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By: Anabell Cruz

Durante las últimas cinco décadas el número de personas migrantes internacionales en el mundo se ha triplicado. Ese aumento se debe en gran parte a que más mujeres están decidiendo emprender por su cuenta un proyecto migratorio.

Este cambio en los procesos migratorios, en donde las mujeres cada vez son más protagonistas, hace necesario que se visibilicen factores sensibles al género, para la generación de políticas públicas de protección efectivas para las mujeres migrantes

Según el Estudio Factores de Riesgo y Necesidades de Atención para las Mujeres Migrantes en Centroamérica, las principales razones para que las políticas migratorias contemplen la protección de las mujeres migrantes son:

  1. Las mujeres migrantes enfrentan un entorno social y económico desigual, violento y discriminatorio. Más aún, en algunas de ellas confluyen una serie de factores que agravan su vulnerabilidad y que van más allá de su género y condición migratoria, entre ellos: su etnia, su lengua, su nivel socioeconómico y educativo, su orientación sexual y su identidad de género, lo cual produce experiencias migratorias sustantivamente distintas.
  2. La violencia social y la violencia específica contra las mujeres se constituyen como un factor causante de la migración y a la vez como un factor de riesgo durante el proceso migratorio. Entre las principales manifestaciones de violencia que enfrentan las mujeres durante la migración son entre otras: violencia física, abusos sexuales, violaciones sexuales, secuestro, extorsión, explotación y sometimiento con diferentes fines (trata de personas), actividades ilícitas vinculadas al narcotráfico, entre otras.
  3. Las ocupaciones en las que consiguen empleo suelen estar marcadas por prejuicios de género (cuido, trabajo doméstico, por ejemplo). Este tipo de trabajo por lo general pertenecen al sector informal, por lo que las mujeres que se dedican a estas labores   y/o las que han migrado de manera irregular, tienen acceso limitado o nulo a la protección social y a los servicios de salud.
  4. Las mujeres están sobrerrepresentadas en oficios que se han constituido en la primera línea de atención frente a la pandemia, sin mencionar que el trabajo doméstico y el cuido no remunerados se han incrementado también. Como bien menciona la CEPAL[1]: “la precariedad laboral de las mujeres que migran para llevar a cabo labores de trabajo doméstico y de cuidado es mayor que la de las trabajadoras locales, por cuanto, además de ser mujeres, se añade su condición de migrantes”.
  5. Las mujeres en su mayoría migran para mejorar la calidad de vida de sus familias. Ellas envían remesas para contribuir con la alimentación de sus familiares, la salud y adquisición de vestuario, la educación de los niños, niñas y adolescentes e incluso para apoyar a sus adultos mayores. Se estima que las mujeres tienden a enviar como remesas una proporción mayor de sus ingresos, y que lo hacen de manera regular y consistente incluso considerando que ellas suelen ganar menos que los hombres.

La Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes y en el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, reconocen las vulnerabilidades específicas de las mujeres que se desplazan. Estos instrumentos internacionales incluyen el compromiso de asegurar que en las respuestas a flujos migratorios se incorpore la perspectiva de género, se promueva la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas, respetando y protegiendo sus derechos.

¿Cómo se está haciendo esto en Centroamérica?

Actualmente, OIM cuenta con un proyecto regional denominado: “Fomento de inclusión social de las mujeres migrantes en las políticas públicas en Centroamérica y República Dominicana: prevención de violencia basada en género”, financiado por el Gran Ducado de Luxemburgo (Grand-Duché de Luxemburgo).  Entre los socios estratégicos del proyecto están la Secretaría Técnica del Consejo de Ministras de la Mujer de Centroamérica y República Dominicana (COMMCA), la Conferencia Regional sobre Migraciones, entidades del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) Comisón de Autoridades Migratorias (OCAM), ONU Mujeres, entre otros.

En el marco de este proyecto, la OIM inició el Programa sobre Protección contra la Explotación y los Abuso Sexuales (PEAS) y el Acoso Sexual (AS) para instituciones y organizaciones que brindan asistencia y protección humanitaria: “Digamos no a la conducta sexual indebida”. A esta iniciativa se suman otras, como el desarrollo de estudios relacionados al impacto de la migración en las vidas de las mujeres, así como sobre los aspectos de la interrelación mujer, sociedad y migración. Todo esto con el fin de generar evidencias para incidir en la creación de nuevas políticas públicas con enfoque de género, que vendrán a contribuir a la protección de migrantes y específicamente de mujeres y niñas.

 

[1] Los efectos del COVID 19: una oportunidad para reafirmar la centralidad de los derechos humanos de las personas migrantes en el desarrollo sostenible, noviembre de 2020. En: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/46353/4/S2000618_es.pdf

SDG 5 - IGUALDAD DE GÉNERO
SDG 10 - REDUCCIÓN DE LAS DESIGUALDADES