Migración: Yendo del campo a la ciudad por elección


Date Publish: 
10/18/2017

Declaración del Director General de la OIM William Lacy Swing en el Día Mundial de la Alimentación, 16 de octubre de 2017

Por primera vez en la historia, vive más gente en ciudades que en áreas rurales.

Cada año millones de personas dejan sus hogares en el campo y migran hacia centros urbanos tanto dentro de sus propios países como fuera. Algunas de estas personas simplemente se desplazan para buscar nuevas oportunidades y mejorar sus vidas. Otras se ven forzadas a huir debido a conflictos o a desastres de inicio lento o repentino, tales como sequías, inundaciones, o aumentos en los niveles de las mareas, los cuales a menudo son exacerbados por el cambio climático y el estrés medioambiental.

Las poblaciones rurales, cuyos medios de subsistencia dependen de la agricultura, son particularmente vulnerables a las presiones que ejerce la migración. Están más expuestas, tienen una mayor dependencia  de los recursos naturales y una habilidad limitada para confrontar los riesgos y manejarlos. No podemos ignorar a las familias que abandonan la azada y recogen las valijas, debido a que año tras año es menos lo que logran obtener de la misma parcela de tierra. Incluso cuando la cosecha es buena, deben luchar para sobrevivir. En este caso bastante común, la migración a las ciudades no constituye una opción verdadera. El impacto de esta migración en el planeamiento urbano debe ser reconocido para que los migrantes y las ciudades puedan desarrollarse y prosperar.

Según se estima, millones de hogares rurales en todo el mundo seguirán siendo afectados por desastres de inicio lento y repentino. Ciudades y pueblos serán un imán para los migrantes y las personas desplazadas, quienes están en riesgo de correr la misma suerte que los pobres urbanos. La clave para luchar contra el desplazamiento es atacar las causas que le dan origen, ayudando a las comunidades rurales a prevenir de la mejor manera y a prepararse para desastres y para otras crisis que pudieran afectarlas, desarrollando medios de subsistencia agrícolas que sean más resilientes. Miles de equipos de la OIM en todo el mundo trabajan para empoderar a las comunidades rurales para que evalúen sus propios riesgos y para que desarrollen sus propias respuestas, adaptadas a su contexto local. Si una organización internacional implementa una medida de reducción de riesgos en una comunidad, seguramente la misma será extremadamente cara y probablemente fracase. Pero si en cambio se empodera a los integrantes de la comunidad para que evalúen, desarrollen y elaboren sus propios programas, lo más probable es que casi siempre terminen teniendo éxito.

Sin embargo, por supuesto, esto solo no detendrá el desplazamiento.

La acción en materia de clima es primordial. El cambio climático está teniendo efectos de amplio alcance en la productividad agrícola y en la seguridad alimentaria. Se encuentra entre las razones principales del número récord de personas que se ven obligadas a migrar desde áreas rurales a ciudades y pueblos en todo el mundo. Más importante aún, el Acuerdo de París reconoce la necesidad de proteger a las poblaciones vulnerables, incluyendo a los migrantes, y establece una fuerza de tareas dedicada a promover estrategias que eviten, minimicen y aborden el desplazamiento relacionado con el cambio climático. Necesitamos integrar de forma sistemática la migración, el cambio climático y la agricultura a los programas de desarrollo rural y de reducción de la pobreza, reducción de riesgos por desastres y planificación de crisis y desarrollar prácticas y políticas en materia agrícola que mejoren la resiliencia frente a la migración inducida por el clima.

¿Pero qué hay de aquellos que no abandonan sus hogares debido a conflictos o desastres y para quienes la migración sigue siendo aún su única opción? La pobreza está forzando a las familias a abandonar sus granjas y sus aldeas. Un desarrollo rural real es clave para un mejor futuro compartido, en donde los jóvenes tengan más oportunidades en sus lugares de origen que las que las ciudades pudieran ofrecerles.

Esto no significa afirmar que la migración no sea beneficiosa. Lo es, y de manera contundente, cuando es bien gestionada y especialmente cuando la misma constituye una estrategia para la reducción de riesgos, adaptación y desarrollo socio-económico. – beneficiando tanto a la comunidad de origen como a la receptora. Las políticas inclusivas son claves para que los migrantes sean más resilientes, y los migrantes más resilientes ayudan a reducir el riesgo  tanto para la comunidad de origen como para la de destino. La planificación urbana proactiva e inclusiva a nivel local y las políticas de gestión de movilidad nacional efectivas son esenciales no solamente para reducir las vulnerabilidades asociadas con el movimiento hacia las ciudades sino también para apuntalar el potencial socio-económico de la migración para el desarrollo de los migrantes y de las sociedades receptoras. Además, las remesas de los migrantes pueden ser una fuerza poderosa para fortalecer la seguridad alimentaria rural y aumentar la inversión socio-económica en los lugares de origen.

Es necesario introducir un cambio vital para que el futuro de la migración sea cabalmente beneficioso para los migrantes y para las comunidades receptoras, es el de asegurar que todos los migrantes – tanto los nacionales como los internacionales- sientan que tienen la elección genuina de quedarse o de irse.

La OIM, el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se encuentran trabajando conjuntamente en pos de este cambio en el futuro de la migración.  A nivel estratégico, esto se enfatiza a través de nuestra inminente co-presidencia del Grupo de Migración Mundial (GMG por su sigla en inglés) en 2018. El mismo reúne a los jefes de las organizaciones internacionales para promover una aplicación más amplia de todos los instrumentos relevantes, regionales e internacionales, y de las normas relativas a la migración, y para incentivar la adopción de enfoques más coherentes, integrales y mejor coordinados respecto de la cuestión de la migración internacional. A nivel operativo la OIM y la FAO colaboran en proyectos relacionados con el fortalecimiento de la resiliencia de las poblaciones vulnerables en áreas rurales frente a los impactos de los peligros naturales, el cambio climático, la seguridad en materia alimentaria y el desplazamiento. Es una cooperación que en mi opinión continuará aumentando y fortaleciéndose ya que la migración sigue siendo una tendencia preponderante en el mundo, la cual tendrá una mayor dimensión debido a los efectos negativos del cambio climático.

Este futuro en el cual estamos trabajando no puede ser distante o de lo contrario no estaremos brindando el servicio a las personas que se espera de parte de la OIM y de la FAO y por el cual se aboga.


¡Es hora de pensar en el acceso universal!

Date Publish: 
22 / 03 / 2019

Ginebra – El éxito de la OIM en el control de la epidemia de tuberculosis (TB por su sigla en inglés) ha superado los objetivos fijados inicialmente y beneficiado a las comunidades de origen y de destino. El nivel de tal éxito ha sido alto y sostenido gracias al diagnóstico precoz, la identificación de los casos activos de la enfermedad, los tratamientos directamente observados (DOT por su sigla en inglés) y a que los cuidados dispensados están enfocados y centrados en el paciente, sin dejar de lado el aspecto migratorio.

En un mundo como el actual, que presenta cada vez más una mayor movilidad e interconexión, con aproximadamente 258 millones de migrantes  internacionales y 760 millones de migrantes internos[1], es necesario reconocer que la migración es un determinante social de la salud que impacta sobre el grado de vulnerabilidad y el bienestar de todas las personas. La migración también afecta muy profundamente las vidas de las familias que se quedan en sus hogares y a las personas en las comunidades de origen, tránsito, y destino de todo el mundo.

A pesar de que existen planes bien establecidos para su diagnóstico y tratamiento, la Tuberculosis sigue siendo una pesada carga en el ámbito de la  salud pública en muchas partes del mundo y la principal causa de muerte provocada por un agente infeccioso único, puesto que se estima que ha habido 10 millones de casos nuevos y aproximadamente 1.300.000 muertes en 2017[2], afectando de manera desproporcionada a las poblaciones marginalizadas y en condición de pobreza,  como pueden ser las personas  migrantes. La prevención de la tuberculosis y los esfuerzos para su control con frecuencia no están enfocados en las vulnerabilidades específicas de las personas migrantes, lo cual lleva a que haya demoras en el diagnóstico y/o una escasa adherencia al tratamiento.

La forma en que muchas personas migrantes viajan, viven y trabajan puede implicar riesgos para su bienestar físico y mental. Muchas trabajan en condiciones peligrosas, difíciles y degradantes, y viven aislados o en lugares precarios. Otras tal vez están retenidas en instalaciones de detención atestadas o viven en campamentos como refugiados o personas desplazadas internamente. Por todo esto puede decirse que las personas migrantes se cuentan entre los grupos vulnerables de personas que más expuestas están a los factores de riesgo asociados a la tuberculosis.

Además, las personas migrantes deben enfrentar obstáculos en el acceso a los servicios de salud debido a  diferencias culturales e idiomáticas o barreras administrativas. Con frecuencia son excluidas de la protección en el ámbito de la salud y consideradas invisibles para los programas de Cobertura Universal de la Salud (UHC por su sigla en inglés). Por ello, deben sacar dinero de sus bolsillos para pagar los servicios de salud que pudieran llegar a necesitar y esto con frecuencia origina gastos catastróficos para el cuidado de la salud y demoras o falencias en tales cuidados.

¡Es hora de incluir a los migrantes!  En todo el mundo en 2018, la OIM realizó más de 376.800 evaluaciones de salud previas a las partidas de migrantes y refugiados y detectó 584 casos activos de tuberculosis, lo cual dicho en otros términos equivale a una tasa de detección de la enfermedad de 155 por cada 100.000 controles de la salud. Los casos activos de tuberculosis fueron confirmados mediante cultivos de esputo o por diagnóstico basados en estudios radiológicos y clínicos. La OIM trabaja junto a los Programas Nacionales de Lucha contra la Tuberculosis y ha asumido el compromiso de ponerle fin  por medio del fortalecimiento de los sistemas de salud que sean capaces de  evaluar  y focalizar sus acciones en  las condiciones y vulnerabilidades específicas de las poblaciones migrantes, tomando en cuenta siempre el aspecto migratorio (ver el video con la historia de Jordania).

Es hora de fijar objetivos ambiciosos para un tratamiento eficaz, lo cual es posible sobre la base de la historia exitosa del Centro de Evaluación de Salud Migratoria de la OIM en  Nairobi, Kenya, en donde las clínicas que ofrecían tratamiento directamente observado sobrepasaron los objetivos planteados inicialmente a través de cuidados integrales, que incluyen la búsqueda  activa de pacientes y apoyo nutricional, asegurando que ni los pacientes ni sus familiares tuvieran que lidiar con los costos catastróficos derivados de la enfermedad, lo cual constituye un elemento clave en el logro del Objetivo 3.8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDGs por su sigla en inglés).

El éxito en la lucha contra la tuberculosis depende de los tratamientos directamente observados y de los cuidados centrados en el paciente que toman en cuenta los aspectos migratorios y se enfocan en  las necesidades específicas  de la persona ysus vulnerabilidades especiales derivadas de su condición de migrante.. El tratamiento de las personas cuyo análisis dio positivo ocupa un lugar central en las evaluaciones de salud llevadas a cabo por la OIM, incluyendo en esto a los refugiados antes de su reasentamiento. De 2010 a 2016, el Centro de Evaluación de Salud Migratoria de la OIM en Nairobi, Kenya, diagnosticó 426 casos activos de tuberculosis, habiendo tratado 363 de tales casos en las clínicas de tratamiento directamente observado de la OIM Kenya, en tanto que los restantes fueron derivados a otros centros para recibir el tratamiento adecuado. Las clínicas con tratamiento directamente observado mostraron altas tasas de éxito en los tratamientos durante ese período oscilando entre el 90 y el 100% de efectividad.

Es hora de cumplir con los compromisos asumidos en materia de lucha contra la Tuberculosis. La experiencia de la OIM nos ha demostrado que el fracaso en el abordaje de las cuestiones de salud migratoria tiene serias consecuencias sobre el bienestar de millones de migrantes y sobre las comunidades de origen, tránsito y destino. Es necesario incluir a las personas  migrantes en las estrategias de prevención y control de la tuberculosis, tanto a nivel mundial como nacional y local, para poder terminar con la epidemia, en consonancia con los objetivos del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular y con la Resolución 70.15 de la Asamblea Mundial de Salud relacionada con Promover la salud de refugiados y migrantes (2017).

Por otra parte, el Plan para poner fin a la Tuberculosis, la Declaración de Moscú y la Declaración de la Reunión de Alto Nivel de la ONU “Unidos para poner fin a la Tuberculosis”  tienen frente a sí una formidable oportunidad:  la de asegurar y comprometerse al más alto nivel para no dejar atrás a ningún migrante y promover la cooperación transfronteriza entre los diversos países a fin de lograr la reducción de la pesada carga que implican la Tuberculosis y el VIH. Jacqueline Weekers, Directora de la División de Salud Migratoria de la OIM dijo que: “Poner fin a la tuberculosis significa atacar los vínculos intrínsecos que existen entre la movilidad poblacional y la tuberculosis, y también reconocer que la Cobertura Universal de Salud será una realidad solamente si los grupos de alto riesgo son tomados en cuenta.”

Para más información por favor contactar a la Sede de la OIM

Carlos Van der Laat, Tel +14227179459, Email: cvanderlaat@iom.int

[1] Indicadores de la Migración Mundial 2018, OIM 2018

[2] Informe Mundial sobre Tuberculosis 2018 de la OMS