Los derechos y salud de las personas refugiadas, migrantes y apátridas deben ser protegidos en la respuesta ante COVID-19

Date Publish: 
03/31/2020

 

Comunicado conjunto de ACNUR, OIM, OACNUDH y OMS

Ginebra - De cara a la crisis por COVID-19, todas las personas somos vulnerables. El virus ha demostrado que no discrimina – pero muchas personas refugiadas, desplazadas forzosamente, apátridas y migrantes enfrentan un riesgo mayor.

Tres cuartas partes de las personas refugiadas en el mundo y muchas migrantes se encuentran en regiones en desarrollo donde los sistemas de salud están ya sobrepasados y subcapacitados. Muchas viven en campos sobrepoblados, asentamientos, refugios improvisados o centros de recepción, donde carecen de un adecuado acceso a los servicios de salud, agua limpia y saneamiento.

La situación de las personas refugiadas y migrantes que se encuentran en lugares de detención formales e informales, en condiciones de hacinamiento e insalubridad, es particularmente preocupante. Considerando las letales consecuencias que un brote de COVID-19 tendría, deberían ser liberadas sin demora. Niños y niñas migrantes y sus familias y aquellas detenidas sin bases legales suficientes deberían ser inmediatamente liberadas.   

Esta enfermedad puede ser controlada sólo si hay un acercamiento inclusivo que proteja todos los derechos a la vida y la salud. Las personas migrantes y refugiadas son desproporcionadamente vulnerables a la exclusión, el estigma y la discriminación, particularmente cuando no tienen documentos. Para prevenir una catástrofe, los gobiernos deben hacer todo lo que puedan para proteger los derechos y la salud de todas las personas. Proteger los derechos y la salud de todas las personas de hecho ayuda a controlar la diseminación del virus.  

Es vital que todo mundo, incluyendo a todas las personas migrantes y refugiadas, tenga asegurado igual acceso a servicios de salud y esté efectivamente incluido en las respuestas nacionales al COVID-19, incluyendo prevención, pruebas y tratamiento. La inclusión ayudará no sólo a proteger los derechos de las personas refugiadas y migrantes, sino también la salud pública y a detener la diseminación global de COVID-19. Si bien muchas naciones protegen y acogen poblaciones de personas migrantes y refugiadas, a menudo no están equipadas para responder a crisis como la que representa el COVID-19. Para asegurar que las personas refugiadas y migrantes tengan un acceso adecuado a los servicios nacionales de salud, los Estados pueden necesitar apoyo financiero adicional. Aquí es cuando las instituciones financieras mundiales pueden jugar un rol de liderazgo poniendo fondos a disposición.

Mientras los países cierran sus fronteras y limitan los movimientos transfronterizos, hay maneras de administrar las restricciones fronterizas de manera tal que se respeten los estándares internacionales de derechos humanos y de protección de personas refugiadas, incluyendo el principio de no devolución, a través de cuarentenas y revisiones de salud.

Más que nunca, y dado que el COVID-19 plantea una amenaza global a nuestra humanidad en colectivo, nuestro foco principal debería ser la preservación de la vida, independientemente del estatus. Esta crisis demanda un acercamiento coherente, efectivo e internacional que no deje a nadie atrás. En este momento crucial, necesitamos unirnos alrededor de un objetivo común, luchar contra este letal virus. Muchas personas refugiadas, desplazadas, apátridas y migrantes cuentan con habilidades y recursos que también pueden ser parte de la solución.

No podemos permitir que el miedo o la intolerancia socave los derechos o comprometa la efectividad de las respuestas ante la pandemia global. Estamos en esto juntos, juntas. Sólo podremos derrotar este virus si cada uno de nosotros y de nosotras está protegido y protegida.

 

Para más información contacte a:

IOM: Leonard Doyle Director, Media and Communication Division Spokesperson of the Director General. +41 22 717 95 89, Email: ldoyle@iom.int or media@iom.int 

OHCHR: Rupert Colville, +41 22 917 97 67, rcolville@ohchr.org 
 
UNHCR: Cecile Pouilly, + 41 79 108 26 25, pouilly@unhcr.org 
 
WHO: Tarik Jašarević, +41 793 676 214, jasarevict@who.int 

 

Tags: 
covid19, covid, coronavirus, salud, agencias

Día Mundial contra la Trata de Personas 2020

Date Publish: 
30 / 07 / 2020

António Vitorino

Director General de la Organización Internacional para las Migraciones

 

Día Mundial contra la Trata de Personas

 30 de julio de 2020

 

Este año conmemoramos el vigésimo aniversario de la adopción de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y su histórico Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños.

Al mismo tiempo, nos encontramos a mitad de un año muy difícil, dado que los retos planteados por la actual pandemia tienen graves repercusiones para los migrantes, y aumentan la vulnerabilidad de un conjunto más amplio de poblaciones a la trata y a la explotación.

La OIM estaba implementando intervenciones contra la trata de personas en observancia de los principios de derechos humanos, mucho antes de que el Protocolo nos proporcionara los parametros claros y definidos que hoy conocemos.

Asimismo, nuestras intervenciones han evolucionado con el tiempo a medida que nuevas formas de trata han emergido.

Hemos aprendido, al igual que los gobiernos, que es imperativo colaborar con el sector privado, organizaciones sindicales, auditores de las cadenas de suministro y agencias de reclutamiento para establecer prácticas que reduzcan los riesgos de trata y explotación.

A medida que nos embarcamos en una nueva década, el mundo es confrontado quizás con su más grande desafío en la lucha contra la trata- el de una pandemia, que además ha traído severas restricciones a la movilidad, afectado medios de subsistencia, y limitado el acceso a personas vulnerables.

COVID-19 ha traído consigo un impacto devastador a la seguridad del hogar y la salud  de billones de personas en todo el mundo, lo que inevitablemente incrementa la vulnerabilidad y el riesgo de explotación, así sea buscadores de empleo aceptando viajes peligrosos, familias dependiendo de trabajo infantil para sobrevivir, o del casamiento de sus hijas menores en un intento desesperado de aliviar la presión económica.

Ahora, como siempre hemos hecho, la comunidad anti-trata debe evolucionar y adaptarse a esta nueva crisis, encontrando formas innovativas de identificar tendencias, de examinar vulnerbailidades, para apoyar a los Estados y a la vez promover los derechos humanos y la prevención del abuso, y para buscar opciones seguras y viables para quienes permanezcan en movimiento. Avancemos en esta dirección juntos, ya que unidos somos más fuertes!

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