Harvey e Irma son parte del desafío humanitario mundial

Militares de los EE. UU. ayudan a personas afectadas por el huracán Harvey en Houston, Texas. Foto: 1st Lt. Zachary West/U.S. Air Force 2017

 

*Esta entrada fue publicada originalmente en inglés aquí

Primero fue Irma, después Harvey.

Ambos fueron devastadores.

Las imágenes y videos que llegaban desde Texas eran desgarradores. El Huracán Harvey causó estragos en el Estado de la Estrella Solitaria dejando miles de casas abandonadas y cubiertas por el agua. Muchos vehículos quedaron destruidos y varias autopistas inundadas. Los habitantes locales huyeron en busca de seguridad a pie o en botes inflables, pasando por donde el agua llegaba hasta las rodillas o incluso hasta la cintura.

Días después, Irma tocó tierra continuando hacia el este en dirección al Caribe, Puerto Rico y algunas partes del Estado de Florida. Al menos 43 personas murieron en las islas del Caribe y 18 en la región sureste de Florida. Según la Ministra de Departamentos y Territorios de Ultramar de Francia, Annick Girardin, el huracán causó graves daños en los territorios franceses del Caribe. Incluso algunas de las estructuras más resistentes del Gobierno de Saint Martin fueron destruidas.

El Gobernador de Texas, Greg Abbott,  estima que los daños y las pérdidas causadas por el Huracán Harvey en Texas alcanzarán un valor de 150–180 mil millones de dólares. Harvey ha sido registrado como el huracán más poderoso que haya golpeado a Texas en los últimos 50 años, dejando 50 muertos desplazando a más de un millón de habitantes y causando daños en más de 200 mil casas.

Es aún demasiado pronto para determinar el número de los desplazados que podrán regresar a sus casas; sin embargo, Harvey e Irma están aquí para recordarnos que los desplazamientos vinculados a desastres naturales se han convertido en uno de los desafíos humanitarios más grandes de nuestro siglo. Según fuentes del Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno, entre 2008 y 2016, 227.6 millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus casas a causa de inundaciones, terremotos, tormentas tropicales y otras catástrofes naturales.

Desde hace varios años, la OIM en su calidad de Organismo de las Naciones Unidas para la Migración ha sido una entidad de primera respuesta en situaciones de emergencia o de catástrofe natural en todo el mundo; y desafortunadamente, ha presenciado los efectos nefastos y mortales de estos desastres.

En agosto, las inundaciones en la capital de Sierra Leona mataron a cientos de personas y desplazaron a miles. Foto: OIM, 2017.

Los desplazamientos causados por desastres naturales son un fenómeno mundial. Actualmente, las precipitaciones extremas han provocado inundaciones devastadoras y deslizamientos de tierra en países como Nepal, India y Bangladesh, causando la muerte 1200 personas y desplazando a millones. Hace tan solo unas tres semanas, Sierra Leone, una nación de África Occidental, sufrió una serie de inundaciones y deslaves dejando un saldo de casi 500 muertos, 600 desaparecidos y alrededor de 4000 personas sin hogar.

Muchos de los desplazados en el contexto de catástrofes naturales posiblemente nunca regresen a sus casas y, muy probablemente, sea el caso para los habitantes de Texas.

En 2005, la Estrella Solitaria ya había sido el hogar para 100 mil personas que abandonaron Nueva Orleans durante el huracán Katrina. No se sabe con certeza cuántos has sido los afectados y desplazados por Harvey. A nivel mundial, es normal observar individuos que son desplazados debido a eventos climáticos extremos o la degradación progresiva del medio ambiente tales como la desertificación o el aumento del nivel del mar.

Paradójicamente, Texas también es un hogar para la comunidad de refugiados más grande del país. En los últimos cinco años, el Estado de la Estrella Solitaria ha liderado a la nación en el proceso de reasentamiento de refugiados y tras el paso del huracán Harvey se espera que los refugiados que hayan abandonado sus países para vivir en este Estado vuelvan a ser desplazados.

Ahmed Badr, un refugiado iraquí de 21 años de edad que vive en Houston, estuvo atrapado en su casa con su familia durante 4 días.  

“Nuestro vecindario no se vio tan afectado como otros”, afirmó Badr a través de una entrevista telefónica. “En el punto máximo del huracán las calles se inundaron, pero no nos fue tan mal como a otros amigos que si perdieron sus casas. ¡Tuvimos mucha suerte!”

Badr y su familia no corrieron con la misma suerte en el 2006 cuando una bomba estalló en su casa en Bagdad, Irak. Cuando se les aprobó su reasentamiento en los Estados Unidos en el año 2008, la familia Badr fue reubicada en Texas. Houston se convirtió en su nueva casa.

“Las tragedias no discriminan. Estas afectan a refugiados, ciudadanos, personas de todas las formas, tamaños y colores; ver el espíritu de resiliencia en los rostros de la gente al abandonar sus hogares y volver, fue increíblemente poderoso”, agregó Badr.

Badr tenía siete años cuando huyó de Irak,demasiado joven para entender porque tenían que abandonar el país. Ahora como adulto explica que ha tomado más consciencia de los motivos que impulsan a las familias a abandonar sus países y sus repercusiones. “Yo no entendía exactamente lo que significaba que mi casa fuera bombardeada; sin embargo, ahora estoy más preparado para reflexionar sobre ello, pensar en las implicaciones y las maneras en como las personas son afectadas por una tragedia”.

Desde principios de la década de 1990, la OIM ha abogado por un mejor entendimiento sobre la compleja relación entre migración, desplazamientos, medio ambiente y cambio climático.

Tal y como lo confirmó el Acuerdo de París sobre el cambio climático COP21, se reconoce cada vez más que este fenómeno afecta la movilidad humana. La migración puede ser una estrategia de adaptación para hacer frente al cambio climático, donde la movilidad se convierta en la única vía alternativa para reducir la vulnerabilidad.

La migración causada por motivos ambientales continuará, pero debemos ser capaces de minimizar los impactos negativos en las comunidades afectadas. Una forma para lograr esto es a través de una mayor colaboración entre los formuladores de políticas ambientales, humanitarias y de desarrollo.

Desde los Estados Unidos hasta África o desde el Sur de Asia hacia la región Pacífica, ningún país es inmune a las catástrofes naturales. Todos los países – desarrollados o en desarrollo – se enfrentan a números desafíos en términos de desplazamiento. Sin embargo, los pobres y los grupos marginados son los que sufren desproporcionadamente las consecuencias de los desastres naturales. Esto se debe a que sus viviendas tienen infraestructuras menos sólidas y al hecho de que tienen menos probabilidades de ser propietarios de sus propias casas, lo que significa que es menos probable que reciban asistencia para reconstruirlas. Las personas en situación de pobreza y marginalización podrían no tener los recursos necesarios para abandonar las zonas expuestas a desastres naturales.

Según reportes de VOX, los grupos más vulnerables tales como las mujeres, los niños y las personas con discapacidad tienden a ser los primeros en sufrir el caos provocado por una catástrofe.

Es probable que los países desarrollados y en desarrollo se enfrenten cada vez más a desastres naturales que se producen de manera repentina – huracanes, inundaciones, deslizamientos – y a desastres progresivos – sequias y elevación del nivel del mar – ya que estos continuarán y obligarán a muchas personas a abandonar sus hogares. Es vital desarrollar políticas públicas efectivas para prevenir, responder y recuperarse de los desplazamientos causados por desastres naturales. Estén donde estén, los países pueden aprender unos de otros y trabajar juntos para buscar soluciones a favor de los desplazados.

 

Sobre la autora:

Hajer Naili es la Coordinadora de Comunicaciones y Redes Sociales en Washington D. C. de la OIM - El Organismo de las Naciones Unidas para la Migración.

 


¿Qué hace que los migrantes sean vulnerables a la violencia basada en género?

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Autor: Jacinta Astles

Un número cada vez mayor de mujeres está migrando de manera independiente de Centroamérica y el Caribe. Las mujeres representan el 58.9 por ciento de las personas migrantes de los países del Caribe y el 50.3 por ciento de Centroamérica. Migrar al extranjero ofrece una variedad de oportunidades y desafíos potenciales, que se ven impactados por el género de una persona de formas complejas y multifacéticas.

El género y la migración son factores de intersección que se afectan mutuamente. La migración puede tener efectos positivos y negativos en las personas migrantes dependiendo de sus características y condiciones individuales. Del mismo modo, el género de un individuo influye en su experiencia de migración, incluyendo los riesgos y vulnerabilidades involucrados en su viaje.

La migración tiene el potencial de crear consecuencias positivas y contribuir al empoderamiento de las mujeres. Puede ofrecer oportunidades para obtener mayores ingresos y propiedad de activos, mejorar la autoestima, y fomentar el poder de decisión y nueva autonomía. Por otro lado, la intersección del género y la migración puede producir resultados negativos, como múltiples formas de discriminación, explotación y estigmatización. La migración también puede ofrecer a mujeres y niñas la oportunidad de escapar de situaciones de violencia basada en género (VBG) en sus países de origen.

La violencia basada en género es un término que cubre cualquier acto dañino que se perpetra contra la voluntad de una persona y que se basa en diferencias socialmente atribuidas a hombres y mujeres (es decir, de género). Puede ser físico, sexual, emocional, verbal, financiero y / o psicológico. Puede ocurrir en público o en privado y las personas de todos los géneros pueden ser víctimas. Afecta desproporcionadamente a las mujeres, las niñas y las personas con identidad de género diversa u orientación sexual diversa (LGBTI) debido a las desigualdades de género subyacentes. En todo el mundo, se estima que una de cada tres mujeres sufrirá abuso físico o sexual en su vida.

La VBG puede ser un factor que impulsa la migración desde los países de origen. Según un informe de Support Kind (2018), la violencia de género perpetrada por miembros de la familia, pandillas y narcotraficantes obliga a muchas mujeres, niñas y personas LGBTI a abandonar El Salvador, Guatemala y Honduras. La violencia de género, en particular la violencia sexual, se utiliza para mantener el control sobre los territorios y las poblaciones, ya que los miembros de las pandillas castigan a las mujeres, las niñas y sus familias por no cumplir con sus demandas. Un promedio de menos del 10 por ciento de los casos de violencia de género en la región resulta en condenas. Como no pueden obtener protección en sus países, muchas mujeres, niñas y personas LGBTI migran en busca de condiciones de vida más seguras.

La migración no causa VBG. Sin embargo, durante su viaje, algunas personas migrantes enfrentan situaciones en las que son más vulnerables a la violencia. Numerosos factores influyen en los riesgos y vulnerabilidades de una persona a lo largo de su viaje de migración. Junto con el género, un factor clave es si la ruta de migración es segura y regular.

Las rutas de migración inseguras o irregulares aumentan los riesgos de violencia basada en género, incluida la trata de personas. Las mujeres migrantes, las niñas y las personas LGBTI son seleccionadas como blanco de manera desproporcionada  por tratantes de personas. Según el Informe sobre la trata de personas de 2019, los tratantes en el Caribe se dirigen a las mujeres migrantes particularmente de Jamaica, Guyana y la República Dominicana. En Costa Rica, las personas LGBTI, particularmente las personas transgénero, son vulnerables a tratantes para explotación sexual. Mujeres y niñas de Nicaragua, República Dominicana y otros países latinoamericanos han sido identificadas en Costa Rica como víctimas de la trata sexual y la servidumbre doméstica.

En su destino y para aquellos que regresan a sus países de origen, otros factores influyen en su vulnerabilidad a la violencia de género, incluyendo la inseguridad financiera, el conocimiento de sus derechos legales y las habilidades de idiomas.

Las normas de género y las relaciones desiguales de poder son las causas fundamentales de la VBG contra las mujeres y las niñas, así como contra los hombres y los niños y las personas de diversas identidades de género. Los perpetradores buscan explotar las desigualdades para ejercer poder, coaccionar y engañar a sus víctimas. Reconocer estas causas es fundamental para desarrollar intervenciones efectivas.

Una de las estrategias presentadas por el Pacto Mundial sobre Migración (PMM) aborda tanto las desigualdades de género como la violencia de género a través de leyes laborales nacionales, políticas de empleo y programas. Este enfoque reconoce la independencia, el liderazgo de las mujeres y busca reducir su vulnerabilidad al aumentar su acceso a los mercados laborales.

Según el PMM, los países deben garantizar que se respeten los derechos humanos de las mujeres, los hombres, las niñas y los niños en todas las etapas de la migración, que se comprendan y satisfagan adecuadamente sus necesidades específicas, y que se los empodere como agentes de cambio.

Estas iniciativas deberían complementarse con medidas para apoyar a las víctimas y garantizar el enjuiciamiento efectivo de los delitos.

Una gobernanza de la migración basada en los derechos humanos y sensible al género es crucial para reducir la violencia basada en género. Hay que asegurar que la vida de todas las personas migrantes estén protegidas y que tengan acceso a la justicia para reducir sus vulnerabilidades y cambiar la cultura de impunidad en la que los perpetradores creen que no enfrentarán castigo.

La violencia basada en género puede causar consecuencias para la salud física y mental a corto, mediano y largo plazo para los sobrevivientes. Es importante comprender cómo el género se interseca con la migración y abordar las causas profundas de la VBG a través de un enfoque sensible al género y basado en los derechos humanos para crear una mayor igualdad y dignidad humana en toda la región.