La migración rural hacia las ciudades: Desafíos y oportunidades

La migración rural hacia las ciudades: Desafíos y oportunidades
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En el mundo, tres de cada cuatro personas en situación de pobreza y que sufren hambre viven en zonas rurales. Este dato, divulgado por la FAO, enfatiza la amplitud de la pobreza rural, ocasionada por factores como la escasez de empleo y oportunidades, el limitado acceso a servicios e infraestructuras y los conflictos por los recursos naturales y tierra. A estas circunstancias se añaden los efectos adversos del cambio climático, que agravan fenómenos alarmantes como el agotamiento de los recursos naturales, la deforestación, la erosión de suelos, la baja en el rendimiento de las cosechas o la pérdida de agrobiodiversidad.

Este conjunto de condiciones desfavorables provoca importantes flujos migratorios hacia las ciudades, sobre todo de jóvenes que buscan nuevas oportunidades de ingresos y empleo. La migración rural-urbana en Centroamérica ha contribuido al aumento poblacional de las ciudades, y la región es hoy la segunda del mundo que registra las tasas más altas y rápidas de urbanización, con un porcentaje promedio de crecimiento de 3.8 durante las últimas dos décadas. Asimismo, según las previsiones del Banco Mundial, para el año 2050 la región habrá duplicado su población urbana, sobre todo a causa de los y las migrantes rurales que llegan a las ciudades, en búsqueda de oportunidades económicas y acceso a servicios básicos.

 

Desafíos  

El movimiento migratorio hacia las zonas urbanas implica un proceso de transformación que disminuye la generación de ingresos y el empleo en la agricultura. Esto conlleva una menor participación laboral en el sector primario que puede provocar una reducción de la producción agrícola  y amenazar la seguridad alimentaria de algunos territorios.   

Así, por ejemplo, el campo puede carecer de mano de obra joven y dinámica, registrando además un envejecimiento de la población, lo que puede comprometer una producción alimentaria suficiente y variada. En áreas rurales de México, por ejemplo, la migración de jóvenes, y la consecuente disminución en la tasa de fecundidad, ha provocado una alteración entre los grupos poblacionales: mientras que en 2005 había 21 adultos mayores de 60 años por cada 100 niños, se prevé que para el año 2051 habrá 167 adultos mayores por cada 100 niños. 

Asimismo, el acrecentamiento de la pobreza urbana responde a los abundantes flujos migratorios hacia las ciudades que en ocaciones no encuentran trabajo en las zonas urbanas (a pesar de haber sido una razón para movilizarse) lo que se genera un círculo vicioso de escasez y necesidades. 

Los altos porcentajes de trabajo informal en la región también indican una falta de protección social, que agrava las situaciones de pobreza y precariedad de las personas migrantes internas. Otro factor que señala las difíciles condiciones de vida de las personas migrantes rurales en las ciudades es que, debido a los recursos económicos limitados, esta población vive a menudo en asentamientos informales, los cuales albergan alrededor del 29% de la población urbana en América Central. Estos asentamientos suelen estar ubicados en zonas vulnerables a desastres naturales, como inundaciones, deslizamientos y terremotos, lo que evidencia cómo la migración rural, fomentada también por los efectos del cambio climático, necesita de atención particular, para evitar una reproducción de vulnerabilidades existentes.       

Además, mientras que los conflictos por los recursos naturales pueden provocar la migración rural, las personas migrantes encuentran nuevas formas de violencia en las urbes. En el Triángulo Norte de Centroamérica la violencia es un fenómeno principalmente urbano, agravado por causas como pobreza, segregación, desigualdad y falta de oportunidades. Los campesinos en situación de pobreza y personas desempleadas pueden ser nuevas víctimas de grupos criminales en las ciudades. Esta situación puede originar nuevos flujos migratorios de personas que migraron hacia las ciudades y, al no encontrar una situación adecuada, deciden migrar hacia el extranjero. 

Por tanto, la migración rural-urbana tiene repercusiones cruciales no solo para el desarrollo y la sostenibilidad rural, sino también para la urbana. Por ejemplo, desafíos actuales como la sobrepoblación urbana o la pérdida de tradicionales cultivos y agrobiodiversidad dependen directamente de los flujos migratorios rurales. Para resolver estas cuestiones, es necesario dirigir la atención hacia sus raíces: el campo y la migración.

 

Oportunidades

El informe de la FAO subraya también los aspectos positivos de la migración rural, que pueden disminuir la presión sobre los mercados de trabajo local y los recursos naturales o mejorar los salarios en el sector agrícola. Las remesas de los migrantes internacionales, además, pueden facilitar la inversión en actividades económicas productivas, generar empleo, y aumentar el consumo privado.

En la misma línea, la migración rural (históricamente con mayor presencia masculina), el descenso de la tasa de fecundidad y un número creciente de hogares encabezados por mujeres han impulsado una feminización de la agricultura, sobre todo en México y en gran parte de Centroamérica. Este fenómeno ha incentivado el empoderamiento económico y social de las mujeres rurales y en algunos casos la disminución de estereotipos de género que limitaban sus funciones. Por ejemplo, las mujeres han empezado a hacerse cargo de tareas agrícolas que antes sólo realizaban los hombres, como la preparación del terreno, y el cultivo de alimentos comerciales. 

Sin embargo, por otro lado, estos resultados también pueden ser perjudiciales para las mujeres, puesto que conllevan una sobrecarga de trabajo en el campo o en el comercio local y en el hogar. 

 

¿Cómo pueden los gobiernos y otras organizaciones nacionales e internacionales incentivar una migración rural beneficiosa para todos los actores?  

El Marco de la FAO para las migraciones propone cuatro acciones principales para abordar eficazmente el fenómeno de la migración rural. Estas recomendaciones son: 

  1. Minimizar las causas de la migración y ofrecer alternativas en zonas rurales, creando oportunidades de empleo decente y mitigando los impactos del cambio climático; 
  2. Facilitar la movilidad rural, desarrollando planes de migración agrícola y campañas de información para los migrantes y promoviendo oportunidades de cooperación entre las zonas rurales y urbanas 
  3. Acentuar los beneficios de la migración, impulsando la inversión de remesas y remarcando la utilidad de la migración como estrategia de adaptación frente al cambio climático; 
  4. Promover el bienestar de las personas migrantes, prestando apoyo para su incorporación en las comunidades de acogida. 

Con el deterioro de las condiciones climáticas y del ambiente, la mecanización del trabajo en el campo y los altos índices de pobreza rural, la migración rural hacia las ciudades va a seguir siendo una cuestión importante que abordar, a causa de sus efectos determinantes para el logro de la seguridad alimentaria y de la sostenibilidad rural y urbana.

La pandemia de COVID-19, y las consecuentes medidas de aislamiento y restricciones de movilidad, han acentuado aún más la urgencia de hacer frente a la cuestión de la sobrepoblación urbana y de los asentamiento informales en Centroamérica, donde hay un mayor riesgo de contraer la enfermedad, además de disponer de un acceso reducido a los servicios básico. Fomentar el diseño de políticas integrales que consideren el bienestar de las personas migrantes en sus procesos migratorios hacia las ciudades, los efectos del cambio climáticos y la sobrepoblación urbana es una estrategia necesaria para promover un desarrollo rural y urbano sostenible.   
 


Cómo parar el flujo de información falsa: Recomendaciones para aprender a reconocer la desinformación

Categoria: Comunicación & Migración
Autor: Autor Invitado

En una de mis clases de filología en la universidad, recuerdo que un profesor estuvo explicándonos el uso de la ‘hipérbole’ en literatura. Este recurso literario es, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, ‘una exageración o disminución excesiva de aquello de que se habla, como relato o circunstancia’. Por ejemplo, en uno de sus poemas más célebres, Gabriela Mistral escribe: ‘Hay besos misteriosos que han dejado / mil sueños errantes y perdidos’, donde ‘mil’ no es una cifra real, sino una exageración que la poeta adopta para dejar transpirar esta sensación de abundancia, desesperación, abandono.  

Y como en literatura, así suede en nuestras conversaciones diarias. ¿Cuántas veces nos quejamos porque ‘llevo esperando siglos’ o ‘te he llamado un millón de veces’? La hipérbole es parte de nuestro lenguaje cotidiano, es culturalmente entrelazada en nuestras discusiones, comentarios y enunciaciones.  

Sin embargo, también puede transmutarse en una herramienta y costumbre perjudicial cuando facilita la creación y difusión de desinformación, a través de frases de personas, comentarios en las redes sociales o hasta afirmaciones en los medios. Eso es ocasionado, por ejemplos, por reportes en los medios que mencionan números exagerados y falsos acerca de las personas migrantes en un determinado país, aumentando las cifras acerca de ayudas o gastos estatales, o comparando datos entre países sin saber cómo interpretarlos y enseñarlos y sin tener en cuenta otros factores como la densidad de población, la posición geográfica, entre otros.  

De esta manera, la hipérbole se transforma en un recurso tan dañino para las personas migrantes, que a menudo protagonizan estas exageraciones y son víctimas de acusaciones xenófobas o de denominaciones como ‘invasores’ o ‘ladrones de trabajos’. 

El uso de la hipérbole, de términos cargados y de un lenguaje inapropiado es solamente uno de los aspectos que nos ayudan a identificar algún tipo de información errónea o no exactamente precisa. Según una guía proporcionada por Verified - una iniciativa de las Naciones Unidas que invita a comprobar y averiguar la información antes de compartirla - existen otros factores que permiten esclarecer la naturaleza de la información, identificando qué contenido es real y qué es falso. Entre los elementos relativos a la información compartida en los medios, podemos destacar:  

  • Las fuentes: algunas noticias de prensa pueden mencionar reportes de otros medios para respaldar sus argumentos; en este caso, es recomendable consultar la fuente primaria, para controlar si la información ha sido citada en manera verídica y si el periodico o la página web de referencia se destacan por ser lo más imparciales posible o si suelen ser caracterizados por opiniones más que por hechos. De la misma manera, si un artículo hace referencia a organizaciones o personas terceras, es una buena práctica consultar también la página web o el perfil de quienes son citados, para averiguar si las afirmaciones coinciden entre ellas. En general, si una noticia es difundida por una única fuente (periódico, página web, persona) puede ser indicador de que la información es falsa o engañosa.   
  • La fecha de publicación: la información compartida ayer podría ser muy diferente respecto al panorama de hoy, sobre todo durante la pandemia, en la cual hemos experimentado cómo el escenario cambia de un día a otro. Las personas - políticos, periodistas, entre otros - que utilizan información no reciente para argumentar sus posiciones y opiniones, retratan una situación no verídica porque no es actual y despistan su audiencia, receptora de información errónea.         
  • El autor/ La autora: dar importancia al nombre de quien ha escrito el artículo y hacer una pequeña búsqueda acerca de su perfil y currículum también puede ayudarnos a comprender no sólo la relevancia de la información - en con base aen los conocimientos que el autor o la autora demuestra tener - sino también nos sugiere si él o ella ha manifestado previamente tendencias y posturas no imparciales respecto a temas específicos, lo que podría perjudicar la neutralidad de su reporte.          
  • Lenguaje sensacionalista: así como en el caso de la hipérbole, el uso de un léxico que se vale de palabras destinadas a producir una fuerte respuesta emotiva, animando a la audiencia a probar liberar sentimientos de rabia, confusión, tristeza o miedo, puede ser un indicador de desinformación que trata de condicionar fuertemente las opiniones. Por el contrario, una redacción clara y directa es señal de profesionalismo periodístico.        

Este muestrario de ideas menciona algunos de los ingredientes básicos de las noticias que podemos controlar para ser más consciente respecto a si nos encontramos frente a algún tipo de información falsa que pueda despertar sentimientos de malestar, miedo y rabia que a su vez pueden transformarse en reacciones xenófobas y perjudiciales.  

Hoy, las personas que tienen acceso a internet, pueden beneficiarse diariamente de un acceso rápido y simple a un vórtice de noticias, contenidos en redes sociales o comentarios. Muchos podrían argumentar que la abundancia de contenido y la velocidad con la cual eso eses compartido representan un peligro para una difusión más inconsciente y fácil de la desinformación más inconsciente y fácil. Sin embargo, es justo gracias a esta copiosidad y variedad que podemos aprender a ser lectoras y lectores críticos, y a poder aprovechar la cantidad de información que podemos consultar para desarrollar nuestra capacidad de análisis y denunciar los episodios de propagación de noticias falsas.  

En este sentido, cada vez que leamos o escuchemos algún tipo de dato e información, pongámonos a prueba y utilicemos nuestro sentido crítico para parar la circulación de información engañosa. Y dejemos las hipérboles a la poesía, no a los hechos.