¿Qué se ha hecho para ayudar a las personas migrantes durante la COVID-19?

¿Qué se ha hecho para ayudar a las personas migrantes durante la COVID-19?

El brote actual de COVID-19 es, ante todo, un problema de salud. Sin embargo, también está teniendo un impacto sin precedentes en la movilidad, tanto en gestión de fronteras y migración, como en la situación de todas las personas en movimiento. Epidemias anteriores, como la de Ébola, han brindado experiencia y conocimiento sobre cómo abordar la crisis. Sin embargo ha sido necesario recurrir a la coordinación entre actores de todo tipo, el cercano seguimiento de los avances médicos e incluso a la creatividad para abordar una situación de magnitud mundial como la que enfrentamos.

Durante la crisis sanitaria de la COVID-19, las personas migrantes se han visto afectadas de maneras diferenciada, sobre todo quienes aquellas con estatus migratorio irregular, o quienes pertenecen a grupos más vulnerables, como mujeres y población LGBTIQ+, entre otros.

Entre las problemáticas que ha tenido que enfrentar la población migrante durante la pandemia se encuentra el impacto económico, pues existe un porcentaje particularmente alto de migrantes en ocupaciones expuestas a la pérdida de empleos a raíz de la COVID-19. Por esto mismo se proyecta una caída en las remesas internacionales, mismas que muchas veces representan hasta el 60% de los ingresos de las familias en los países de origen.

Por otro lado, las restricciones de movilidad tanto al interior de los países como transfronterizas, si bien son necesarias en el contexto actual, han dejado a muchas personas migrantes varadas, y más expuestas a la trata de personas e incluso sin posibilidad de acceder a la posibilidad de solicitar asilo.

Otros retos específicos que enfrenta la población migrante durante la pandemia incluyen la falta de acceso a servicios básicos, como la salud, así como a elementos que les ayudan a cumplir con las medidas solicitadas durante la pandemia, como el distanciamiento físico en los albergues. Además, la desinformación sobre las causas y características de la pandemia ha llevado a situaciones xenofóbicas contra las personas migrantes, quienes muchas veces han sido y continúan siendo utilizados como chivos expiatorios. La versión ampliada de estos y otros desafíos puede ser consultada en este link.

 

Respuesta a las necesidades de las personas migrantes

Organizaciones de cooperación internacional, ONG y estados se han involucrado en la protección y asistencia de población migrantes. Como la organización de las Naciones Unidas especializada en migración, la respuesta estratégica de la OIM se ha centrado en apoyar a las personas migrantes más vulnerables y en desarrollar capacidades operativas para abordar las dimensiones de movilidad de esta pandemia. En la región ce Centroamérica, Norteamérica y el Caribe, estas acciones incluyen:

  • Información para la población migrante: Diversas misiones de la OIM están difundiendo información que contribuye a prevención de la COVID-19 entre la población migrante, siguiendo las pautas de los respectivos nacionales gobiernos y en coordinación con la OPS / OMS, y traduciendo esta información a los idiomas propios de las poblaciones migrantes.
  • Fortalecimiento de los albergues: Se han entregado alimentos, kits de higiene personal y de limpieza para las instalaciones, así como mobiliario (sillas, mesas, ventiladores, etc.). también se han creado o fortalecido las capacidades de estos albergues para aislar los casos sospechosos de COVID-19.
  • Ayuda directa a personas migrantes: Se ha brindado ayuda directamente a las personas migrantes que no están alojadas en albergues. Esta ayuda se ha dado a través de entrega de elementos como cocinas, kits de higiene personal y del hogar, e incluso intervenciones basadas en efectivo.
  • Retorno Voluntario Asistido: Si bien en algún momento ciertos países pausaron toda movilización internacional, en cuando se reestableció la posibilidad de efectuar retornos voluntarios asistidos, la OIM facilitó los mismos desde México a Honduras y El Salvador, y desde Haití a la República Dominicana.
  • Algunas acciones notables incluyen la intervención de puestos fronterizos para convertirlos en puntos de entrada seguros en Haití, el transporte seguro a sus hogares de personas migrantes retornadas en Honduras, y la configuración de un hotel filtro en México.

La OIM hace hincapié en la necesidad de enfoques inclusivos para las personas migrantes en la respuesta a la COVID-19, así como en el abordaje de las necesidades y vulnerabilidades particulares de dicha población, independientemente de su estatus migratorio y en el espíritu que comprende la cobertura universal de la salud. La lucha contra la pandemia no se puede ganar sin incluir a la población migrante.


¿Cómo afectará la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?

¿Cómo afectara la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?
Categoria: Gobernanza Migratoria
Autor: Laura Thompson

 

No hay duda alguna que la actual pandemia tiene un impacto humanitario, social y económico amplio a corto, mediano y largo plazo, que a su vez puede afectar o retrasar la consecución de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a diferentes niveles y de diversas maneras. 

El impacto más evidente, obviamente, es sobre el Objetivo 3, el cual busca garantizar una vida saludable y promover el bienestar. La pandemia ha puesto presiones enormes en los sistemas de salud no sólo con relación al tratamiento y la gestión del virus, sino que además afecta la capacidad de atender a pacientes que tengan otras enfermedades y aumenta el riesgo de complicaciones en poblaciones con estados de salud comprometidos. La pandemia ha puesto mayor visibilidad en la importancia del acceso universal a los sistemas de salud independientemente de la condición migratoria de las personas. Sin embargo, la pandemia también tendrá implicaciones en otros aspectos de la Agenda 2030.

 

Impactos más allá de la salud

La COVID-19 también está impactando negativamente la situación laboral, económica y social de muchos hogares del mundo entero, y sobre su capacidad para enfrentar sus necesidades, inclusive las más básicas.  La crisis económica que los países de la región están enfrentando y el creciente desempleo será determinante en este sentido, puesto que más allá de la pandemia, América Latina y el Caribe cerraron el año 2019 con un 8,1% de desempleo, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo. Y según proyecciones de la CEPAL, la desocupación laboral subirá a  un 11,5% en la misma región, producto de la contracción de la actividad económica por la COVID-19.

El desempleo y la pérdida de poder adquisitivo afecta de manera más acentuada a las poblaciones migrantes, ya que ellas están, con mucha frecuencia, empleadas en el sector informal de la economía y tienen condiciones laborales contractuales más precarias, particularmente las mujeres trabajadoras migrantes.  En el caso de Latinoamérica y el Caribe el trabajo informa ronda el 50% del total de personas empleadas. El aumento del desempleo impactará el alcance del Objetivo 8 (sobre el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos), pero también del Objetivo 1 (la lucha contra la pobreza), el Objetivo 2 (la erradicación del hambre, la seguridad alimentaria y una mejor nutrición), el Objetivo 5 (la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y niñas), y las metas 5.2, 8.7 y 16.2, sobre la trata y la explotación de personas. La CEPAL recalca además que América Latina y el Caribe sufre ya una caída del -5.3% del PIB, la peor de toda su historia.

Asimismo, esta pandemia podría acentuar las desigualdades existentes en las sociedades, así como las vulnerabilidades de ciertos grupos poblacionales, y por consiguiente retrasar el alcance del Objetivo 10, que busca reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos. En ese contexto, las personas migrantes son uno de esos grupos vulnerables que se han visto afectados de manera particular por la pandemia y que a menudo son dejados de lado u olvidados en los planes de protección social y de relanzamiento económico, o tienen acceso limitado a ellos, ya sea por barreras de idioma o por su estatus migratorio. Todo ello a pesar de la enorme contribución que los trabajadores migrantes hacen al funcionamiento de los servicios básicos esenciales en muchos países, como se ha puesto en evidencia durante esta crisis.

Adicionalmente se proyecta una disminución en el monto de las remesas internacionales que, según el Banco Mundial, se reducirían entre un 10% y un 19.3% para el 2020. Las remesas son un componente fundamental en la economía de algunos países de la región, donde pueden a llegar a significar entre el 5% y el 20% del Producto Interno Bruto nacional. Una reducción importante en las remesas pondría en peligro la capacidad de muchos hogares en esos países de llenar sus necesidades más básicas y su capacidad de invertir en el mejoramiento de la nutrición, la educación y la reducción del trabajo infantil, entre otros, acentuando aún más las desigualdades existentes.

Finalmente, a nivel estatal, debido la desaceleración económica que estamos viviendo y las necesidades urgentes en materia de salud, es muy posible que haya una disminución del gasto social o una reorientación de los recursos disponibles potencialmente en detrimento de la visión más integral contenida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, afectando de nuevo el alcance de objetivos transversales de la Agenda 2030.

 

Recuperación y ODS: el mismo camino

Pero esto no nos debe llevar al pesimismo y a pensar que hemos perdido la lucha para alcanzar los ODS. Al contrario, en este momento es esencial trabajar juntos y con fuerza para identificar las dificultades adicionales que la actual pandemia presenta para la consecución de la Agenda 2030. Debemos redoblar nuestro compromiso y nuestros esfuerzos para asegurar que el impacto de la pandemia sea incorporado en los planes nacionales y en la asistencia internacional, así como que las diferentes realidades y vulnerabilidades de algunos grupos específicos sean incorporadas.

Para esto debemos trabajar desde ahora en asegurar la atención universal de los sistemas de salud y educación; en la reducción de los costos de transferencia de las remesas (tema incluido en el Objetivo 10), como está haciendo ya El Salvador, crear ciudades más resilientes e inclusivas en línea con el Objetivo 11 o fortalecer formas de migración regular para los trabajadores migrantes y condiciones de trabajo decente (Objetivo 8).

El momento es ahora: todas las organizaciones, gobiernos y personas tenemos un papel importante en asegurar que los esfuerzos para que nuestra región latinoamericana y el mundo se recuperen de los graves efectos de la pandemia de COVID-19 se alineen con la Agenda 2030 y nos aseguremos de no dejar a nadie atrás.