Desastres: el factor que desplaza internamente a más personas en América

Desastres: el factor que desplaza internamente a más personas en América

 

El Observatorio de Desplazamiento Interno (IDMC por sus siglas en inglés) publicó en mayo de 2019 su informe anual sobre el desplazamiento interno debido a conflictos y desastres. En él se detallan los nuevos acontecimientos de esta índole y se confirma la persistencia de las causas de movilidad humana forzada en términos de inestabilidad política, pobreza crónica y desigualdad, y el cambio climático y ambiental.

En términos globales, el IDMC sitúa el número total de nuevos desplazamientos en 2018 en 28 millones de personas, de las cuales 10.8 millones tuvieron que trasladarse por causa de conflictos y 17.2 millones por desastres. El desplazamiento en las Américas representa el 7.5% del total global de 2.091.000 personas (el mayor número de desplazados internos en la historia) con una clara prevalencia por la movilización por desastres (1.687.000 personas), en vez de por conflictos (404.000 personas).

 

Gráfico: Nuevos desplazamientos por desastres durante los últimos años en las Américas  (Solo los diez países con mayor número de nuevos desplazamientos agregados entre 2008 y 2018 aparecen en el gráfico. Algunos países que no están en la lista pueden tener un mayor número de nuevos desplazamientos en un año determinado. Los datos completos están disponibles en: http://www.internal-displacement.org/database/displacement-data).

 

Los países más afectados por desastres en el continente fueron Estados Unidos (1.247.000 nuevos desplazados), El Salvador (250.700) y Colombia (212.000). En Estados Unidos, cabe señalar el profundo impacto de los fuegos forestales que devastaron California en la segunda mitad del año y el efecto los huracanes Florence y Michael en Florida en agosto y octubre. Por su parte, el desplazamiento en El Salvador se origina por conflictos, mientras que Colombia sufrió de manera simultánea del impacto de desastres (67.000 desplazados) y conflictos (145.000).

Es importante recalcar que el desplazamiento por conflicto en las Américas según IDMC se concentró en 2018 en tres países: El Salvador, Colombia y México, mientras que el desplazamiento debido a desastres es geográficamente mucho más amplio, afectando a 28 países del continente.

Se espera que la mayoría de los futuros desplazamientos asociados con desastres ocurran en sectores urbanos, donde la pobreza, la inequidad y la corrupción son factores relevantes a la hora de medir el riesgo de movilización humana. Encontrar soluciones para prevenir y abordar estas situaciones requiere un enfoque multidisciplinario que conjugue la adaptación a los efectos del cambio climático, la reducción del riesgo de desastres y el desarrollo de la resiliencia de las comunidades.

El informe de IDMC detalla las fuentes utilizadas para cifrar los nuevos casos de desplazamiento en cada país, entre las que se encuentra la Matrix de Seguimiento de Desplazamiento de la OIM (DTM por sus siglas en inglés), y hace un llamado para el desarrollo de sistemas de recogida y tratamiento de la información que permitan dar un mejor seguimiento a los escenarios de desplazamiento interno. 


Volver a casa puede ser más difícil que irse: los desafíos psicosociales de ser una persona retornada

Categoria: Migración y Salud
Autor: Autor Invitado

Según la definición de la OIM, la reintegración es la reinclusión o reincorporación de una persona a un grupo o a un proceso, por ejemplo de un migrante en la sociedad de su país de origen. La reintegración es, por lo tanto, un proceso que permite al retornado participar nuevamente en la vida social, cultural, económica y política de su país de origen.

Todos los migrantes se enfrentan a los desafíos de adaptarse a las nuevas sociedades de acogida, y la identidad está en el centro de este proceso de adaptación. La experiencia de migración afecta tres aspectos de la identidad de una persona: 1) cómo es percibida por los demás; 2) factores sociales interiorizados, tales como roles y expectativas sociales relacionadas con el género, la cultura y las tradiciones; y 3) cómo la persona finalmente se ve a sí misma en términos de individualidad. Las personas retornados experimentan estos desafíos a su identidad, no solo durante el tránsito y al llegar a su destino, sino también durante el proceso de retorno y adaptación a sus comunidades de origen.

Cuando un migrante regresa a su país de origen, el proceso de reintegración estará determinado por factores tales como el tiempo que pasó en el extranjero, la cantidad de tiempo que la persona migrante había pensado que iba a ausentarse, la medida en que retuvo sus conexiones con la familia y las redes sociales en el país de origen, la medida en que se había integrado en el país anfitrión, y otros factores más estructurales como la vivienda adecuada y el empleo seguro. Muchos otros factores como estos afectan el proceso de reintegración al regresar al país de origen.

Sin embargo, la adaptación no solo trae consigo consecuencias negativas. Durante el proceso de migración, las personas aprenden y adoptan nuevas habilidades, experiencias y normas que moldean y enriquecen sus vidas. Esto también significa que su identidad cambia, muchas veces haciendo malabarismos con las identidades transnacionales que combinan partes de lo que solían ser y lo que son ahora, después de su experiencia migratoria. Todos estos factores dificultan que los migrantes retornados se adapten a su comunidad de origen, ya que existe una ruptura entre quiénes son ahora y quiénes se espera que sean según las personas que los conocieron antes de emigrar. En este sentido, la exclusión social es un gran riesgo para el bienestar emocional de los migrantes que regresan, ya que se asocia con consecuencias psicológicas negativas, como la depresión y la ansiedad, y puede afectar negativamente sus medios de vida y la sostenibilidad de su retorno.

Los retornados también deben hacer frente a una estructura de apoyo modificada en su comunidad de retorno. Las redes familiares y sociales de un retornado a menudo cambian mientras la persona migrante está en el extranjero, especialmente después de largos períodos. También es común que las personas pierdan su sentido de pertenencia, lo cual dificulta su adaptación. Por lo tanto, los retornados a menudo necesitan reconstruir sus redes, que son esenciales para el capital social, la información, las redes de seguridad y el acceso al mercado laboral.

Los niños y adolescentes migrantes también enfrentan desafíos específicos para regresar a países en los que nunca han vivido o no recuerdan después de años de vivir en el extranjero, por ejemplo, no estar familiarizados con el idioma y la cultura, y no tener redes de apoyo.

Otro factor importante es la forma en que los retornados a menudo son percibidos cuando regresan. Muchos retornados, independientemente de si regresaron voluntariamente o no a sus países de origen, experimentan discriminación a su regreso, o son estigmatizados erróneamente como delincuentes deportados, lo que dificulta su reintegración. El retorno también puede verse como un fracaso, especialmente al no volver con el dinero o ganancias que se esperaban.

Estos desafíos pueden llevar a sentimientos de frustración, inquietud, vergüenza y miedo, causando ansiedad y estrés en los migrantes que regresan. Estas consecuencias psicológicas comunes afectan negativamente su capacidad para enfrentar otros desafíos importantes del proceso de reintegración, como encontrar un trabajo. Los retornados que tienen acceso a soporte psicosocial probablemente tengan un tiempo más fácil para sobrellevar los impactos del retorno, tanto antes como después del retorno real. Esto es especialmente importante para los migrantes que forman parte de grupos vulnerables o que han sido víctimas de violencia.

Una parte esencial del enfoque de Retorno voluntario asistido y reintegración (AVRR por sus siglas en inglés) de la OIM es la sostenibilidad. La reintegración puede considerarse sostenible cuando los retornados alcanzan niveles de autosuficiencia económica, estabilidad social dentro de sus comunidades y bienestar psicosocial, lo que les permite hacer frente a los impulsores de la (re) migración. Una vez lograda la reintegración sostenible, los retornados pueden tomar decisiones de migración adicionales basadas en elección en vez de necesidad.

De acuerdo con el Marco AVRR, la reintegración sostenible se puede facilitar cuando las necesidades se abordan en 3 niveles diferentes: individual, comunitario y estructural. Esto significa que, en el caso de apoyo psicosocial, se deben implementar diferentes actividades en diferentes niveles. Algunos ejemplos incluyen la provisión de información acerca de los servicios disponibles para ellos, la mediación familiar y el apoyo grupal, sesiones de asesoramiento cuando el sufrimiento emocional es evidente y referencias a atención especializada de salud mental cuando sea necesario; el fortalecimiento de la capacidad técnica de socios gubernamentales, no gubernamentales y de la sociedad civil identificados a nivel estructural también es relevante para garantizar que los migrantes que regresan tengan fácil acceso a servicios sociales y de salud que facilitarán su reintegración.

Los gobiernos, las organizaciones y otrros actores deben centrarse en desarrollar programas de reintegración que respondan a las necesidades de estas poblaciones, mientras apoyan a los retornados para que puedan vivir sus vidas en su máximo potencial y tengan vínculos sanos y duraderos con sus comunidades, contribuyendo así al bienestar y crecimiento individual y colectivo.