La migración sostenible en el Caribe como una oportunidad para la inversión

La migración sostenible en el Caribe como una oportunidad para la inversión

*Publicado originalmente en Consultas Migratorias del Caribe (https://caribbeanmigration.org/blog/why-sustainable-migration-caribbean-opportunity-investment)

El impacto económico de la migración con frecuencia sigue siendo impulsado por percepciones negativas que ponen en peligro los esfuerzos para adaptar las políticas migratorias a los nuevos desafíos económicos y demográficos que enfrentan muchos países en el Caribe. Sin embargo, el movimiento de personas puede ser crucial para el desarrollo en un mundo globalizado y tiene beneficios económicos potenciales. Los informes indican que la migración debe considerarse como una oportunidad para todos, por lo que este fenómeno requiere una respuesta de políticas sostenibles y cuidadosamente diseñadas.

"Paradójicamente, la migración en sí misma podría ser una parte importante de la solución, especialmente si el capital social que se ha creado a través de las redes de migración se pudiera transnacionalizar efectivamente para beneficiar al Caribe, y si la diáspora se convirtiera en un recurso más importante para la región” (Thomas-Hope, 2002, p.29).

Migrantes del Caribe: ¿Qué los hace únicos?

En los últimos 60 años, la región del Caribe ha sido la diáspora más grande y más calificada del mundo. A pesar de que esta población es diversa en términos demográficos y destinos, según el Libro de Datos Sobre Migración y Remesas del 2011 del Banco Mundial, en relación con otros grupos de la diáspora global, una gran parte de los migrantes caribeños está conformada por personas altamente calificadas y bien educadas. Por esta razón, la población de migrantes caribeños adquiere más ciudadanía que otros inmigrantes y es mucho menos probable que ingresen a un país ilegalmente.

Además, los migrantes caribeños a los Estados Unidos acumulan una mayor riqueza relativa y, por lo tanto, envían más remesas a sus países de origen. En Canadá, se introdujo un sistema de inmigración basado en puntos en la década de 1970, que favorecía a los inmigrantes educados. Estos inmigrantes posteriores tendían a ser más educados y ricos, más equipados para invertir capital en la región del Caribe y tenían una conexión más fuerte con su país de origen.

¿Estamos permitiendo inversiones valiosas?

Como se informó en la publicación del Banco Mundial “Invertir de nuevo en casa: el posible rol económico de la diáspora del Caribe” (2016), los niños de las primeras generaciones de migrantes caribeños, ahora de mediana edad, tienden a ser profesionales, con mayores ingresos y capacidad para invertir. Algunos de ellos han establecido negocios en sus países de origen, como restaurantes, supermercados y hogares de ancianos; Sin embargo, la forma dominante de inversión se ha dado tradicionalmente en el sector inmobiliario.

Según la encuesta infoDev Diaspora del 2013, uno de cada cuatro miembros de la diáspora invierte en bienes raíces en el Caribe y uno de cada 10 invierte en empresas comerciales de la región. Además, el 70% mencionó pertenecer a una organización afiliada y retribuir a su país de origen a través de remesas y caridades, tanto a través de asociaciones nacionales como de ex alumnos.

El sector privado tiene un papel de liderazgo en el impulso del crecimiento económico, así como la generación de empleo, en el que los miembros de la diáspora podrían tener una influencia importante en la inversión empresarial. Sin embargo, algunos han identificado dificultades al buscar oportunidades para obtener buenos rendimientos financieros.

Oportunidades

Según el Banco Mundial (2016), las siguientes oportunidades pueden permitir la difusión a la diáspora y generar más beneficios para los gobiernos del Caribe:

  • Actividades que catalizan el mercado. Para ayudar a catalizar una mayor inversión de la diáspora en los mercados del Caribe y fomentar un entorno empresarial más atractivo para la inversión privada en la región, se recomienda que se amplíen las redes de ángeles y sus conexiones con la diáspora.
  • Ofrecer oportunidades de inversión accesibles y atractivas. La mayoría de los miembros de la diáspora no invierten en infraestructura y otros proyectos sólidos, ya que estos tienden a involucrar procedimientos extensos y complejos. Con el fin de mejorar aún más el clima para la inversión de la diáspora en la región, los marcos legales y regulatorios en la región deben fortalecerse y armonizarse.
  • Fortalecer su estrategia. La mayoría de los miembros de la diáspora no conocen las oportunidades de inversión en el Caribe. Los gobiernos deben fortalecer las estrategias de posicionamiento para crear conciencia de los beneficios, diseñando e implementando un plan para involucrar a esta diáspora. Un plan innovador de participación de la diáspora debería movilizar a este grupo que ha sido tradicionalmente orientado hacia las remesas y debería canalizar una parte de esta participación financiera en inversiones productivas.
  • Facilitar mecanismos para proporcionar a los inversionistas soluciones rápidas. La mayoría de las transacciones en las islas del Caribe pueden ser muy burocráticas y carecer de responsabilidad en los sectores gubernamentales y no gubernamentales. Las oficinas de la diáspora en los ministerios de relaciones exteriores de las naciones del Caribe necesitan establecer Defensores del Pueblo de alto nivel para recibir quejas de la diáspora y ayudar a facilitar los mecanismos de resolución de conflictos para ayudar a apaciguar a los inversionistas de la diáspora. Se deben hacer mejoras judiciales para que las instituciones de arbitraje puedan revisar las disputas comerciales de manera oportuna.

Es esencial que todos los interesados ​​estén involucrados en encontrar soluciones viables, así como contribuir a superar los desafíos de las sociedades con tendencias de emigración y poblaciones significativas de la diáspora. De esta manera se podrá realmente mejorar el ambiente de inversión y las oportunidades para la diáspora del Caribe.

Sofía Cortés es la Asociada de Contenido Digital de las Consultas Migratorias del Caribe.


Volver a casa puede ser más difícil que irse: los desafíos psicosociales de ser una persona retornada

Categoria: Migración y Salud
Autor: Autor Invitado

Según la definición de la OIM, la reintegración es la reinclusión o reincorporación de una persona a un grupo o a un proceso, por ejemplo de un migrante en la sociedad de su país de origen. La reintegración es, por lo tanto, un proceso que permite al retornado participar nuevamente en la vida social, cultural, económica y política de su país de origen.

Todos los migrantes se enfrentan a los desafíos de adaptarse a las nuevas sociedades de acogida, y la identidad está en el centro de este proceso de adaptación. La experiencia de migración afecta tres aspectos de la identidad de una persona: 1) cómo es percibida por los demás; 2) factores sociales interiorizados, tales como roles y expectativas sociales relacionadas con el género, la cultura y las tradiciones; y 3) cómo la persona finalmente se ve a sí misma en términos de individualidad. Las personas retornados experimentan estos desafíos a su identidad, no solo durante el tránsito y al llegar a su destino, sino también durante el proceso de retorno y adaptación a sus comunidades de origen.

Cuando un migrante regresa a su país de origen, el proceso de reintegración estará determinado por factores tales como el tiempo que pasó en el extranjero, la cantidad de tiempo que la persona migrante había pensado que iba a ausentarse, la medida en que retuvo sus conexiones con la familia y las redes sociales en el país de origen, la medida en que se había integrado en el país anfitrión, y otros factores más estructurales como la vivienda adecuada y el empleo seguro. Muchos otros factores como estos afectan el proceso de reintegración al regresar al país de origen.

Sin embargo, la adaptación no solo trae consigo consecuencias negativas. Durante el proceso de migración, las personas aprenden y adoptan nuevas habilidades, experiencias y normas que moldean y enriquecen sus vidas. Esto también significa que su identidad cambia, muchas veces haciendo malabarismos con las identidades transnacionales que combinan partes de lo que solían ser y lo que son ahora, después de su experiencia migratoria. Todos estos factores dificultan que los migrantes retornados se adapten a su comunidad de origen, ya que existe una ruptura entre quiénes son ahora y quiénes se espera que sean según las personas que los conocieron antes de emigrar. En este sentido, la exclusión social es un gran riesgo para el bienestar emocional de los migrantes que regresan, ya que se asocia con consecuencias psicológicas negativas, como la depresión y la ansiedad, y puede afectar negativamente sus medios de vida y la sostenibilidad de su retorno.

Los retornados también deben hacer frente a una estructura de apoyo modificada en su comunidad de retorno. Las redes familiares y sociales de un retornado a menudo cambian mientras la persona migrante está en el extranjero, especialmente después de largos períodos. También es común que las personas pierdan su sentido de pertenencia, lo cual dificulta su adaptación. Por lo tanto, los retornados a menudo necesitan reconstruir sus redes, que son esenciales para el capital social, la información, las redes de seguridad y el acceso al mercado laboral.

Los niños y adolescentes migrantes también enfrentan desafíos específicos para regresar a países en los que nunca han vivido o no recuerdan después de años de vivir en el extranjero, por ejemplo, no estar familiarizados con el idioma y la cultura, y no tener redes de apoyo.

Otro factor importante es la forma en que los retornados a menudo son percibidos cuando regresan. Muchos retornados, independientemente de si regresaron voluntariamente o no a sus países de origen, experimentan discriminación a su regreso, o son estigmatizados erróneamente como delincuentes deportados, lo que dificulta su reintegración. El retorno también puede verse como un fracaso, especialmente al no volver con el dinero o ganancias que se esperaban.

Estos desafíos pueden llevar a sentimientos de frustración, inquietud, vergüenza y miedo, causando ansiedad y estrés en los migrantes que regresan. Estas consecuencias psicológicas comunes afectan negativamente su capacidad para enfrentar otros desafíos importantes del proceso de reintegración, como encontrar un trabajo. Los retornados que tienen acceso a soporte psicosocial probablemente tengan un tiempo más fácil para sobrellevar los impactos del retorno, tanto antes como después del retorno real. Esto es especialmente importante para los migrantes que forman parte de grupos vulnerables o que han sido víctimas de violencia.

Una parte esencial del enfoque de Retorno voluntario asistido y reintegración (AVRR por sus siglas en inglés) de la OIM es la sostenibilidad. La reintegración puede considerarse sostenible cuando los retornados alcanzan niveles de autosuficiencia económica, estabilidad social dentro de sus comunidades y bienestar psicosocial, lo que les permite hacer frente a los impulsores de la (re) migración. Una vez lograda la reintegración sostenible, los retornados pueden tomar decisiones de migración adicionales basadas en elección en vez de necesidad.

De acuerdo con el Marco AVRR, la reintegración sostenible se puede facilitar cuando las necesidades se abordan en 3 niveles diferentes: individual, comunitario y estructural. Esto significa que, en el caso de apoyo psicosocial, se deben implementar diferentes actividades en diferentes niveles. Algunos ejemplos incluyen la provisión de información acerca de los servicios disponibles para ellos, la mediación familiar y el apoyo grupal, sesiones de asesoramiento cuando el sufrimiento emocional es evidente y referencias a atención especializada de salud mental cuando sea necesario; el fortalecimiento de la capacidad técnica de socios gubernamentales, no gubernamentales y de la sociedad civil identificados a nivel estructural también es relevante para garantizar que los migrantes que regresan tengan fácil acceso a servicios sociales y de salud que facilitarán su reintegración.

Los gobiernos, las organizaciones y otrros actores deben centrarse en desarrollar programas de reintegración que respondan a las necesidades de estas poblaciones, mientras apoyan a los retornados para que puedan vivir sus vidas en su máximo potencial y tengan vínculos sanos y duraderos con sus comunidades, contribuyendo así al bienestar y crecimiento individual y colectivo.