Oportunidades para quedarse: previniendo la migración irregular en Nicaragua

 

En Centroamérica hay ciudades que enfrentan diversos problemas para generar oportunidades de empleo y educación de calidad, principalmente para la población joven. Esta situación provoca la migración de jóvenes hacia otras ciudades o países con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Desafortunadamente en la mayoría de los casos esta migración internacional se da en forma irregular, lo que expone a las personas jóvenes a diferentes riesgos y condiciones peligrosas.

Debido a la situación económica y social que enfrentan estos jóvenes, la alternativa a la migración en muchas ciudades de Centroamérica es dejar sus estudios para trabajar o, en los casos más lamentables,  involucrarse en pandillas y actividades delictivas. Este es el caso de Bilwi, un municipio de la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua (RACCN). Esta ciudad necesita de más y mejores oportunidades para sus habitantes jóvenes, ya que, en algunos de sus barrios, están propensos a involucrarse en contextos de drogadicción y criminalidad debido a la gran cantidad de puntos de venta de drogas.

En este contexto, la Organización Internacional para las Migraciones puso en marcha el “Proyecto de Prevención y Reintegración de Jóvenes en Riesgo y Conflicto con la Ley en la Costa Caribe Norte de Nicaragua”, con el financiamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés).  El proyecto busca proveer oportunidades efectivas para promover la inclusión social y económica de adolescentes y jóvenes en riesgo y conflicto con la ley. Esta iniciativa parte de la idea de que apoyar la inclusión social y económica de esta población aportará a la construcción de comunidades más equitativas, productivas y pacíficas. Para ello, se llevaron a cabo actividades en tres direcciones:

  1. Mejorar la prestación de servicios locales para la inclusión social y económica de adolescentes y jóvenes en riesgo.
  2. Promover habilidades y competencias relevantes entre los y las jóvenes participantes para facilitar su acceso al mercado laboral.
  3. Involucrar actores locales comunitarios, privados y públicos para generar un diálogo sobre los desafíos específicos que enfrenta la juventud en la RACCN respecto a su inclusión social y económica.

Los participantes asistieron a sesiones grupales (de mujeres, de hombres y mixtas) para aprender sobre temas como la violencia, la violencia de género, masculinidades no violentas y el manejo de la ira. A través de las sesiones, los jóvenes tuvieron la oportunidad de elaborar un Plan de Acción de Desarrollo Personal después de un proceso de reflexión sobre su potencial, sus habilidades y sus intereses.

 

 

 

Los jóvenes participantes  fueron beneficiados con cursos vocacionales en diferentes áreas técnicas como cocina básica, mecánica, estilismo, manualidades y pastelería; lo cual les permitió adquirir habilidades y competencias que facilitan su acceso y participación en el mercado laboral y en su comunidad.

 

 

 

 

 

 

Patty Moore es una de las beneficiarias de este proyecto. Ella tiene 28 años y es originaria de Bilwi, específicamente del barrio El Muelle, una de las principales zonas con altos índices de delincuencia y tráfico de drogas. Ahí vive con sus dos hijos: uno de un año y el otro de 8 años de edad.  Hace unos años, Patty se vio inmersa en ese mundo de drogas y alcohol, porque afirma que era “normal”. Por un tiempo ella fue consumidora de drogas, al igual que muchos de sus amigos del mismo barrio, pero con el nacimiento de sus hijos quiso darle vuelta a su historia y salir de sus problemas de adicción para darles un mejor futuro a sus hijos.

 

 

Patty asegura que encontró en este proyecto una oportunidad para alcanzar su meta: el tener su propio comedor. “Two Brothers”, ese es el nombre que imagina en el rótulo colgado fuera de su casa, en donde en unos meses espera inaugurar su propio comedor. Esta es una de las historias entre los 130 participantes totales del proyecto. 

 

Las y los jóvenes protagonistas del proyecto trabajaron en un plan de emprendimiento propio antes de iniciar los cursos vocacionales.

Este proyecto piloto registró un enorme éxito en Bilwi al tener un alcance del 150 % de los beneficiarios (100 % de los beneficiarios meta iniciales y un extra del 50 %). Todas las actividades implementadas por el proyecto tuvieron mayor demanda de la esperada, lo cual es un claro indicador de que este tipo de proyectos no son solo muy apreciados, sino también necesarios. Es importante mencionar que es clave la participación de diferentes actores para el desarrollo de iniciativas como esta, en este caso específico se  contó con el apoyo de madres y padres de familia, instituciones de gobierno,  líderes y jueces comunitarios, la academia, organizaciones de sociedad civil y asociaciones del sector empresarial de Bilwi.

 

 

 

El Instituto Nacional Tecnológico de Nicaragua impartió en total aproximadamente 120 horas de clases teóricas y prácticas como parte del proyecto, entre las que se incluyeron herramientas y consejos financieros que facilitarían el desarrollo y sostenibilidad de las pequeñas empresas.

 

 

 

 

 

Es importante que avancemos hacia un mundo en el que migrar sea una decisión voluntaria y siempre bajo canales seguros para hacerlo. Para lograrlo es necesario continuar desarrollando iniciativas como la de Bilwi, con el fin de construir comunidades más inclusivas social y económicamente. De esa manera, se puede prevenir la migración irregular y que al final la decisión de desplazarse no sea forzada por el entorno. En palabras del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Gutérres: “La migración segura no puede ser limitada a una élite global”.

 

45 jóvenes graduados de los cursos vocacionales recibieron un capital semilla a través de la entrega de insumos y materiales para el inicio de nuevos emprendimientos en sectores como la mecánica, pintura, muralismo, pintura domiciliar, cocina, panadería/repostería, artesanía, tallado en madera y estilismo.

 

 

Autores:

Anabell Cruz Zavala, Oficial de Medios y Comunicación de la OIM Nicaragua.

Jean Pierre Mora, comunicador de la Oficina Regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe.

 


Fortaleza en la diversidad: cómo la inclusión contribuye a la reducción del riesgo de desastres

Fortaleza en la diversidad: cómo la inclusión contribuye a la reducción del riesgo de desastres
Categoria: Emergencias y Acción Humanitaria
Autor: Autor Invitado

Los desastres debidos a peligros naturales tienen un alto costo para el bienestar y la seguridad de las personas, comunidades y países. Estos desastres tienden a verse exacerbados por el cambio climático y están aumentando en frecuencia e intensidad, lo que impide significativamente el progreso hacia el desarrollo sostenible, especialmente para los países más expuestos.

Es fundamental anticipar, planificar y reducir el riesgo de desastres para proteger de manera más efectiva a las personas, comunidades y países, sus medios de vida, salud, patrimonio cultural, activos socioeconómicos y ecosistemas, y así fortalecer su resiliencia.

Según un estudio reciente de la OIM sobre movilidad humana y la agenda climática en las Américas, los países de la región han avanzado en la integración de la movilidad humana en las políticas y planes nacionales y regionales para la reducción del riesgo de desastres, así como en otras áreas relacionadas, como cambio climático, planificación del desarrollo, política agrícola y vivienda.

Sin embargo, en muchos casos, las poblaciones más vulnerables son excluidas de contribuir a las políticas y planes de gestión del riesgo de desastres, sufriendo así de manera más desproporcionada cuando éstos ocurren.

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, que establece una serie de principios rectores para los Estados y otras partes interesadas en la reducción del riesgo de desastres, subraya la importancia de la gestión inclusiva en la reducción del riesgo de desastres: "Tiene que haber un enfoque preventivo del riesgo de desastres más amplio y más centrado en las personas. Las prácticas de reducción del riesgo de desastres deben contemplar amenazas múltiples y ser multisectoriales, inclusivas y accesibles para que sean eficientes y eficaces.”

Si bien los gobiernos tienen un papel principal y reglamentario que desempeñar, deben involucrarse con diferentes grupos, incluidos mujeres, niños, niñas y adolescentes, personas con discapacidad, personas migrantes, pueblos indígenas y otras comunidades a la hora de diseñar e implementar políticas, planes y estándares.

El marco señala las siguientes oportunidades:

  • Las personas migrantes contribuyen a la resiliencia de las comunidades y sociedades y sus conocimientos, aptitudes y capacidades pueden ser de utilidad en el diseño y la aplicación de las medidas de reducción del riesgo de desastres;
  • Las personas con discapacidad y sus organizaciones son fundamentales para evaluar el riesgo de desastres y para diseñar y poner en práctica planes adaptados a requisitos específicos, teniendo en consideración, entre otras cosas, los principios del diseño universal;
  • Los niños, niñas y adolescentes son agentes de cambio y se les debe facilitar el espacio y las modalidades para contribuir a la reducción del riesgo de desastres
  • La participación de las mujeres es fundamental para gestionar eficazmente el riesgo de desastres, así como para diseñar, dotar de recursos y poner en práctica políticas, planes y programas de reducción del riesgo de desastres con perspectiva de género; es necesario que se adopten medidas de creación de capacidad con el fin de empoderar a las mujeres para la preparación ante los desastres y de desarrollar su capacidad para asegurar medidos alternativos de vida en situaciones posteriores a los desastres;
  • Los pueblos indígenas, por su experiencia y sus conocimientos tradicionales, proporcionan una contribución importante al desarrollo y ejecución de planes y mecanismos, incluidos los de alerta temprana;
  • Las personas de edad tienen años de conocimientos, aptitudes y sabiduría, que son bienes inestimables para reducir el riesgo de desastres, y deben ser incluidas en el diseño de las políticas, planes y mecanismos, incluidos los de alerta temprana;

La inclusión de personas migrantes y otras comunidades también puede contribuir al fortalecimiento de las capacidades locales, avanzar una agenda integrada, fortalecer las redes locales y expandir la base de gobernanza de la migración y el cambio climático.

Para convertir estas palabras en acciones, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR por sus siglas en inglés) desarrolló una guía para implementar el Marco de Sendai, ofreciendo orientación práctica para ayudar a las autoridades gubernamentales a integrar el desplazamiento por desastres y otras formas relacionadas de movilidad humana en las estrategias de reducción de riesgo de desastres a nivel local y regional.

De manera similar, la Iniciativa Migrantes en Países en Crisis (MICIC por sus siglas en inglés) desarrolló una serie de Principios, Directrices y Prácticas para fortalecer la acción local, nacional, regional e internacional para proteger mejor a los migrantes en países que experimentan conflictos o desastres naturales. Las Directrices brindan recomendaciones sobre cómo la migración puede contribuir a la resiliencia, la recuperación y el bienestar de las comunidades y sociedades afectadas. Estos incluyen prácticas para la implementación, como el aprendizaje de migrante a migrante, planes de contingencia regionales y transfronterizos y sistemas de alerta de crisis.

Si bien los sectores público y privado, las organizaciones de la sociedad civil, la academia y las instituciones científicas y de investigación, las comunidades y las empresas pueden trabajar más estrechamente para crear oportunidades de colaboración, los derechos de los grupos vulnerables siempre deben contemplarse como parte de estrategias integrales para la gestión del riesgo de desastres y adaptación al cambio climático.