Países de América Central intercambian experiencias sobre retorno voluntario


Date Publish: 
07/17/2018

Ciudad de Panamá – La OIM, en calidad de Organismo de Naciones Unidas para la Migración, organizó  un taller regional de intercambio de experiencias sobre programas de asistencia para el retorno voluntario de personas migrantes en situaciones de vulnerabilidad. La actividad tuvo lugar el 16 y 17 de julio de 2018 en la Ciudad de Panamá y contó con la participación de los países miembros de la Conferencia Regional sobre Migración (CRM).

Según el último informe de la OIM sobre retorno voluntario asistido y reintegración, la OIM brindó asistencia a 72.176 personas migrantes retornadas en el 2017  alrededor del mundo. 3.331 de estas personas fueron identificadas en situación de vulnerabilidad, de las cuales un 48 % tenían necesidades relacionadas a la salud, 34 %  fueron víctimas de trata de personas y un 18 % corresponde a menores no acompañados.

A nivel regional, Mesoamérica es considerada una región de origen, tránsito, destino y retorno de personas migrantes, en donde situaciones de vulnerabilidad asociadas a la migración irregular pueden llevar a las personas migrantes a buscar asistencia para retornar a sus países de origen.

En este contexto, el evento buscó fortalecer las capacidades de los países para una gobernanza migratoria integral que incluya la protección y asistencia a las personas migrantes en situación de vulnerabilidad en todo el proceso migratorio.

Además, este espacio de intercambio permitió conocer el alcance del “Fondo de Reserva para el retorno de migrantes en situación de alta vulnerabilidad” de la CRM, con el cual se han podido beneficiar más de 250 personas desde 2015; y el Fondo de Asistencia y Retorno Voluntario Asistido implementado por la OIM en la región, a través del Programa Mesoamérica que ha brindado asistencia a más de 600 personas migrantes desde el 2010.

“Hemos encontrado como muchos países realizan grandes esfuerzos por asistir a sus nacionales en el exterior para que regresen a su país de origen de forma voluntaria, pero muchas veces se hace de forma aislada y sin compartir sus experiencias con otros países, que podrían fortalecer sus propios mecanismos a partir de estas prácticas y ser más eficaces en su respuesta ante estas situaciones”, señaló Santiago Paz, Jefe de Misión de la OIM en Panamá.

Por su parte,  Nadia Montenegro de Detresno, Directora General encargada de Asuntos Jurídicas y Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Panamá, afirmó que: “Estos intercambios regionales y espacios de diálogo reafirman la voluntad de nuestros gobiernos de implementar y trabajar de manera conjunta para afrontar los diferentes retos y desafíos para una gestión segura y ordenada de la migración. La colaboración y el intercambio de experiencias entre los diferentes Gobiernos, es indispensable para poder lograr actuar eficazmente para la protección de las personas migrantes, al igual que el compromiso y el reto para los países miembros de la CRM, tanto de destino como de origen y tránsito,  en la creación y fortalecimiento de mecanismos y protocolos para proteger a las personas que retornan voluntariamente”.

El taller también contó con la participación de representantes de otros países fuera de la región como Holanda y Colombia, los cuales presentaron sus propias experiencias con el propósito de promover el dialogo e intercambio de experiencias e iniciativas que contribuyan a mejorar la protección de las personas en situación de vulnerabilidad.

Este esfuerzo se realizó con el apoyo del Programa Regional Mesoamérica, el cual busca contribuir al desarrollo e implementación de estrategias para una migración regular, ordenada y segura, asegurando la adecuada protección de los migrantes.

Para más información puede contactar a Khalid Khattabi en la OIM Costa Rica, Tel.: 506 22125328, Email kkhattabi@iom.int.  


¡Es hora de pensar en el acceso universal!

Date Publish: 
22 / 03 / 2019

Ginebra – El éxito de la OIM en el control de la epidemia de tuberculosis (TB por su sigla en inglés) ha superado los objetivos fijados inicialmente y beneficiado a las comunidades de origen y de destino. El nivel de tal éxito ha sido alto y sostenido gracias al diagnóstico precoz, la identificación de los casos activos de la enfermedad, los tratamientos directamente observados (DOT por su sigla en inglés) y a que los cuidados dispensados están enfocados y centrados en el paciente, sin dejar de lado el aspecto migratorio.

En un mundo como el actual, que presenta cada vez más una mayor movilidad e interconexión, con aproximadamente 258 millones de migrantes  internacionales y 760 millones de migrantes internos[1], es necesario reconocer que la migración es un determinante social de la salud que impacta sobre el grado de vulnerabilidad y el bienestar de todas las personas. La migración también afecta muy profundamente las vidas de las familias que se quedan en sus hogares y a las personas en las comunidades de origen, tránsito, y destino de todo el mundo.

A pesar de que existen planes bien establecidos para su diagnóstico y tratamiento, la Tuberculosis sigue siendo una pesada carga en el ámbito de la  salud pública en muchas partes del mundo y la principal causa de muerte provocada por un agente infeccioso único, puesto que se estima que ha habido 10 millones de casos nuevos y aproximadamente 1.300.000 muertes en 2017[2], afectando de manera desproporcionada a las poblaciones marginalizadas y en condición de pobreza,  como pueden ser las personas  migrantes. La prevención de la tuberculosis y los esfuerzos para su control con frecuencia no están enfocados en las vulnerabilidades específicas de las personas migrantes, lo cual lleva a que haya demoras en el diagnóstico y/o una escasa adherencia al tratamiento.

La forma en que muchas personas migrantes viajan, viven y trabajan puede implicar riesgos para su bienestar físico y mental. Muchas trabajan en condiciones peligrosas, difíciles y degradantes, y viven aislados o en lugares precarios. Otras tal vez están retenidas en instalaciones de detención atestadas o viven en campamentos como refugiados o personas desplazadas internamente. Por todo esto puede decirse que las personas migrantes se cuentan entre los grupos vulnerables de personas que más expuestas están a los factores de riesgo asociados a la tuberculosis.

Además, las personas migrantes deben enfrentar obstáculos en el acceso a los servicios de salud debido a  diferencias culturales e idiomáticas o barreras administrativas. Con frecuencia son excluidas de la protección en el ámbito de la salud y consideradas invisibles para los programas de Cobertura Universal de la Salud (UHC por su sigla en inglés). Por ello, deben sacar dinero de sus bolsillos para pagar los servicios de salud que pudieran llegar a necesitar y esto con frecuencia origina gastos catastróficos para el cuidado de la salud y demoras o falencias en tales cuidados.

¡Es hora de incluir a los migrantes!  En todo el mundo en 2018, la OIM realizó más de 376.800 evaluaciones de salud previas a las partidas de migrantes y refugiados y detectó 584 casos activos de tuberculosis, lo cual dicho en otros términos equivale a una tasa de detección de la enfermedad de 155 por cada 100.000 controles de la salud. Los casos activos de tuberculosis fueron confirmados mediante cultivos de esputo o por diagnóstico basados en estudios radiológicos y clínicos. La OIM trabaja junto a los Programas Nacionales de Lucha contra la Tuberculosis y ha asumido el compromiso de ponerle fin  por medio del fortalecimiento de los sistemas de salud que sean capaces de  evaluar  y focalizar sus acciones en  las condiciones y vulnerabilidades específicas de las poblaciones migrantes, tomando en cuenta siempre el aspecto migratorio (ver el video con la historia de Jordania).

Es hora de fijar objetivos ambiciosos para un tratamiento eficaz, lo cual es posible sobre la base de la historia exitosa del Centro de Evaluación de Salud Migratoria de la OIM en  Nairobi, Kenya, en donde las clínicas que ofrecían tratamiento directamente observado sobrepasaron los objetivos planteados inicialmente a través de cuidados integrales, que incluyen la búsqueda  activa de pacientes y apoyo nutricional, asegurando que ni los pacientes ni sus familiares tuvieran que lidiar con los costos catastróficos derivados de la enfermedad, lo cual constituye un elemento clave en el logro del Objetivo 3.8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDGs por su sigla en inglés).

El éxito en la lucha contra la tuberculosis depende de los tratamientos directamente observados y de los cuidados centrados en el paciente que toman en cuenta los aspectos migratorios y se enfocan en  las necesidades específicas  de la persona ysus vulnerabilidades especiales derivadas de su condición de migrante.. El tratamiento de las personas cuyo análisis dio positivo ocupa un lugar central en las evaluaciones de salud llevadas a cabo por la OIM, incluyendo en esto a los refugiados antes de su reasentamiento. De 2010 a 2016, el Centro de Evaluación de Salud Migratoria de la OIM en Nairobi, Kenya, diagnosticó 426 casos activos de tuberculosis, habiendo tratado 363 de tales casos en las clínicas de tratamiento directamente observado de la OIM Kenya, en tanto que los restantes fueron derivados a otros centros para recibir el tratamiento adecuado. Las clínicas con tratamiento directamente observado mostraron altas tasas de éxito en los tratamientos durante ese período oscilando entre el 90 y el 100% de efectividad.

Es hora de cumplir con los compromisos asumidos en materia de lucha contra la Tuberculosis. La experiencia de la OIM nos ha demostrado que el fracaso en el abordaje de las cuestiones de salud migratoria tiene serias consecuencias sobre el bienestar de millones de migrantes y sobre las comunidades de origen, tránsito y destino. Es necesario incluir a las personas  migrantes en las estrategias de prevención y control de la tuberculosis, tanto a nivel mundial como nacional y local, para poder terminar con la epidemia, en consonancia con los objetivos del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular y con la Resolución 70.15 de la Asamblea Mundial de Salud relacionada con Promover la salud de refugiados y migrantes (2017).

Por otra parte, el Plan para poner fin a la Tuberculosis, la Declaración de Moscú y la Declaración de la Reunión de Alto Nivel de la ONU “Unidos para poner fin a la Tuberculosis”  tienen frente a sí una formidable oportunidad:  la de asegurar y comprometerse al más alto nivel para no dejar atrás a ningún migrante y promover la cooperación transfronteriza entre los diversos países a fin de lograr la reducción de la pesada carga que implican la Tuberculosis y el VIH. Jacqueline Weekers, Directora de la División de Salud Migratoria de la OIM dijo que: “Poner fin a la tuberculosis significa atacar los vínculos intrínsecos que existen entre la movilidad poblacional y la tuberculosis, y también reconocer que la Cobertura Universal de Salud será una realidad solamente si los grupos de alto riesgo son tomados en cuenta.”

Para más información por favor contactar a la Sede de la OIM

Carlos Van der Laat, Tel +14227179459, Email: cvanderlaat@iom.int

[1] Indicadores de la Migración Mundial 2018, OIM 2018

[2] Informe Mundial sobre Tuberculosis 2018 de la OMS