¿Cómo han cambiado los retornos voluntarios asistidos en Centroamérica durante la pandemia?

¿Cómo han cambiado los retornos voluntarios asistidos en Centroamérica durante la pandemia?

Desde 1979 la OIM ha apoyado a alrededor de 1,3 millones de migrantes alrededor del mundo a través el Programa de Retorno Voluntario Asistido (RVA). El programa se enfoca en personas migrantes que desean regresar a su país de origen pero que no cuentan con los medios para hacerlo. Entre la población migrante que puede acceder a este programa se encuentran solicitantes de asilo cuya aplicación fue rechazada, víctimas de trata de personas, migrantes varados y otros grupos vulnerables, como los menores no acompañados, entre otros.

Para que un RVA sea posible es necesario que se cumplan 7 principios: el carácter voluntario; la respuesta centrada en las personas migrantes; el asegurar un retorno seguro; velar por una reintegración sostenible; la confidencialidad de los datos; los diálogos y alianzas con actores pertinentes; y que el programa sea basado en datos empíricos. En Centroamérica, el Programa RVA actualmente se implementa desde Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice hacia el resto de las Américas y en algunos casos, a países extrarregionales.

Al inicio de la pandemia el RVA fue momentáneamente suspendido debido a las restricciones de movilidad, pero en colaboración con estados y aliados pudo ponerse en marcha nuevamente como un mecanismo de respuesta humanitaria para asistir a migrantes varados por la pandemia. Si bien los principios del RVA no varían durante el brote de la COVID-19, sí se han tenido que implementar nuevas medidas en los procesos para hacer posibles los retornos.

 

Cambios en los procesos

1. Uno de los cambios más evidentes con el proceso del RVA durante la pandemia es que el personal ya no puede estar en campo. Si bien antes colocaban estaciones informativas en puntos cerca de ciertas fronteras donde las personas migrantes decidían sin continuar o no con el duro camino hacia el norte del continente, ahora las solicitudes para retornar son referidas por las diferentes contrapartes y socios, por la sociedad civil, albergues y gobiernos (a través de los consulados). En muchos otros casos son las personas migrantes quienes directamente escriben a las redes sociales de la OIM solicitando el apoyo para regresar a sus países de origen.

2. A raíz de esta misma referenciación, en vez del primer contacto cara a cara que solía haber antes de la pandemia, ahora la OIM solicita un formulario de pre-registro que funciona como una expresión de interés en retornar de parte de la persona migrante. En este documento se anota la situación del país en el que se encuentra, su situación actual allí, incluyendo si hay alguna vulnerabilidad, y el por qué desea aplicar al RVA. Este formulario no es una garantía de que el retorno se vaya a realizar, pues durante el brote de COVID-19 algunos países mantienen el territorio totalmente cerrado durante la pandemia, incluso para sus nacionales.

3. El siguiente paso es el asesoramiento o consejería hacia las personas migrantes que están interesadas en retornar para que puedan tomar la decisión de manera informada y atender sus dudas. El asesoramiento, antes presencial, se realiza actualmente de manera virtual a raíz de la pandemia.

4. De manera paralela con el asesoramiento se realiza el análisis de la información provista en los formularios de pre-registro: se revisa el país a dónde se está solicitando el retorno y las restricciones de movimiento que hay en dicho estado, de manera que se puedan evaluar opciones con la embajada respectiva, o en caso de no haber con la oficina de OIM local. Una vez las autoridades migratorias y de salud den luz verde para el movimiento entre países, se define si este se hará vía terrestre o aérea, tomando en consideración nuevamente los cierres de frontera debido al virus, y se procede a contactar a las personas migrantes para informarles y coordinar próximos pasos.

5. A continuación se realiza una entrevista con la persona migrante que sirve como filtro para determinar, entre otras cosas que no haya un riesgo inminente a su seguridad si retorna a su país de origen, así como su situación en el país en el que se encuentra actualmente. Si se determina que existe un peligro o amenaza al retornar se le refiere a las autoridades de protección y/o al ACNUR. Si la persona decide que prefiere regularizar su situación en el país en el que se encuentra (en caso de que le faltaran documentos), se le refiere a la autoridad de migración competente. Estas entrevistas, antes presenciales, son realizadas virtualmente durante la pandemia.

Si por el contrario, la persona sí resulta elegible para el retorno, se le brindan dos formularios para su información y firma: el que reafirma la voluntariedad del regreso (documento que ya existía antes de la pandemia); y el formulario sobre los protocolos de salud que se llevarán a cabo durante el proceso de retorno, documento directamente relacionado con el brote de COVID-19 y que incluye por ejemplo información sobre los protocolos de salud, incluyendo la cuarentena, a la que estarán sujetas las personas a su regreso (las medidas varían de país en país).

6. Una vez que la persona migrante firme ambos documentos, se inicia el plan de retorno. El mismo cuenta con cuatro áreas: documentación; modalidad de viaje (antes realizados mayormente vía terrestre, pero ahora muchas veces vía área en aras de resguardar mejor la salud de todas las personas implicadas); revisión médica (la cual ya existía antes de la pandemia, pero que ahora incluye revisión y detección de posibles síntomas asociados a la COVID-19); y asistencia básica de alimentación, alojamiento, salud e higiene mientras se procesa el RVA.

7. Se concreta el RVA. Anteriormente las personas migrantes eran escoltadas por personal de la OIM, pero debido a las restricciones a la movilidad durante la pandemia se ha tenido que cambiar dicho protocolo. Las personas migrantes reciben equipo de protección personal tales como guantes, mascarillas, gel, así como alimentos y en los casos que se requiera, medicamentos. La recepción es coordinada por la oficina local de la OIM, y en caso de que el personal no pueda recibir personalmente a las personas beneficiarias, se coordina con las autoridades en los países de origen. Anteriormente se les brindaba una asistencia post-arribo inmediata y única, sin embargo durante la pandemia se ha extendido esta asistencia por 14 días, incluyendo alimentos, productos de higiene y salud para garantizar una cuarentena digna.

8. Finalmente la OIM realiza un monitoreo de casos, mismo que también debe contar con el consentimiento y voluntariedad de las personas migrantes, el cual se realiza máximo un mes después del arribo. Antes se consideraban visitas domiciliares, pero ahora se gestiona vía telefónica, por Whatsapp, o por redes sociales. El proceso de reintegración se trabaja refiriendo a las personas migrantes a los programas pertinentes de parte del gobierno y aliados. De igual manera, el programa RVA apoya a programas institucionales existentes para fortalecer la oferta y acceso a los servicios de reintegración.

 

Cambio en los perfiles

  • Antes de la pandemia: Se percibía menos interés por parte de las personas migrantes en acercarse al programa de RVA, pues la expectativa siempre era llegar al país de destino elegido al ser Centroamérica parte de su ruta migratoria, y en general se acercaban a la OIM cuando ya no era factible continuar con el tránsito debido a problemas de dinero o endurecimiento de las medidas en frontera. También solicitaban apoyo al RVA las personas que solicitaban refugio en Estados Unidos pero eran transferidas a Guatemala a través del Acuerdo de Cooperación de Asilo entre ambos países; muchas veces estas personas migrantes preferían regresar a su país de origen, que a otro país de la región. En general era más complejo identificar a las personas migrantes interesadas, sin embargo más sencillo realizar el proceso de retorno.

 

  • Durante la pandemia: Muchas de las personas migrantes que solicitan el RVA son aquellas que quedaron varadas, así como aquellas que ya radicaban en un país de destino (regular o irregularmente) pero que perdieron su trabajo y buscan regresar para estar con su familia durante el brote de COVID-19. En general es más sencillo identificar a las personas que desean retornar, pero es más complejo realizar el proceso de retorno a raíz de las restricciones por la pandemia.

Si le interesa recibir apoyo por parte del programa de Retorno Voluntario Asistido de la OIM desde Centroamérica puede realizar en las redes sociales:

Facebook Guatemala

Facebook OIM Honduras

Facebook OIM El Salvador

Facebook OIM Belice

 


7 recomendaciones para promover la inclusión de las personas migrantes en las comunidades receptoras a través de actividades sociales y culturales.

Categoria: Pacto Mundial sobre Migración
Autor: Carlos Escobar

La promoción de actividades sociales y culturales como mecanismo para fomentar la interacción entre personas migrantes y comunidades receptoras con el objetivo de avanzar en la construcción de sociedades más justas y pacíficas, es en la actualidad una temática de especial interés dentro de los estudios, políticas y programas sobre inclusión[i] migrante y cohesión social[ii].

Tomando como referencia la Teoría de Contacto Intergrupal (IGCT por sus siglas en inglés), diferentes investigaciones sostienen que la interacción de personas de lugares y contextos diferentes, bajo las circunstancias correctas, favorece la confianza y el cambio de percepciones xenófobas o discriminatorias. De esta manera, acuerdos intergubernamentales[iii] como el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, han integrado esta perspectiva dentro de su cuerpo teórico y conceptual. En particular, el objetivo 16 “Empoderar a los migrantes y las sociedades para lograr la plena inclusión y la cohesión social”, plantea la necesidad de crear centros o programas comunitarios a nivel local para facilitar la participación de las personas migrantes en la sociedad receptora procurando que migrantes, miembros de la comunidad, organizaciones de la diáspora,  asociaciones de migrantes y autoridades locales, participen en el diálogo intercultural, el intercambio de experiencias, los programas de mentoría y la creación de vínculos empresariales que mejoren los resultados de la integración y fomenten el respeto mutuo.

A partir del análisis y revisión de distintas investigaciones, la OIM, en su publicación
The Power of Contact: Designing, Facilitating and Evaluating Social Mixing Activities to Strengthen Migrant Integration and Social Cohesion Between Migrants and Local Communities - A Review of Lessons Learned, propone una serie de recomendaciones, basadas en evidencia empírica, para incentivar la participación de las personas migrantes y las comunidades receptoras en actividades sociales y culturales.

1). Diversión y orientación hacia objetivos

Diseñar e incorporar actividades divertidas y emocionantes conduce a un ambiente más ligero y acogedor para que la gente se conozca, interactúe y cree vínculos sociales. Al mismo tiempo, establecer objetivos comunes, que ninguno de los grupos pueda alcanzar sin la participación del otro (interdependencia cooperativa), hace que las actividades sean más atractivas y participativas.

2). Apreciación mutua

Las personas participantes deben comprender, reconocer y apreciar la cultura, tradiciones e historia, como parte del proceso para salvar las diferencias, maximizando los puntos fuertes de cada uno e identificando aquellos que tienen en común. Es importante que todos los individuos estén en la capacidad de identificar cómo sus contribuciones pueden llegar a tener un impacto positivo en la consecución de los objetivos comunes.

3). Propiedad compartida

La participación de las personas migrantes y de las comunidades locales en todas las fases de las actividades aumentará su participación. Esta apropiación les empodera, eleva su autoestima y abre nuevas oportunidades de responsabilidad y compromiso.

4). Reflexión guiada

Los diálogos y actividades que permiten un cierto grado de reflexión ayudan a crear un ambiente que se percibe como de confianza, amistoso y cálido. Procesar la información y compartir historias personales y sensibles, que pueden evocar recuerdos, son de suma importancia en la medida que estén guiadas y acompañadas cuidadosamente por los (as) facilitadores o los miembros del proyecto.

5). Supervisión y facilitación de confianza

Aquellas personas responsables de las interacciones del grupo, como líderes de equipo, facilitadores, personal de proyectos o planificadores de eventos, deben desempeñar un papel activo en pro de la igualdad dentro las relaciones intergrupales y crear un ambiente inclusivo para todos y todas. Este esfuerzo deliberado es crucial para superar la tendencia natural de las personas participantes a agruparse en función de sus características y estatus más destacados.

6). Intervención sostenida y regular

No hace falta decir que cuanto más frecuente, prolongada e intensiva la participación, mejor será la actitud de cada individuo hacia los demás. Esto significa adoptar un enfoque que replantee el papel de las personas participantes, que a su vez definirán las necesidades de sus comunidades y, finalmente, tomarán parte en el diseño y organización de las intervenciones adecuadas.

7). Apoyo institucional y asociación

El apoyo de instituciones como gobiernos locales, medios de comunicación, agencias gubernamentales y organizaciones intermediarias, es fundamental para promover y facilitar los esfuerzos constructivos para fortalecer las relaciones intergrupales. La coordinación de estas instituciones crea un sistema que puede proporcionar recursos e incentivos para promover y fortalecer y fortalecer las relaciones intergrupales.

Las actividades sociales y culturales, entendidas como una estrategia de intervención programática para facilitar la inclusión de las personas migrantes en las comunidades receptoras, resultan importantes en la medida que ofrecen espacios de interacción no institucionales, en donde a través del contacto humano espontáneo, se construyen vínculos sociales basados en experiencias, historias, emociones y trayectorias de vida de las personas participantes. Esto facilita la generación de confianza entre los individuos, mayores grados de cohesión social y por supuesto, una convivencia pacífica en las comunidades, entendida esta no sólo como la ausencia de conflictos, sino también, como un proceso positivo, dinámico y participativo en el que se promueve el diálogo y se solucionan los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos, a través de la aceptación de las diferencias, la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás. (ONU, 2021).


[i] La inclusión entraña un proceso de adaptación mutua de los migrantes y las comunidades de acogida. El grado de inclusión de los migrantes depende de cada persona en particular y del contexto en que tiene lugar la adaptación. Entre los factores que influyen en el proceso de inclusión de los migrantes figuran sus características demográficas y personales (como la edad, el género, el nivel de instrucción y el conocimiento del idioma), las redes sociales, y la agencia o capacidad de actuación de cada uno (Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020, pág., 204).

[ii] En términos generales, la cohesión social puede definirse a través de las nociones de "solidaridad", "unión", "tolerancia" y "coexistencia armoniosa ". No está necesariamente relacionada con la migración y los inmigrantes, sino que se trata más bien de los lazos que unen a una comunidad a través de la confianza y las normas sociales comunes (Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020, pág., 202).

[iii] La Agenda 2030 también habla de la necesidad de trabajar en la inclusión de las personas migrantes, pero desde una perspectiva jurídica y de participación política, más específicamente en su Objetivo 16: Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas, en sus metas 16.9 y 16.7.