¿Por qué el riesgo de contraer tuberculosis es mayor para quién migra?

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A pesar de ser curable, la tuberculosis es actualmente la enfermedad infecciosa que causa más muertes en el mundo, siendo responsable de alrededor de 1,5 millones de muertes al año. Si bien su incidencia en Centroamérica, Norteamérica y el Caribe no es alta, se presenta mayoritariamente en comunidades y poblaciones con altos niveles de pobreza y limitado acceso a servicios básicos.

A lo largo del ciclo migratorio, la etapa de tránsito es en la que se evidencian más amenazas para la salud directamente relacionadas con la movilidad, especialmente si se trata de personas que se encuentran en condición migratoria irregular. La falta de alojamiento adecuado, la ingesta de alimentos y bebidas contaminadas o insuficientes y el uso de medios de transporte hacinados e inseguros aumentan el riesgo de sufrir deterioros generales de salud y de contraer enfermedades infecciosas como la tuberculosis (TB). 

La TB se transmite fácilmente por medio de la tos, estornudos, hablar o escupir, por lo que el riesgo aumenta para las personas migrantes que se alojan en albergues o centros de detención hacinados y con poca ventilación. La falta de detección de la TB durante los procesos de repatriación implica también un riesgo aumentado para las personas que, en el trayecto deben pasar horas en un autobús con personas que podrían estar infectadas.

Así mismo, la movilidad y/o condición migratoria trae consigo barreras para acceder a tratamientos efectivos contra la TB, así como dificultades para que las personas migrantes puedan cumplir con las indicaciones correspondientes, lo que aumenta el riesgo de desarrollar tuberculosis resistente a los medicamentos y desarrollar consecuencias mucho más serias para la salud.

Adicionalmente, se ha observado que durante la etapa de tránsito las personas migrantes no cuentan con información pertinente y contextualizada sobre su salud, higiene y maneras de prevenir enfermedades, incluyendo la TB. Se suma el limitado acceso al agua potable y saneamiento, así como a servicios de salud de calidad, oportunos y con apropiación cultural y lingüística.

Entre las acciones prioritarias en la lucha contra la TB, se encuentran:

  1. Mejorar el acceso a servicios de salud oportunos, incluyendo el diagnóstico temprano y el tratamiento efectivo y continuo contra la TB;
  2. Enfocarse en las poblaciones migrantes más vulnerables a la TB y;
  3. Crear soluciones y herramientas innovadoras y sostenibles para incorporar la variable migratoria en las acciones globales contra la TB. 

Partiendo del derecho a la salud, la OIM promueve el acceso pleno e ininterrumpido a atención sanitaria de calidad, sin discriminación por motivos de sexo, edad, religión, nacionalidad, cultura o condición migratoria.

Con el fin de velar por la inclusión de las necesidades de las poblaciones migrantes y móviles en la lucha contra la TB, la OIM se ha unido a la estrategia global “Alto a la Tuberculosis”, en la que también participan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros socios clave. Así mismo, con apoyo financiero de la STOP TB Partnership, la OIM lanzó el primer portal dedicado a la TB y migración: “The Knowledge Platform on Tuberculosis and Migration” ; cuyo objetivo es brindar a los socios la posibilidad de compartir y acceder a información, investigación y conocimiento sobre TB y su relación con la migración. Hoy, en el Día Mundial de la Tuberculosis (24 de marzo), los invitamos a unirse a los esfuerzos para aumentar la conciencia pública sobre una de las enfermedades más mortales del mundo.

 

 

   Sobre la autora:

Karen Carpio es Asistente Senior de Proyecto en la Unidad de Salud y Migración de OIM para las Américas. Es licenciada en psicología por la Universidad de Costa Rica y máster en Salud Pública por el École des Hautes Études en Santé Publique de Francia. Se especializa  en gestión de políticas y programas de salud mental con experiencia como consultora para la Organización Panamericana de Salud y como investigadora para el Programa en Salud Mental Global de ICAHN School of Medicine en New York y para la Universidad Estatal a Distancia   en Costa Rica. 

 


Fortaleza en la diversidad: cómo la inclusión contribuye a la reducción del riesgo de desastres

Fortaleza en la diversidad: cómo la inclusión contribuye a la reducción del riesgo de desastres
Categoria: Emergencias y Acción Humanitaria
Autor: Autor Invitado

Los desastres debidos a peligros naturales tienen un alto costo para el bienestar y la seguridad de las personas, comunidades y países. Estos desastres tienden a verse exacerbados por el cambio climático y están aumentando en frecuencia e intensidad, lo que impide significativamente el progreso hacia el desarrollo sostenible, especialmente para los países más expuestos.

Es fundamental anticipar, planificar y reducir el riesgo de desastres para proteger de manera más efectiva a las personas, comunidades y países, sus medios de vida, salud, patrimonio cultural, activos socioeconómicos y ecosistemas, y así fortalecer su resiliencia.

Según un estudio reciente de la OIM sobre movilidad humana y la agenda climática en las Américas, los países de la región han avanzado en la integración de la movilidad humana en las políticas y planes nacionales y regionales para la reducción del riesgo de desastres, así como en otras áreas relacionadas, como cambio climático, planificación del desarrollo, política agrícola y vivienda.

Sin embargo, en muchos casos, las poblaciones más vulnerables son excluidas de contribuir a las políticas y planes de gestión del riesgo de desastres, sufriendo así de manera más desproporcionada cuando éstos ocurren.

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, que establece una serie de principios rectores para los Estados y otras partes interesadas en la reducción del riesgo de desastres, subraya la importancia de la gestión inclusiva en la reducción del riesgo de desastres: "Tiene que haber un enfoque preventivo del riesgo de desastres más amplio y más centrado en las personas. Las prácticas de reducción del riesgo de desastres deben contemplar amenazas múltiples y ser multisectoriales, inclusivas y accesibles para que sean eficientes y eficaces.”

Si bien los gobiernos tienen un papel principal y reglamentario que desempeñar, deben involucrarse con diferentes grupos, incluidos mujeres, niños, niñas y adolescentes, personas con discapacidad, personas migrantes, pueblos indígenas y otras comunidades a la hora de diseñar e implementar políticas, planes y estándares.

El marco señala las siguientes oportunidades:

  • Las personas migrantes contribuyen a la resiliencia de las comunidades y sociedades y sus conocimientos, aptitudes y capacidades pueden ser de utilidad en el diseño y la aplicación de las medidas de reducción del riesgo de desastres;
  • Las personas con discapacidad y sus organizaciones son fundamentales para evaluar el riesgo de desastres y para diseñar y poner en práctica planes adaptados a requisitos específicos, teniendo en consideración, entre otras cosas, los principios del diseño universal;
  • Los niños, niñas y adolescentes son agentes de cambio y se les debe facilitar el espacio y las modalidades para contribuir a la reducción del riesgo de desastres
  • La participación de las mujeres es fundamental para gestionar eficazmente el riesgo de desastres, así como para diseñar, dotar de recursos y poner en práctica políticas, planes y programas de reducción del riesgo de desastres con perspectiva de género; es necesario que se adopten medidas de creación de capacidad con el fin de empoderar a las mujeres para la preparación ante los desastres y de desarrollar su capacidad para asegurar medidos alternativos de vida en situaciones posteriores a los desastres;
  • Los pueblos indígenas, por su experiencia y sus conocimientos tradicionales, proporcionan una contribución importante al desarrollo y ejecución de planes y mecanismos, incluidos los de alerta temprana;
  • Las personas de edad tienen años de conocimientos, aptitudes y sabiduría, que son bienes inestimables para reducir el riesgo de desastres, y deben ser incluidas en el diseño de las políticas, planes y mecanismos, incluidos los de alerta temprana;

La inclusión de personas migrantes y otras comunidades también puede contribuir al fortalecimiento de las capacidades locales, avanzar una agenda integrada, fortalecer las redes locales y expandir la base de gobernanza de la migración y el cambio climático.

Para convertir estas palabras en acciones, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR por sus siglas en inglés) desarrolló una guía para implementar el Marco de Sendai, ofreciendo orientación práctica para ayudar a las autoridades gubernamentales a integrar el desplazamiento por desastres y otras formas relacionadas de movilidad humana en las estrategias de reducción de riesgo de desastres a nivel local y regional.

De manera similar, la Iniciativa Migrantes en Países en Crisis (MICIC por sus siglas en inglés) desarrolló una serie de Principios, Directrices y Prácticas para fortalecer la acción local, nacional, regional e internacional para proteger mejor a los migrantes en países que experimentan conflictos o desastres naturales. Las Directrices brindan recomendaciones sobre cómo la migración puede contribuir a la resiliencia, la recuperación y el bienestar de las comunidades y sociedades afectadas. Estos incluyen prácticas para la implementación, como el aprendizaje de migrante a migrante, planes de contingencia regionales y transfronterizos y sistemas de alerta de crisis.

Si bien los sectores público y privado, las organizaciones de la sociedad civil, la academia y las instituciones científicas y de investigación, las comunidades y las empresas pueden trabajar más estrechamente para crear oportunidades de colaboración, los derechos de los grupos vulnerables siempre deben contemplarse como parte de estrategias integrales para la gestión del riesgo de desastres y adaptación al cambio climático.