Remesas en el Caribe: "más que solo dinero"

Remesas en el Caribe: "más que solo dinero"
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El Caribe es una región de origen, tránsito y destino de flujos migratorios extra-regionales e intrarregionales, y experimenta casos considerables de migración de retorno. La migración ha moldeado constantemente la historia de esta región.

Es importante enfatizar la heterogeneidad de la región que se refleja en la composición de las islas grandes y pequeñas, así como en los países continentales ubicados en América del Sur (Surinam y Guyana) y América Central (Belice). Debido a su enorme diversidad geográfica, histórica, cultural, demográfica y socioeconómica, el Caribe es una región desafiante para estudiar en cuanto a la migración y las remesas.

Los países del Caribe son principalmente receptores de remesas. La República Dominicana recibe la mayoría de las remesas por un estimado de: USD 4,65 mil millones en total en 2014; luego Jamaica, recibe USD 2.26 billones, seguido por Haití (USD 1.9 billones). Estados Unidos es la principal fuente de remesas, mientras que en Europa, España (23%) e Italia (21%) son las principales fuentes europeas de remesas que se dirigen a América Latina y el Caribe (Estudio del Banco Mundial, Informe 24, 2015) -  siendo República Dominicana el receptor principal de la región del Caribe.

Por ejemplo, en Haití, el país caribeño más dependiente de las remesas, el Banco Mundial concluyó en 2014 que el 21.1% de su PIB se derivaba de las remesas. Las estimaciones sugieren que el número total de haitianos en la diáspora varió de 1,5 a 4 millones y la investigación llevada a cabo por el Observatorio ACP sobre Migración mostró que las familias haitianas que dependen de las remesas pueden caer fácilmente en la pobreza cuando estos flujos se interrumpen.

En cuanto a Jamaica, el país ha dependido de la mano de obra emigrante y sigue siendo un país de emigración, en 2013 tenía una población oficial de 1.098 millones de personas. Según los datos del Banco Mundial de 2014, Jamaica recibió alrededor de USD 2.264 millones en remesas, en su mayoría enviadas desde los Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá. Esto representa el 15% del PIB de Jamaica, lo que convierte a Jamaica en uno de los países más dependientes de las remesas.

Del mismo modo, en Guyana las remesas son importantes: un total de 314 millones de USD en 2014, que constituyen el 11% del PIB de Guyana. El 87% se envía desde EE. UU. y Canadá. El resto se envía desde el Reino Unido y otras naciones del Caribe como Surinam.

Según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), "Migración y desarrollo: el caso de América Latina", existen diferentes incentivos para el envío de remesas, como el altruismo, la solidaridad, el interés propio (ahorro), el pago de deudas y la diversificación de los ingresos y la seguridad del hogar. Algunas otras investigaciones llevadas a cabo en los países de América Central y el Caribe, han demostrado que el 72% de las remesas se utilizan para cubrir los costos diarios, 7% en ahorros, 6% en educación y 1,8% para la adquisición de viviendas.

Las remesas monetarias tienen un impacto directo en la estructura socioeconómica y de empleo en la región caribeña. De hecho, a nivel macroeconómico, pueden generar dependencia para las familias del Caribe y probablemente, y de manera parcial, compensar la "fuga de cerebros" causada por la emigración masiva de profesionales calificados. Por esta razón, es crucial para esta región desarrollar políticas encaminadas a potenciar el impacto positivo que las remesas pueden generar en el desarrollo.

Remesas sociales

Los estudios empíricos han demostrado que las remesas, aunque pueden proporcionar un apoyo importante a los medios de subsistencia locales, no son la solución definitiva para el desarrollo. Pueden complementar la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), la Inversión Extranjera Directa (IED) y las políticas de desarrollo, pero no pueden reemplazarlas. En la región del Caribe, el impacto de las remesas en el desarrollo humano también depende del ambiente político, económico y legal propicio, los patrones de migración y las situaciones individuales.

Además de las remesas financieras, las "remesas sociales" pueden ser transferidas. El concepto de "remesas sociales" se refiere a las ideas, normas, prácticas, identidades y capital social que fluye tanto a las comunidades de origen como de destino. Los migrantes de diferentes países pueden traer consigo remesas sociales que dan forma a su capacidad de desarrollar relaciones sociales e integración en sus países receptores, como se observó entre un vecindario de Boston y la República Dominicana.

Estas transferencias intangibles de los migrantes incluyen nuevas formas de música, mejores prácticas de higiene, habilidades lingüísticas y nuevas ideas sobre la igualdad de género y los derechos humanos, entre otras contribuciones, en el país receptor. Las remesas sociales se aprecian cuando las personas están expuestas a diferentes valores y comportamientos. Por ejemplo, a través del intercambio de información y conocimiento en la industria de la tecnología, las nuevas ideas y habilidades pueden circular hacia la comunidad receptora para mejorar el negocio "en casa". Lo mismo podría suceder para muchos otros sectores profesionales.

Sin embargo, ciertas investigaciones sugieren que no todas las ideas y prácticas se reciben de manera positiva. Este parece ser el caso de las comunidades rurales donde los individuos o los líderes comunitarios no están preparados para aceptar diferentes valores o patrones de consumo diferentes al suyo. Las remesas sociales a menudo se mencionan como un importante contribuyente al desarrollo local, pero pocos son los casos que ilustran esta afirmación. Se necesitarán trabajos de campo más exhaustivos en investigación cualitativa con las comunidades y hogares del Caribe que presentan un alto número de migrantes retornados para obtener más información sobre el verdadero potencial de las remesas sociales.

El impacto de las remesas monetarias y "sociales" es real en todo el mundo, y los países del Caribe obviamente no son una excepción a esa regla. En los últimos años, la comunidad internacional ha reconocido que las remesas son una fuente vital de apoyo para cientos de millones de personas en todo el mundo, esto dio lugar a la creación del Día Internacional de Remesas Familiares (IDFR por su sigla en inglés - celebrado cada año el 16 de junio) por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA por su sigla en inglés). El primer IDFR se celebró en 2015 en la apertura del Quinto Foro Global sobre Remesas y Desarrollo en Milán, que reunió a más de 400 legisladores, representantes del sector privado y líderes de la sociedad civil de todo el mundo.

Para obtener más información sobre los impactos de la migración en el Caribe, lo invitamos a leer el Cuadernillo de trabajo I de la OIM sobre "La migración en el Caribe: tendencias actuales, oportunidades y desafíos".

 

Sobre el autor:

Gustavo Segura es consultor de la Oficina Regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe. Es comunicador y politólogo de la Universidad Lumière Lyon 2, y posee una Maestría en Relaciones Internacionales con enfoque en Cooperación Internacional y América Latina de la Universidad Sorbonne Nouvelle Paris 3. 


Volver a casa puede ser más difícil que irse: los desafíos psicosociales de ser una persona retornada

Categoria: Migración y Salud
Autor: Autor Invitado

Según la definición de la OIM, la reintegración es la reinclusión o reincorporación de una persona a un grupo o a un proceso, por ejemplo de un migrante en la sociedad de su país de origen. La reintegración es, por lo tanto, un proceso que permite al retornado participar nuevamente en la vida social, cultural, económica y política de su país de origen.

Todos los migrantes se enfrentan a los desafíos de adaptarse a las nuevas sociedades de acogida, y la identidad está en el centro de este proceso de adaptación. La experiencia de migración afecta tres aspectos de la identidad de una persona: 1) cómo es percibida por los demás; 2) factores sociales interiorizados, tales como roles y expectativas sociales relacionadas con el género, la cultura y las tradiciones; y 3) cómo la persona finalmente se ve a sí misma en términos de individualidad. Las personas retornados experimentan estos desafíos a su identidad, no solo durante el tránsito y al llegar a su destino, sino también durante el proceso de retorno y adaptación a sus comunidades de origen.

Cuando un migrante regresa a su país de origen, el proceso de reintegración estará determinado por factores tales como el tiempo que pasó en el extranjero, la cantidad de tiempo que la persona migrante había pensado que iba a ausentarse, la medida en que retuvo sus conexiones con la familia y las redes sociales en el país de origen, la medida en que se había integrado en el país anfitrión, y otros factores más estructurales como la vivienda adecuada y el empleo seguro. Muchos otros factores como estos afectan el proceso de reintegración al regresar al país de origen.

Sin embargo, la adaptación no solo trae consigo consecuencias negativas. Durante el proceso de migración, las personas aprenden y adoptan nuevas habilidades, experiencias y normas que moldean y enriquecen sus vidas. Esto también significa que su identidad cambia, muchas veces haciendo malabarismos con las identidades transnacionales que combinan partes de lo que solían ser y lo que son ahora, después de su experiencia migratoria. Todos estos factores dificultan que los migrantes retornados se adapten a su comunidad de origen, ya que existe una ruptura entre quiénes son ahora y quiénes se espera que sean según las personas que los conocieron antes de emigrar. En este sentido, la exclusión social es un gran riesgo para el bienestar emocional de los migrantes que regresan, ya que se asocia con consecuencias psicológicas negativas, como la depresión y la ansiedad, y puede afectar negativamente sus medios de vida y la sostenibilidad de su retorno.

Los retornados también deben hacer frente a una estructura de apoyo modificada en su comunidad de retorno. Las redes familiares y sociales de un retornado a menudo cambian mientras la persona migrante está en el extranjero, especialmente después de largos períodos. También es común que las personas pierdan su sentido de pertenencia, lo cual dificulta su adaptación. Por lo tanto, los retornados a menudo necesitan reconstruir sus redes, que son esenciales para el capital social, la información, las redes de seguridad y el acceso al mercado laboral.

Los niños y adolescentes migrantes también enfrentan desafíos específicos para regresar a países en los que nunca han vivido o no recuerdan después de años de vivir en el extranjero, por ejemplo, no estar familiarizados con el idioma y la cultura, y no tener redes de apoyo.

Otro factor importante es la forma en que los retornados a menudo son percibidos cuando regresan. Muchos retornados, independientemente de si regresaron voluntariamente o no a sus países de origen, experimentan discriminación a su regreso, o son estigmatizados erróneamente como delincuentes deportados, lo que dificulta su reintegración. El retorno también puede verse como un fracaso, especialmente al no volver con el dinero o ganancias que se esperaban.

Estos desafíos pueden llevar a sentimientos de frustración, inquietud, vergüenza y miedo, causando ansiedad y estrés en los migrantes que regresan. Estas consecuencias psicológicas comunes afectan negativamente su capacidad para enfrentar otros desafíos importantes del proceso de reintegración, como encontrar un trabajo. Los retornados que tienen acceso a soporte psicosocial probablemente tengan un tiempo más fácil para sobrellevar los impactos del retorno, tanto antes como después del retorno real. Esto es especialmente importante para los migrantes que forman parte de grupos vulnerables o que han sido víctimas de violencia.

Una parte esencial del enfoque de Retorno voluntario asistido y reintegración (AVRR por sus siglas en inglés) de la OIM es la sostenibilidad. La reintegración puede considerarse sostenible cuando los retornados alcanzan niveles de autosuficiencia económica, estabilidad social dentro de sus comunidades y bienestar psicosocial, lo que les permite hacer frente a los impulsores de la (re) migración. Una vez lograda la reintegración sostenible, los retornados pueden tomar decisiones de migración adicionales basadas en elección en vez de necesidad.

De acuerdo con el Marco AVRR, la reintegración sostenible se puede facilitar cuando las necesidades se abordan en 3 niveles diferentes: individual, comunitario y estructural. Esto significa que, en el caso de apoyo psicosocial, se deben implementar diferentes actividades en diferentes niveles. Algunos ejemplos incluyen la provisión de información acerca de los servicios disponibles para ellos, la mediación familiar y el apoyo grupal, sesiones de asesoramiento cuando el sufrimiento emocional es evidente y referencias a atención especializada de salud mental cuando sea necesario; el fortalecimiento de la capacidad técnica de socios gubernamentales, no gubernamentales y de la sociedad civil identificados a nivel estructural también es relevante para garantizar que los migrantes que regresan tengan fácil acceso a servicios sociales y de salud que facilitarán su reintegración.

Los gobiernos, las organizaciones y otrros actores deben centrarse en desarrollar programas de reintegración que respondan a las necesidades de estas poblaciones, mientras apoyan a los retornados para que puedan vivir sus vidas en su máximo potencial y tengan vínculos sanos y duraderos con sus comunidades, contribuyendo así al bienestar y crecimiento individual y colectivo.