En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante

En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante
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Relato escrito con base en el testimonio de Erick Galeas, migrante retornado.

La ida

El calor era sofocante, los soplos de aire fresco parecían haber olvidado ese punto en el mundo, donde en cada esquina permeaba una inmensa aridez. El suelo quemaba, el sol no daba tregua. Y esto no era un asunto sin importancia: Erick odiaba el calor, que solo le procuraba cansancio y debilidad.

En esos días largos con la piel tan expuesta al sol, él intentaba buscar algún lugar en la sombra para quedarse tranquilo un rato solo con sus pensamientos. Quizás pueda parecer absurdo, pero en ese momento, en vez de preocuparse y dejarse dominar por el miedo y la agitación por el viaje tan esperado, lo único en lo que podía pensar era ese suéter que tenía intención de comprar una vez llegado a los Estados Unidos. Quería vivir en un lugar frío, esto lo tenía claro, comprar muchos abrigos y bufandas, y tener las manos congeladas. ¿No era eso también parte del sueño americano? ¿Poder escapar de esa aridez y tener un armario lleno de suéters?

La ciudad de Tijuana, en México, servía de escenario a las divagaciones mentales de Erick. También era desde hace casi un mes su residencia temporal. Residencia, no casa. Erick llevaba nueve meses sin casa, desde que dejó Honduras y se puso en camino: un día en Guatemala, un mes en Chiapas, seis meses en Veracruz, luego Ciudad Juárez y ahora allí, Tijuana. Nueve largos meses custodiando el deseo de poder encontrar mejores oportunidades económicas y apoyar a su familia que se había quedado atrás, entusiasmada con la idea poder recibir unas remesas.

Para defender su deseo, Erick tuvo que pagar su viaje trabajando en lo que encontraba, muchas veces hasta dieciséis horas al día por un salario insignificante. Pero ese no era momento de desanimarse, pues al día siguiente Erick iba a cruzar la frontera mexicana hacia Estados Unidos, después de haber pagado 7 mil dólares a un coyote que prometió finalmente llevarle a su destino. Así fue como el último viaje de Erick hacia el norte empezó: temprano en la mañana, un martes cualquiera.

Ya se habrán dado cuenta que la imaginación de Erick lo llevaba a soñar despierto muy a menudo, y al empezar su viaje estuvo preguntádose, después de meses de malnutrición, cuál sería el sabor de su primera comida en Estados Unidos. Seguramente hubiera sido la comida más deliciosa de los últimos nueves meses, una comida que sabe a éxito... Y entonces ¡zas!, su ensoñación fue interrumpida de repente. Un oficial de policía de migración anuló en un instante todos los esfuerzos de Erick, que fue detenido a poco andar. Pero no era ese el final de su viaje; poco sabía él que aún le esperaban seis meses en detención: primero en California, luego en Arizona, Ohio, Louisiana y Michigan. En sus fantasía no figuraban policías ni detenidos, sin embargo esta fue la única imagen que Erick pudo capturar de Estados Unidos.

Qué rabia sentía cuando le venían a la mente los comentarios de gente que le decía ‘es fácil llegar a Estados Unidos’ y ‘es cuestión de una, máximo dos semanas.’ La falta de información verídica y adecuada había sido cómplice de su desaventura. Erick estaba cansado, desilusionado y solo. También tenía miedo, porque en los centros de detención no se encontraban solo personas migrantes buscando una vida mejor, sino uno que otro delincuente común que intimidaba a los demás, agudizando sus sentimientos de malestar. Para Erick, la única ocasión de paz eran esos pocos minutos de llamada que podía compartir con sus familiares. Les contaba que temía que las autoridades estadounidenses lo deportaran a Honduras, y en el día número 175 de su detención, eso fue precisamente lo que pasó. 

El retorno

Un sabor agridulce marcó el retorno de Erick. No haber podido realizar su anhelado sueño americano hacía que lo embargara un sentimiento de frustración, casi de vergüenza y humillación. Su sensación tan agobiante de fracaso desapareció por un momento cuando por fin pudo abrazar a su hijo, después de casi un año y medio. ‘Los niños crecen tan rápido’, pensó Erick. Pero el pequeño no era el único que había crecido en ese tiempo; él había terminado también un enorme proceso de crecimiento personal, y ahora se sabía dueño de una fuerza increíble.

Ah, y también estaba la comida hondureña, ¡eso sí que le alegró el retorno!

No fue fácil, no fue rápido, pero después de mucho andar, en un día como hoy podemos imaginar a Erick ocupándose de su tareas diarias en su empresa de artesanía en Honduras. Su pequeño taller de gestión familiar pasó a ser una empresa que mueve sus productos a nivel nacional: artesanías tipo souvenirs que incluyen una amplia muestra de barquitos, helicópteros y aviones, todo hecho en madera. Es un negocio que les permite vivir a él y a su familia con mejores condiciones económicas respecto a cuando Erick decidió aventurarse hacia Estados Unidos.

Su actividad laboral pudo florecer también gracias a la ayuda de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), que le brindó las maquinarias necesarias para su trabajo, y también al CASM (Comisión de Acción Social Menonita), cuyo curso de emprendimiento fortaleció las capacidades de gestión de Erick. El sentimiento de frustración que probó al retornar a Honduras ha ido paso a paso transformándose en una sensación de satisfacción y felicidad al ver crecer su negocio y al adquirir una mayor confianza en sí mismo, en su talento y capacidad. Los cursos de formación y el apoyo proporcionado lo ayudaron a atravesar un difícil proceso de retorno y reintegración, y empoderaron al joven migrante en su vuelta a casa.   

Erick supo construir su subsistencia económica y su realización profesional en Honduras, y entre tantas historias complejas y desafortunadas, esta es una historia con final feliz. Aún así de tanto en tanto le resulta inevitable quedarse soñando despierto pensando en cómo sería volver a viajar a Estados Unidos, esta vez de manera legal, y quedarse allí, tan solo por un día: para comer en un restaurante diferente y comprarse un grueso suéter de invierno.   

   

 


Venciendo las ofertas engañosas en el mundo digital

Venciendo las ofertas engañosas en el mundo digital
Categoria: Communication & Migration
Autor: Guest Contributor

“Me metí a un sitio de búsquedas de empleo en Facebook y me ofrecieron ser presentadora de un programa de televisión. Yo les seguí el juego, supuestamente eran una cadena de televisión, pero ni tenían oficina. Yo les dije que vinieran a mi oficina si querían trabajar conmigo. Dejaron de escribirme y después el perfil casualmente desapareció" cuenta Carolina (nombre ficticio), salvadoreña de 31 años, quien participó en  una sesión del Campamento Virtual sobre Migración de la campaña “Pensalo 2 Veces” de la OIM.

Ella sabía que no podía ser tan sencillo, aunque por supuesto que resultaba tentador. Hoy, Carolina confirma que tomó la decisión correcta. Los trabajos engañosos son solo una de las múltiples trampas que han proliferado en los últimos años aprovechando las redes sociales. El Informe Mundial sobre la Trata de Personas de UNODC de 2018  reconoce que estas plataformas se han convertido en medios frecuentemente utilizados por las redes de trata de personas.  

 

¿Cómo se usan las redes sociales para engañar a las personas?

Las redes sociales son espacios anónimos muy convenientes en los que tratantes de personas pueden iniciar un contacto con potenciales víctimas. Relaciones amorosas a distancia, supuestas entrevistas de trabajo y citas para visitar apartamentos son algunos engaños con los que se pueden atraer a cibernautas para pactar encuentros en persona.  

La trata de personas es ciertamente un riesgo muy importante, pero no es el único. Se calcula que menos del 60% de la actividad en internet es realizada por personas (Read, 2018). El restante 40% está ocupado por bots, encargados de dirigir tráfico a sitios engañosos o generar clics. A través de estas técnicas, muchos sitios pueden intentar ganar acceso a nuestros dispositivos y robar información sensible, como información bancaria, entre otros.

Otra forma de extorsión consiste en apoderarse de fotografías íntimas o material comprometedor para exigir dinero u algún beneficio material a las víctimas, amenazando con exhibir lo que poseen frente a su familia y amigos. Recordemos que en una red social generalmente hay una lista de nuestras personas conocidas, disponible para que cualquiera la vea.  

 

Entonces, ¿cómo podemos cuidarnos? 

Los engaños y la desinformación pueden causar daños a las finanzas, la salud y el bienestar de las personas. En el contexto de la COVID-19, estos riesgos se vuelven más visibles, pues proliferan las ofertas de curas mágicas y trabajos inesperados.  

En un sondeo realizado con 429 jóvenes de Centroamérica durante mayo 2020, el 47% mencionó a Facebook como una de sus principales fuentes informativas, mientras que 31% mencionó a la internet, en general. La prevalencia del uso de los medios digitales para obtener información resalta la importancia de contar con herramientas para discernir cuáles son fuentes confiables. 

El módulo 6 del manual Periodismo, “noticias falsas” y desinformación, publicado por la UNESCO destaca dos buenas prácticas que podemos usar cada vez que nos enfrentamos a la internet como fuente de información: 

  • Enfrentar la información con escepticismo, dudando primero y buscando confirmación luego.  
  • Dudar de las fuentes anónimas: cada vez que no sepamos la proveniencia de un mensaje, intentar encontrar quién lo publicó inicialmente será un buen ejercicio.  

En la campaña “Pensalo 2 Veces”, la OIM ha desarrollado estos y más consejos junto a jóvenes de El Salvador, Honduras y Guatemala, para que las personas tomen decisiones informadas y seguras. En el contexto de la COVID-19, desentrañar qué es verdadero y falso en internet es más importante que nunca.  

Pensalo 2 Veces es una campaña de Comunicación para el Desarrollo (C4D), creada utilizando el modelo de IOMX.  Para conocer más puedes visitar el siguiente enlace: somoscolmena.info/es/pensalo2veces