Hablemos de migrantes ambientales, no de refugiados ambientales

**Este artículo fue escrito originalmente por Dina Ionesco, encargada de la División de Migración, Medio Ambiente y Cambio Climático (MECC) de la OIM, para la ONU: https://www.un.org/sustainabledevelopment/blog/2019/06/lets-talk-about-climate-migrants-not-climate-refugees/ 

“Al principio, nos despertamos con el sonido del viento y justo después, el agua llegó a nuestra casa. Solo logramos agarrar a nuestros hijos y huir a un área que se encuentra en un terreno más alto ”, explica Rafael Domingo, padre de cuatro hijos en Mozambique, donde el ciclón Idai dejó a más de 73,000 personas sin hogar en marzo de 2019.

Solo en 2018, se registraron 17,2 millones de nuevos desplazamientos asociados con desastres en 148 países y territorios (IDMC) y 764,000 personas en Somalia, Afganistán y varios otros países fueron desplazados después de la sequía (OIM).

“Muchas personas que fueron desplazadas no pueden regresar a sus hogares. La sequía en Somalia está sucediendo todo el tiempo. La gente no tiene forma de recuperarse ”, dijo Halima, una madre de 30 años con tres hijos quien fue desplazada en Somalia debido a la sequía.

Los migrantes ambientales han sido invisibles durante muchos años en los debates sobre migración y clima. Nuestro trabajo en la OIM se ha centrado durante más de 10 años en sacar a la luz los factores climáticos y ambientales y en la creación de un conjunto de pruebas que demuestren que el cambio climático afecta, directa e indirectamente, la movilidad humana.

Por lo tanto, puede parecer paradójico en este contexto no alentar el establecimiento de un estatus legal específico para el clima, paralelo al estado de las personas refugiadas existentes.

Sin embargo, aunque la evidencia disponible sobre cómo el cambio climático y la degradación ambiental afectan la movilidad humana está creciendo y es indiscutible, el enfoque actual del debate sobre el establecimiento de un estatus de refugiado climático puede conducir a un debate estrecho y sesgado, y proporcionaría solo soluciones parciales para abordar la complejidad de la movilidad humana y el cambio climático.

Los medios de comunicación están presionando una y otra vez para obtener características sobre los "refugiados ambientales" y solicitan proyecciones sobre cuántos refugiados ambientales habrá en veinte años. En contraste, algunos pequeños Estados Insulares, entre otros, dicen que no desean convertirse en refugiados ambientales; quieren poder quedarse en sus hogares, o moverse con dignidad y a través de canales regulares sin abandonar todo lo que hay detrás.

“Cuando la hierba no crece lo suficiente, aumenta el movimiento. En la primavera, muchos migrantes se mudaron del sur al norte. No hay otra forma de superar el cambio climático. Todas las personas desean sobrevivir con sus animales y llegar a un lugar donde puedan engordar su ganado ", dijo Chinbat, un pastor de Sergelen soum en Mongolia, donde los efectos adversos del cambio climático están afectando la migración de los pastores.

La imagen de los "refugiados ambientales" resuena metafóricamente para todos, ya que refleja las imágenes actuales que vemos de aquellas personas que escapan de guerras y conflictos. Con la amenaza del cambio climático, imaginamos que millones se convertirán en refugiados en el futuro.

Sin embargo, reducir el tema de la migración en el contexto del cambio climático a la condición de "refugiados ambientales" no reconoce una serie de aspectos clave que definen la movilidad humana en el contexto del cambio climático y la degradación ambiental. Aquí hay 10 de estos aspectos:

  1. La migración climática es principalmente interna: cuando la migración es interna, las personas que se mudan están bajo la responsabilidad de su propio estado, no cruzan fronteras y no buscan protección de un tercer país o a nivel internacional.
  2. La migración no es necesariamente forzada, especialmente para procesos de inicio muy lento, la migración sigue siendo una opción, incluso si está restringida, por lo que los países deben pensar primero en la gestión de la migración y los acuerdos en lugar de la protección de loas personas refugiadas.
  3. Aislar causas de migración del medio ambiente/clima es difícil, en particular de razones humanitarias, políticas, sociales, de conflicto o económicas. A veces puede ser una tarea imposible y puede llevar a procedimientos legales largos y poco realistas.
  4. Crear un estado especial de refugiado por razones relacionadas con el cambio climático podría tener los efectos opuestos de lo que se busca como solución: puede llevar a la exclusión de categorías de personas que necesitan protección, especialmente las personas migrantes más pobres que se mudan debido a un mezcla de factores y no podrían probar el vínculo con los factores climáticos y ambientales.
  5. La apertura de la Convención de Refugiados de 1951 podría debilitar el estatuto de refugiado, lo que sería trágico dado el estado de nuestro mundo donde tanta gente necesita protección debido a la persecución y los conflictos en curso.
  6. La creación de una nueva convención podría ser un proceso político terriblemente largo y complicado. Muchas respuestas pueden provenir de la gestión y la política de migración, como se destacó ya en el Diálogo Internacional sobre Migración 2011 y el Pacto Mundial recientemente adoptado para una migración segura, ordenada y regular. La Iniciativa Nansen, que se lanzó para analizar las brechas en la protección de las personas desplazadas a través de las fronteras por desastres, luego de realizar consultas temáticas y regionales, también concluyó con un documento que propone un "conjunto de herramientas" de políticas de migración en lugar de recomendar el establecimiento de un nuevo estatus para estas personas.
  7. Las discusiones sobre migración climática no deberían perder su enfoque en las medidas preventivas: el objetivo clave de nuestra generación es invertir en soluciones climáticas y ambientales para nuestro planeta para que las personas no tengan que abandonar sus hogares de manera forzada en el futuro. El Acuerdo de París ofrece un anclaje para la acción climática que considera la movilidad humana para evitar, minimizar y abordar el desplazamiento en el contexto del cambio climático.
  8. La OIM alienta el uso pleno de todos los cuerpos de leyes e instrumentos ya existentes, tanto el derecho estricto como el derecho humanitario, los derechos humanos y el derecho de refugiados, los instrumentos sobre desplazamiento interno, gestión de desastres, migración legal y otros.
  9. Los enfoques basados ​​en los derechos humanos son clave para abordar la migración climática: los estados de origen son los principales responsables de la protección de sus ciudadanos, incluso si sus países no han sido los principales contribuyentes al calentamiento global; por lo tanto, deberían aplicar enfoques basados ​​en los derechos humanos para que sus ciudadanos se muden debido a factores ambientales o climáticos.
  10. Las rutas migratorias regulares pueden proporcionar protección relevante para los migrantes climáticos y facilitar las estrategias de migración en respuesta a factores ambientales. Muchas soluciones de gestión de la migración están disponibles para responder a los desafíos planteados por el cambio climático, la degradación ambiental y los desastres en términos de movimientos migratorios internacionales y pueden proporcionar un estado para las personas que se mueven en el contexto de los impactos del cambio climático, como visas humanitarias, protección temporal, autorización de permanencia, acuerdos de libre circulación regionales y bilaterales, entre otros.

 


En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante

En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante
Categoria: Retorno y Reintegración
Autor: Laura Manzi

Relato escrito con base en el testimonio de Erick Galeas, migrante retornado.

La ida

El calor era sofocante, los soplos de aire fresco parecían haber olvidado ese punto en el mundo, donde en cada esquina permeaba una inmensa aridez. El suelo quemaba, el sol no daba tregua. Y esto no era un asunto sin importancia: Erick odiaba el calor, que solo le procuraba cansancio y debilidad.

En esos días largos con la piel tan expuesta al sol, él intentaba buscar algún lugar en la sombra para quedarse tranquilo un rato solo con sus pensamientos. Quizás pueda parecer absurdo, pero en ese momento, en vez de preocuparse y dejarse dominar por el miedo y la agitación por el viaje tan esperado, lo único en lo que podía pensar era ese suéter que tenía intención de comprar una vez llegado a los Estados Unidos. Quería vivir en un lugar frío, esto lo tenía claro, comprar muchos abrigos y bufandas, y tener las manos congeladas. ¿No era eso también parte del sueño americano? ¿Poder escapar de esa aridez y tener un armario lleno de suéters?

La ciudad de Tijuana, en México, servía de escenario a las divagaciones mentales de Erick. También era desde hace casi un mes su residencia temporal. Residencia, no casa. Erick llevaba nueve meses sin casa, desde que dejó Honduras y se puso en camino: un día en Guatemala, un mes en Chiapas, seis meses en Veracruz, luego Ciudad Juárez y ahora allí, Tijuana. Nueve largos meses custodiando el deseo de poder encontrar mejores oportunidades económicas y apoyar a su familia que se había quedado atrás, entusiasmada con la idea poder recibir unas remesas.

Para defender su deseo, Erick tuvo que pagar su viaje trabajando en lo que encontraba, muchas veces hasta dieciséis horas al día por un salario insignificante. Pero ese no era momento de desanimarse, pues al día siguiente Erick iba a cruzar la frontera mexicana hacia Estados Unidos, después de haber pagado 7 mil dólares a un coyote que prometió finalmente llevarle a su destino. Así fue como el último viaje de Erick hacia el norte empezó: temprano en la mañana, un martes cualquiera.

Ya se habrán dado cuenta que la imaginación de Erick lo llevaba a soñar despierto muy a menudo, y al empezar su viaje estuvo preguntádose, después de meses de malnutrición, cuál sería el sabor de su primera comida en Estados Unidos. Seguramente hubiera sido la comida más deliciosa de los últimos nueves meses, una comida que sabe a éxito... Y entonces ¡zas!, su ensoñación fue interrumpida de repente. Un oficial de policía de migración anuló en un instante todos los esfuerzos de Erick, que fue detenido a poco andar. Pero no era ese el final de su viaje; poco sabía él que aún le esperaban seis meses en detención: primero en California, luego en Arizona, Ohio, Louisiana y Michigan. En sus fantasía no figuraban policías ni detenidos, sin embargo esta fue la única imagen que Erick pudo capturar de Estados Unidos.

Qué rabia sentía cuando le venían a la mente los comentarios de gente que le decía ‘es fácil llegar a Estados Unidos’ y ‘es cuestión de una, máximo dos semanas.’ La falta de información verídica y adecuada había sido cómplice de su desaventura. Erick estaba cansado, desilusionado y solo. También tenía miedo, porque en los centros de detención no se encontraban solo personas migrantes buscando una vida mejor, sino uno que otro delincuente común que intimidaba a los demás, agudizando sus sentimientos de malestar. Para Erick, la única ocasión de paz eran esos pocos minutos de llamada que podía compartir con sus familiares. Les contaba que temía que las autoridades estadounidenses lo deportaran a Honduras, y en el día número 175 de su detención, eso fue precisamente lo que pasó. 

El retorno

Un sabor agridulce marcó el retorno de Erick. No haber podido realizar su anhelado sueño americano hacía que lo embargara un sentimiento de frustración, casi de vergüenza y humillación. Su sensación tan agobiante de fracaso desapareció por un momento cuando por fin pudo abrazar a su hijo, después de casi un año y medio. ‘Los niños crecen tan rápido’, pensó Erick. Pero el pequeño no era el único que había crecido en ese tiempo; él había terminado también un enorme proceso de crecimiento personal, y ahora se sabía dueño de una fuerza increíble.

Ah, y también estaba la comida hondureña, ¡eso sí que le alegró el retorno!

No fue fácil, no fue rápido, pero después de mucho andar, en un día como hoy podemos imaginar a Erick ocupándose de su tareas diarias en su empresa de artesanía en Honduras. Su pequeño taller de gestión familiar pasó a ser una empresa que mueve sus productos a nivel nacional: artesanías tipo souvenirs que incluyen una amplia muestra de barquitos, helicópteros y aviones, todo hecho en madera. Es un negocio que les permite vivir a él y a su familia con mejores condiciones económicas respecto a cuando Erick decidió aventurarse hacia Estados Unidos.

Su actividad laboral pudo florecer también gracias a la ayuda de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), que le brindó las maquinarias necesarias para su trabajo, y también al CASM (Comisión de Acción Social Menonita), cuyo curso de emprendimiento fortaleció las capacidades de gestión de Erick. El sentimiento de frustración que probó al retornar a Honduras ha ido paso a paso transformándose en una sensación de satisfacción y felicidad al ver crecer su negocio y al adquirir una mayor confianza en sí mismo, en su talento y capacidad. Los cursos de formación y el apoyo proporcionado lo ayudaron a atravesar un difícil proceso de retorno y reintegración, y empoderaron al joven migrante en su vuelta a casa.   

Erick supo construir su subsistencia económica y su realización profesional en Honduras, y entre tantas historias complejas y desafortunadas, esta es una historia con final feliz. Aún así de tanto en tanto le resulta inevitable quedarse soñando despierto pensando en cómo sería volver a viajar a Estados Unidos, esta vez de manera legal, y quedarse allí, tan solo por un día: para comer en un restaurante diferente y comprarse un grueso suéter de invierno.