Coco, el trabajo infantil y la niñez migrante (sin spoilers)

 

La mayoría de quienes la han visto aseguran que es imposible no llorar. Coco, estrenada en el 2017, es una película animada sobre un niño mexicano de 12 años (Miguel) que sueña con ser músico. Ahora bien, el motivo de esta entrada no es hablar sobre todo lo que sucede en este hermoso filme (ni mucho menos arruinar la historia para quienes no la han visto aún), pero sí de un pequeño dato de esta historia que nos puede ayudar a introducir mejor el tema del trabajo infantil y sus implicaciones para la niñez migrante.

La película muestra como Miguel ha aprendido del negocio familiar: el calzado. Él colabora con su familia y, aunque no se muestra mucho detalle sobre esta parte de su vida, a primera vista no pareciera que su ayuda haciendo zapatos calificara como trabajo infantil. Sin embargo, comúnmente se define como “trabajo infantil” aquel que priva a los niños y niñas de su (1) potencial, (2) su dignidad y (3) su niñez, lo cual deviene en afectaciones para su desarrollo físico y psicológico. ¡He aquí la clave! Miguel no quería dedicarse al negocio familiar, ni lo disfrutaba, ¡quería invertir su tiempo en convertirse en músico! Claramente, el trabajo realizado en este caso representaba un obstáculo para su potencial como músico, una falta a su dignidad como un ser humano con preferencias,  y un ataque a su niñez cuando su familia le prohibió tan siquiera tener una guitarra.

Afuera de “Coco”, en el mundo real, para muchos niños y niñas la realidad puede ser mucho más dura que la obstaculización hacia la música que sufrió Miguel, particularmente cuando hablamos de niñez migrante. Al igual que para los adultos, la migración puede ser una experiencia positiva para  las niñas y los niños si se lleva a cabo de manera regular, segura y ordenada; incluso puede representar una mejora en su calidad de vida. Asimismo, migrar es una solución para muchos de ellos cuando deben escapar de contextos de violencia, crisis, desastres naturales o la amenaza de un matrimonio forzado. No obstante, cuando la niñez migra de forma irregular y/o no acompañada, se pueden generar condiciones de alta vulnerabilidad para esta población.

Por otro lado, el trabajo infantil no permite el adecuado desarrollo integral de los niños, ya que les limita sus derechos fundamentales como la educación e incluso el derecho al juego y la recreación. Cuando la migración infantil se da con fines laborales y de forma irregular, los riesgos son aún mayores. Muchos de ellos no viajan con la respectiva documentación o con una falsa, lo cual les obliga a aceptar ofertas de trabajo en condiciones deplorables. Durante su movilización, es posible que reciban ofertas laborales cuyas condiciones pactadas son  luego cambiadas cuando llegan al país de destino (trabajan más horas, reciben menos dinero, son trabajos riesgosos para la salud, etc.).

Según estimaciones de la Organización Internacional para el Trabajo (OIT), en el año 2016 se registran 152 millones de menores en trabajo infantil en todo el mundo, de los cuales 73 millones se encontraban en la condición de “trabajo peligroso”. El 70,9 % se dedicaba a la agricultura, sector de la economía que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos ha definido como una de las ocupaciones más peligrosas para los niños. Muchos de esos niños y niñas son migrantes irregulares que además pueden carecer del  acceso a los servicios básicos debido a su estatus migratorio.

El caso de Guatemala.

Con el fin de entender mejor las consecuencias del trabajo infantil en la niñez migrante es interesante observar el caso de un país de nuestra región: Guatemala, en donde una parte de la niñez guatemalteca migra de forma no acompañada hacia México y los Estados Unidos. Un estudio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la OIT y el Gobierno de Guatemala indagó en la relación de la niñez migrante retornada con el trabajo infantil. El estudio indica que entre los principales motivos de la migración de esta población se encontraba la búsqueda de trabajo.

Motivos de la migración

Otro hallazgo determinó que “más del 90% de la niñez y adolescencia migrante no acompañada retornada a Guatemala no cumple con la escolaridad esperada. Este porcentaje es mayor para el grupo que realizaba algún tipo de trabajo, lo cual sugiere que el tiempo dedicado a actividades productivas limita la posibilidades de desarrollo integral de esta población”.

La Agenda 2030.

No nos puede quedar duda que como humanidad debemos velar por la completa erradicación del trabajo infantil, tal como se ha establecido en la meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: “…asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, de aquí a 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”; y también se refuerza en la meta 16.2: “Poner fin al maltrato, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura contra los niños”.

Si no lo han hecho, vean Coco para descubrir cómo Miguel encontró su camino hacia la música. Trabajemos para que ni el trabajo ni ninguna otra cosa, prive a los niños y niñas de su potencial, su dignidad y su niñez.  

 

 

   Sobre el autor:

Jean Pierre Mora Casasola es comunicador de la Oficina Regional para Centro, Norte América y el Caribe de la OIM. Además, se ha desempeñado como asesor en comunicación en diferentes organizaciones sociales y como consultor de la División de Capacidad Institucional del Estado y el Laboratorio de Ideas del Banco Interamericano de Desarrollo –BID –. Es publicista y técnico en comunicación corporativa de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología –Ulacit-, cursa actualmente un Bachillerado en Relaciones Internacionales del mismo centro de estudios. Twitter: @jeanpierremora 

 


Tráfico de migrantes, trata de personas, trata de blancas, ¿cuál es la diferencia?

Tráfico de migrantes, trata de personas, trata de blancas, ¿cuál es la diferencia?
Categoria: Protección y Asistencia a Migrantes
Autor: Autor Invitado

Tráfico de migrantes, trata de personas e incluso trata de blancas: a menudo escuchamos estas expresiones siendo utilizadas como sinónimos, cuando en realidad guardan significados bien diferentes. Empecemos por eliminar uno, la “trata de blancas”.

El término “trata de blancas” es usado en diferentes momentos de la historia, pero se encuentra totalmente desactualizado, pues solo hace referencia a la explotación sexual de “mujeres de piel blanca”. El problema de utilizar esta expresión es que puede dar a entender que solo las mujeres con ciertas características pueden ser víctimas de trata (un concepto racista), y que el único fin de la trata es la explotación sexual, cuando la realidad es mucho más amplia. Esto nos lleva al segundo y correcto concepto, la “trata de personas”.

La “trata de personas” son todas aquellas formas de explotación para el beneficio de un tercero, como la servidumbre por deudas, el trabajo infantil, el trabajo forzado, el matrimonio forzado, la mendicidad forzada y la extracción de órganos. En la ley internacional se deja incluso un poco abierto el término según el contexto, pues periódicamente aparecen nuevas formas en las que una persona o grupo de personas fuerza a otra a realizar acciones contra su voluntad para lograr algún beneficio. Se trata de una forma de esclavitud moderna y puede ocurrir tanto a lo interno de un país como internacionalmente.

De acuerdo con el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, hay tres elementos que se tienen que cumplir para caracterizar un crimen como de trata de personas:

  • La acción: Es decir, que el crimen sea realizado por redes organizadas, aunque no sean grandes, donde se evidencia que se realizaron acciones con la intención de facilitar la explotación de otra persona, como captarla, enviarla o recibirla.
  • Los medios: Los medios es el cómo los criminales logran realizar la trata, por ejemplo, a través de engaños y mentiras, fuerza, violencia, abuso de la vulnerabilidad de la otra persona, etc.
  • La explotación: Que es propiamente el abuso de otra persona en beneficio de un tercero.

Cada uno de estos tres elementos está compuesto de muchas posibles acciones, pero con que se realice una acción de cada elemento, estamos frente a un caso de trata de personas.

Finalmente está el término “tráfico ilícito de migrantes”, el cual se refiere a apoyar el traspaso ilegal de una frontera, como lo hacen por ejemplo los coyotes. La gran diferencia entre “tráfico” y “trata” radica en que el tráfico atenta contra las leyes del Estado al que se ingresa irregularmente, mientras que la trata atenta contra los derechos humanos de una persona. El delito de tráfico de migrantes se caracteriza por:

  • La facilitación de la entrada ilegal de una persona a otro país.
  • La creación o suministro de un documento de identidad o pasaporte falso.
  • La habilitación, por medios ilegales, de la estadía permanente de un no-nacional o no-residente.

Es claro que ambas acciones, el tráfico y la trata, están a menudo relacionadas, pues el tráfico coloca a las personas en situaciones de vulnerabilidad que pueden desencadenar un proceso de trata de personas. El hecho de que ambos delitos estén incluidos dentro de Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (también conocido como Convención o Protocolo de Palermo), también puede generar confusión y llevar a creer que son lo mismo, pero no lo son.

Para conocer más sobre los peligros y características del delito de trata de personas, recomendamos visitar la campaña IOMX.