas generalizadas de discriminación y criminalización pueden haber erosionado la confianza que tienen las personas migrantes en las autoridades: con demasiada frecuencia, evitan buscar atención médica por temor - y riesgo real - de enfrentar la aplicación de las leyes de inmigración.

En consecuencia, es fundamental que el despliegue de cualquier vacuna COVID-19 a las personas migrantes en situación irregular se realice en estrecha cooperación y consulta con organizaciones comunitarias confiables que tengan un historial de trabajar con ellos y brindarles servicios, y con la colaboración y participación directa de personas y representantes de estas comunidades. Esto también ayudaría a garantizar que las dudas sobre las vacunas dentro de estos grupos se comprendan y aborden de manera adecuada.

También se deben establecer cortafuegos confiables entre las autoridades de salud y de inmigración, con garantías claras de que cualquier información obtenida de manera informal o formal sobre el estado de residencia de una persona mientras se proporciona la vacuna no se utilizará en su contra para desencadenar procedimientos de inmigración. Es importante destacar que la falta de documentos oficiales no puede ser una barrera para recibir una vacuna.

Todavía hay tiempo para hacerlo bien, aprendiendo de las autoridades nacionales y locales que han dado pasos hacia la equidad y trabajando con los migrantes y las propias comunidades locales.

El éxito de las campañas nacionales de vacunación depende de cuán inclusivas y equitativas sean. Y nuestra capacidad colectiva para salvar tantas vidas como sea posible y reactivar nuestras economías depende de qué tan bien nos aseguremos de que todos los que necesitan la vacuna tengan realmente acceso a ella.