7 formas de entender la comunicación para huirle al monólogo organizacional

Todas las personas tenemos cosas que decir y creemos que estas son las más importantes. Las organizaciones suelen repetir este patrón: tienen una agenda de cosas por informar, las publican y aseguran que han hecho comunicación.

En organizaciones internacionales, ONGs o instituciones públicas que trabajan en el amplio mundo de los derechos humanos y particularmente en asuntos relacionados a movilidad humana, responder acertadamente a las necesidades de las poblaciones afectadas debe ser el objetivo de todo lo que se realice, por tanto, es vital huirle al monólogo institucional.  Independientemente si se trabaja en un enfoque de construcción de capacidades, política pública o asistencia directa, colocar a las poblaciones afectadas en el centro de la intervención es la única forma de realizar un trabajo eficiente y sostenible.

Existen diferentes enfoques teóricos y prácticos para guiar este proceso, entre ellos la “Rendición de cuentas con poblaciones afectadas” (AAP, o, “Accountability to Affected Populations”) y la “Comunicación con comunidades” (CwC, o, “Communication with communities”). Estos términos usualmente son combinados o intercambiados con la “participación comunitaria” (community engagment), comunicación humanitaria, comunicación para el desarrollo, comunicación de riesgos y la participación comunitaria (Risk Communication and Community Engagement: RCCE), entre otros. (Más información aquí).

A pesar de los diferentes enfoques con los que se puede trabajar el tema, existen algunos elementos comunes sobre cómo puede entenderse y trabajarse la comunicación para guiar hacia enfoques más participativos y estratégicos:

1. Comunicación como derecho

El acceso a la información necesaria, en el momento oportuno y en el idioma adecuado, es un derecho humano fundamental que puede ayudar a salvar vidas. Sin información, las comunidades no pueden acceder a los servicios, conocer los riesgos de un contexto o tomar decisiones informadas. Las redes de trata y tráfico, por ejemplo, utilizan los rumores y la desinformación para engañar a las personas. Entender y posicionar que la comunicación es tan vital como los alimentos, el agua, el refugio y los medicamentos es el primer paso.

2. Comunicación como proceso y no como producto

Generalmente en las dinámicas organizacionales la comunicación se da como un proceso reactivo en el trabajo cotidiano y no es vista como elemento proactivo ni estratégico. La comunicación se reduce a la creación de productos comunicacionales, y en temas tan complejos como la migración este enfoque es vital. Las decisiones relacionadas a migración de las personas difícilmente se verán impactadas por un producto de comunicación aislado, se requieren procesos que contemplen una diversidad de factores.

3. Comunicación basada en evidencia

La comunicación sobre migración debe partir de las necesidades de información del público meta y no de la agenda de las organizaciones. Incluso en situaciones de emergencia, el primer paso debe ser evaluar las necesidades. Todas las decisiones de fondo y forma deberían basarse en el conocimiento e inclusión de la población y todas las variables relacionadas a sus necesidades de comunicación, acceso a canales de información y capacidades para ser parte de las actividades y soluciones.

4. Comunicación inclusiva, apropiada y participativa

Un análisis adecuado de la población y sus dinámicas es clave para que la comunicación se de manera respetuosa y contextualizada. La comunicación debe atender eficazmente las necesidades de distintos grupos y diversificar los canales de distribución y formatos, particularmente cuando hablamos de poblaciones en movimiento y/o en condiciones de vulnerabilidad. Es indispensable garantizar la comprensión y el respeto del idioma, las culturas y las costumbres locales, para esto se recomiendan actividades de validación previa y de construcción participativa de productos.

5. Comunicación de doble vía

Poner a las poblaciones objetivo en el centro de toda intervención es posible únicamente cuando existe un esfuerzo planificado y consciente por mantener un diálogo. Esto implica mecanismos colectivos para buscar sus opiniones de manera que las personas tengan siempre la oportunidad para informar, influenciar, comentar y criticar acciones, proyectos y servicios.  Es importante ir más allá de tener un buzón de sugerencias o un perfil de Facebook y realmente promover como parte del trabajo cotidiano una escucha activa con las poblaciones. Encuentre aquí recursos para trabajar mecanismos de retroalimentación y manejo de rumores.

6. Comunicación transparente

Es importante que las organizaciones e instituciones se entiendan como actores en el ecosistema comunitario y el contexto general, nunca como el centro de todo. A partir de ahí se debe trabajar por garantizar que la población tenga un conocimiento transparente sobre el rol, los objetivos y limitaciones de la organización. Esta transparencia será recompensada con confianza, que es la base de cualquier vínculo.

7. Comunicación coordinada

¡Todo comunica! Tanto el desplegable informativo como el trato en una ventanilla de servicios, las organizaciones no deben desligar lo que dicen en sus productos de comunicación con lo que dicen con su comportamiento. La coordinación entre lo que se dice formal e informalmente, literal e implícitamente es clave para que al final del día puedan darse procesos de comunicación efectivos.

Estas 7 formas de abordar el tema le ayudarán a transformar la comunicación en un valioso activo para lograr sus objetivos. Finalmente, para evaluar en qué medida sus proyectos o actividades incorporan enfoques participativos puede utilizar el CwC/AAP Marker realizado por la Oficina del Enviado Especial del Director General de la OIM para la Respuesta Regional a la Situación de Venezuela (2021).  


Cómo parar el flujo de información falsa: Recomendaciones para aprender a reconocer la desinformación

Categoria: Comunicación & Migración
Autor: Autor Invitado

En una de mis clases de filología en la universidad, recuerdo que un profesor estuvo explicándonos el uso de la ‘hipérbole’ en literatura. Este recurso literario es, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, ‘una exageración o disminución excesiva de aquello de que se habla, como relato o circunstancia’. Por ejemplo, en uno de sus poemas más célebres, Gabriela Mistral escribe: ‘Hay besos misteriosos que han dejado / mil sueños errantes y perdidos’, donde ‘mil’ no es una cifra real, sino una exageración que la poeta adopta para dejar transpirar esta sensación de abundancia, desesperación, abandono.  

Y como en literatura, así suede en nuestras conversaciones diarias. ¿Cuántas veces nos quejamos porque ‘llevo esperando siglos’ o ‘te he llamado un millón de veces’? La hipérbole es parte de nuestro lenguaje cotidiano, es culturalmente entrelazada en nuestras discusiones, comentarios y enunciaciones.  

Sin embargo, también puede transmutarse en una herramienta y costumbre perjudicial cuando facilita la creación y difusión de desinformación, a través de frases de personas, comentarios en las redes sociales o hasta afirmaciones en los medios. Eso es ocasionado, por ejemplos, por reportes en los medios que mencionan números exagerados y falsos acerca de las personas migrantes en un determinado país, aumentando las cifras acerca de ayudas o gastos estatales, o comparando datos entre países sin saber cómo interpretarlos y enseñarlos y sin tener en cuenta otros factores como la densidad de población, la posición geográfica, entre otros.  

De esta manera, la hipérbole se transforma en un recurso tan dañino para las personas migrantes, que a menudo protagonizan estas exageraciones y son víctimas de acusaciones xenófobas o de denominaciones como ‘invasores’ o ‘ladrones de trabajos’. 

El uso de la hipérbole, de términos cargados y de un lenguaje inapropiado es solamente uno de los aspectos que nos ayudan a identificar algún tipo de información errónea o no exactamente precisa. Según una guía proporcionada por Verified - una iniciativa de las Naciones Unidas que invita a comprobar y averiguar la información antes de compartirla - existen otros factores que permiten esclarecer la naturaleza de la información, identificando qué contenido es real y qué es falso. Entre los elementos relativos a la información compartida en los medios, podemos destacar:  

  • Las fuentes: algunas noticias de prensa pueden mencionar reportes de otros medios para respaldar sus argumentos; en este caso, es recomendable consultar la fuente primaria, para controlar si la información ha sido citada en manera verídica y si el periodico o la página web de referencia se destacan por ser lo más imparciales posible o si suelen ser caracterizados por opiniones más que por hechos. De la misma manera, si un artículo hace referencia a organizaciones o personas terceras, es una buena práctica consultar también la página web o el perfil de quienes son citados, para averiguar si las afirmaciones coinciden entre ellas. En general, si una noticia es difundida por una única fuente (periódico, página web, persona) puede ser indicador de que la información es falsa o engañosa.   
  • La fecha de publicación: la información compartida ayer podría ser muy diferente respecto al panorama de hoy, sobre todo durante la pandemia, en la cual hemos experimentado cómo el escenario cambia de un día a otro. Las personas - políticos, periodistas, entre otros - que utilizan información no reciente para argumentar sus posiciones y opiniones, retratan una situación no verídica porque no es actual y despistan su audiencia, receptora de información errónea.         
  • El autor/ La autora: dar importancia al nombre de quien ha escrito el artículo y hacer una pequeña búsqueda acerca de su perfil y currículum también puede ayudarnos a comprender no sólo la relevancia de la información - en con base aen los conocimientos que el autor o la autora demuestra tener - sino también nos sugiere si él o ella ha manifestado previamente tendencias y posturas no imparciales respecto a temas específicos, lo que podría perjudicar la neutralidad de su reporte.          
  • Lenguaje sensacionalista: así como en el caso de la hipérbole, el uso de un léxico que se vale de palabras destinadas a producir una fuerte respuesta emotiva, animando a la audiencia a probar liberar sentimientos de rabia, confusión, tristeza o miedo, puede ser un indicador de desinformación que trata de condicionar fuertemente las opiniones. Por el contrario, una redacción clara y directa es señal de profesionalismo periodístico.        

Este muestrario de ideas menciona algunos de los ingredientes básicos de las noticias que podemos controlar para ser más consciente respecto a si nos encontramos frente a algún tipo de información falsa que pueda despertar sentimientos de malestar, miedo y rabia que a su vez pueden transformarse en reacciones xenófobas y perjudiciales.  

Hoy, las personas que tienen acceso a internet, pueden beneficiarse diariamente de un acceso rápido y simple a un vórtice de noticias, contenidos en redes sociales o comentarios. Muchos podrían argumentar que la abundancia de contenido y la velocidad con la cual eso eses compartido representan un peligro para una difusión más inconsciente y fácil de la desinformación más inconsciente y fácil. Sin embargo, es justo gracias a esta copiosidad y variedad que podemos aprender a ser lectoras y lectores críticos, y a poder aprovechar la cantidad de información que podemos consultar para desarrollar nuestra capacidad de análisis y denunciar los episodios de propagación de noticias falsas.  

En este sentido, cada vez que leamos o escuchemos algún tipo de dato e información, pongámonos a prueba y utilicemos nuestro sentido crítico para parar la circulación de información engañosa. Y dejemos las hipérboles a la poesía, no a los hechos.