Empoderamiento de la mujer en el Caribe a través de la migración

Empoderamiento de la mujer en el Caribe a través de la migración

 

No es posible comprender la región del Caribe sin tener en cuenta la temática de la migración y sus efectos. Esta región ha experimentado, y sigue experimentando, importantes flujos migratorios que han contribuido a la configuración de las sociedades caribeñas. La feminización de la migración, la emigración de profesionales cualificados hacia los países desarrollados y la migración intrarregional son algunas de las tendencias actuales en la región.

Una investigación realizada recientemente por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional para las Migraciones sobre “El empoderamiento de la mujer y la migración en el Caribe” indican que “la migración representa una oportunidad para empoderar a las mujeres e impulsar su autonomía”. En otras palabras, las condiciones y las situaciones personales de las mujeres se muestran como factores determinantes para formar sus vidas tanto en los países de origen, como en los de tránsito o destino, y al mismo tiempo determinarán la naturaleza de sus procesos migratorios.

Esto es, sin duda, un punto que hay destacar porque una gran cantidad de población de los países del Caribe habita en Canadá (365 000), en España (280 000) y en República Dominicana (365 000); y también porque de los 4 millones de migrantes caribeños que vivían en Estados Unidos en 2013, aproximadamente 55 % eran mujeres.  Además, en países como Antigua y Barbuda, Belice, Granada, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, y Trinidad y Tobago, las mujeres representan más del 50 % de los migrantes, y en el caso de Barbados las mujeres constituyen el 60 % de la población migrante.

El concepto de empoderamiento es difícil de definir, así como la evaluación de su impacto sobre la migración. Las Naciones Unidas desarrolló cinco componentes esenciales para explicar el empoderamiento de la mujer: el sentido de autoestima de las mujeres; su derecho ejercer y determinar opciones; su derecho a tener acceso a oportunidades y recursos; su derecho a poder controlar sus propias vidas, tanto dentro del hogar como fuera de este; y su capacidad para determinar la orientación del cambio social para crear un orden económico y social más justo a nivel nacional e internacional. 

De hecho, el verdadero empoderamiento solo tendrá lugar si a las mujeres se les brinda la oportunidad de migrar a través de los canales regulares, tener acceso a empleos dignos, desarrollar competencias profesionales, y de beneficiarse de las disposiciones de admisión de las políticas de inmigración, así como del contexto socioeconómico de los países receptores. Ahora bien, si las mujeres se ven obligadas a migrar de manera irregular, ellas podrían estar sujetas a diferentes vulnerabilidades, abusos y violaciones de sus derechos humanos. Además, el miedo que tienen a ser arrestadas, detenidas o deportadas les impide recurrir a los servicios sociales o de salud.

Según las tasas de participación en el mercado laboral del Caribe, la disparidad de género en el mercado laboral sigue siendo un motivo de gran preocupación, ya que que los hombres están más activos que las mujeres en el mercado laboral. Muchas mujeres tienen empleos domésticos, por lo general donde no tienen acceso a servicios sociales básicos, y en otros casos desempeñan empleos mal remunerados como proveedoras de cuidado. Sin embargo, en otras profesiones como enfermería, medicina y docencia al extranjero, las mujeres de origen caribeño suelen migrar a los países más desarrollados principalmente por la alta demanda en estos sectores y por oportunidades de empleo mejor remuneradas.

La migración y el empoderamiento de la mujer están relacionados en cada etapa del proceso migratorio. Existen claros indicios de que la migración no solo aporta grandes beneficios para las mujeres en términos de independencia financiera, pero también en la distribución de tareas domésticas. Así como lo demuestra la investigación de la CEPAL y de la OIM: “Cuando los hombres migraron de primero y vivieron en el extranjero por un tiempo antes que sus esposas se juntaran con ellos; una vez reunidos, estos aprendieron a realizar tareas domésticas y estaban más dispuestos a ayudar a sus esposas”.

Las mujeres, independientemente de su condición migratoria, poseen derechos y los Estados son los responsables de asegurar el respeto a estos derechos. La situación migratoria actual del Caribe genera muchas interrogantes, oportunidades y desafíos, pero todavía carece de políticas y acuerdos de igualdad de género. Es por eso que el estudio previamente mencionado presenta un conjunto de recomendaciones específicas para los países de tránsito y destino, incluyendo los del Caribe, el sector privado y la comunidad internacional.

Si usted está interesado en aprender más acerca de las recomendaciones propuestas por el estudio “El empoderamiento de la mujer y la migración en el Caribe”, las puede encontrar aquí.

 

Sobre el autor:

Gustavo Segura apoya como pasante a la Unidad de Comunicaciones de la Oficina Regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe. Es comunicador y politólogo de la Universidad Lumière Lyon 2, y posee una Maestría en Relaciones Internacionales con enfoque en Cooperación Internacional y América Latina de la Universidad Sorbonne Nouvelle Paris 3. 

 


7 recomendaciones para promover la inclusión de las personas migrantes en las comunidades receptoras a través de actividades sociales y culturales.

Categoria: Pacto Mundial sobre Migración
Autor: Carlos Escobar

La promoción de actividades sociales y culturales como mecanismo para fomentar la interacción entre personas migrantes y comunidades receptoras con el objetivo de avanzar en la construcción de sociedades más justas y pacíficas, es en la actualidad una temática de especial interés dentro de los estudios, políticas y programas sobre inclusión[i] migrante y cohesión social[ii].

Tomando como referencia la Teoría de Contacto Intergrupal (IGCT por sus siglas en inglés), diferentes investigaciones sostienen que la interacción de personas de lugares y contextos diferentes, bajo las circunstancias correctas, favorece la confianza y el cambio de percepciones xenófobas o discriminatorias. De esta manera, acuerdos intergubernamentales[iii] como el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, han integrado esta perspectiva dentro de su cuerpo teórico y conceptual. En particular, el objetivo 16 “Empoderar a los migrantes y las sociedades para lograr la plena inclusión y la cohesión social”, plantea la necesidad de crear centros o programas comunitarios a nivel local para facilitar la participación de las personas migrantes en la sociedad receptora procurando que migrantes, miembros de la comunidad, organizaciones de la diáspora,  asociaciones de migrantes y autoridades locales, participen en el diálogo intercultural, el intercambio de experiencias, los programas de mentoría y la creación de vínculos empresariales que mejoren los resultados de la integración y fomenten el respeto mutuo.

A partir del análisis y revisión de distintas investigaciones, la OIM, en su publicación
The Power of Contact: Designing, Facilitating and Evaluating Social Mixing Activities to Strengthen Migrant Integration and Social Cohesion Between Migrants and Local Communities - A Review of Lessons Learned, propone una serie de recomendaciones, basadas en evidencia empírica, para incentivar la participación de las personas migrantes y las comunidades receptoras en actividades sociales y culturales.

1). Diversión y orientación hacia objetivos

Diseñar e incorporar actividades divertidas y emocionantes conduce a un ambiente más ligero y acogedor para que la gente se conozca, interactúe y cree vínculos sociales. Al mismo tiempo, establecer objetivos comunes, que ninguno de los grupos pueda alcanzar sin la participación del otro (interdependencia cooperativa), hace que las actividades sean más atractivas y participativas.

2). Apreciación mutua

Las personas participantes deben comprender, reconocer y apreciar la cultura, tradiciones e historia, como parte del proceso para salvar las diferencias, maximizando los puntos fuertes de cada uno e identificando aquellos que tienen en común. Es importante que todos los individuos estén en la capacidad de identificar cómo sus contribuciones pueden llegar a tener un impacto positivo en la consecución de los objetivos comunes.

3). Propiedad compartida

La participación de las personas migrantes y de las comunidades locales en todas las fases de las actividades aumentará su participación. Esta apropiación les empodera, eleva su autoestima y abre nuevas oportunidades de responsabilidad y compromiso.

4). Reflexión guiada

Los diálogos y actividades que permiten un cierto grado de reflexión ayudan a crear un ambiente que se percibe como de confianza, amistoso y cálido. Procesar la información y compartir historias personales y sensibles, que pueden evocar recuerdos, son de suma importancia en la medida que estén guiadas y acompañadas cuidadosamente por los (as) facilitadores o los miembros del proyecto.

5). Supervisión y facilitación de confianza

Aquellas personas responsables de las interacciones del grupo, como líderes de equipo, facilitadores, personal de proyectos o planificadores de eventos, deben desempeñar un papel activo en pro de la igualdad dentro las relaciones intergrupales y crear un ambiente inclusivo para todos y todas. Este esfuerzo deliberado es crucial para superar la tendencia natural de las personas participantes a agruparse en función de sus características y estatus más destacados.

6). Intervención sostenida y regular

No hace falta decir que cuanto más frecuente, prolongada e intensiva la participación, mejor será la actitud de cada individuo hacia los demás. Esto significa adoptar un enfoque que replantee el papel de las personas participantes, que a su vez definirán las necesidades de sus comunidades y, finalmente, tomarán parte en el diseño y organización de las intervenciones adecuadas.

7). Apoyo institucional y asociación

El apoyo de instituciones como gobiernos locales, medios de comunicación, agencias gubernamentales y organizaciones intermediarias, es fundamental para promover y facilitar los esfuerzos constructivos para fortalecer las relaciones intergrupales. La coordinación de estas instituciones crea un sistema que puede proporcionar recursos e incentivos para promover y fortalecer y fortalecer las relaciones intergrupales.

Las actividades sociales y culturales, entendidas como una estrategia de intervención programática para facilitar la inclusión de las personas migrantes en las comunidades receptoras, resultan importantes en la medida que ofrecen espacios de interacción no institucionales, en donde a través del contacto humano espontáneo, se construyen vínculos sociales basados en experiencias, historias, emociones y trayectorias de vida de las personas participantes. Esto facilita la generación de confianza entre los individuos, mayores grados de cohesión social y por supuesto, una convivencia pacífica en las comunidades, entendida esta no sólo como la ausencia de conflictos, sino también, como un proceso positivo, dinámico y participativo en el que se promueve el diálogo y se solucionan los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos, a través de la aceptación de las diferencias, la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás. (ONU, 2021).


[i] La inclusión entraña un proceso de adaptación mutua de los migrantes y las comunidades de acogida. El grado de inclusión de los migrantes depende de cada persona en particular y del contexto en que tiene lugar la adaptación. Entre los factores que influyen en el proceso de inclusión de los migrantes figuran sus características demográficas y personales (como la edad, el género, el nivel de instrucción y el conocimiento del idioma), las redes sociales, y la agencia o capacidad de actuación de cada uno (Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020, pág., 204).

[ii] En términos generales, la cohesión social puede definirse a través de las nociones de "solidaridad", "unión", "tolerancia" y "coexistencia armoniosa ". No está necesariamente relacionada con la migración y los inmigrantes, sino que se trata más bien de los lazos que unen a una comunidad a través de la confianza y las normas sociales comunes (Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020, pág., 202).

[iii] La Agenda 2030 también habla de la necesidad de trabajar en la inclusión de las personas migrantes, pero desde una perspectiva jurídica y de participación política, más específicamente en su Objetivo 16: Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas, en sus metas 16.9 y 16.7.