Youtubers migrantes

 

Ellos han construido una nueva forma de expresarse, relacionarse, divertirse en internet y hasta de ganarse la vida. Algunos publican sus videos mensualmente, semanalmente o los más activos hasta casi a diario. La lista de los diversos temas sobre los que hablan es infinita, desde moda hasta reseñas de videojuegos, logrando cautivar a sus cientos, miles o incluso millones de seguidores. Estoy hablando de los “youtubers”, quienes han innovado en la forma en que muchas personas, especialmente jóvenes, se entretienen y se informan.

Muchos youtubers han alcanzado gran popularidad y reconocimiento en su ciudad, país o a nivel mundial, por lo que muchos expertos en comunicación y medios han cuestionado el concepto de “celebridad” durante los últimos años. La mayoría de ellos fueron personas comunes que un día decidieron ponerse en frente de una cámara y luego publicar sus videos sobre su vida cotidiana o sobre sus opiniones en diferentes temas, por lo que han logrado la misma o mayor influencia sobre sus audiencias que la de los artistas y famosos tradicionales.

¡La relación entre los youtubers y sus suscriptores es extraordinaria! Un estudio encargado por Google reveló que 4 de cada 10 millenials asegura que los youtubers los entienden mejor que sus propios amigos y un 70 % afirman que se sienten más relacionados con los youtubers que con las celebridades tradicionales. Esa relación tan estrecha permite que hoy los creadores de contenido en Youtube tengan la oportunidad de influenciar en la vida de muchas personas jóvenes. El mismo estudio establece que un 70 % de los millenials creen que los youtubers cambian y moldean la cultura.

Lo que los youtubers hacen por la migración:

El fenómeno de los youtubers tiene una particularidad muy interesante: ¡muchos de ellos son migrantes! Para muchos de ellos uno los temas recurrentes en sus videos tienen que ver con sus experiencias en los países a los que se han desplazado. Hablan de las diferencias y similitudes culturales, de las nuevas tradiciones que conocen, y en general de sus experiencias como personas migrantes. 

Ellos confirman que las personas migrantes no solo son fuertes, resilientes, compasivas y esforzadas, también son CREATIVAS. Cientos de youtubers migrantes cuentan sus historias de llegada a los países que los acogen mediante videos creativos. Esos videos muestran lo mejor de ellos, de su cultura y de los lazos que crean con las personas que los reciben. Sus videos inspiran indirectamente un discurso en contra de la xenofobia y la discriminación.

Alejandro Velasco es un ejemplo de estos youtubers migrantes. Alejandro llegó a Chile en el 2012 para estudiar una maestría en administración, pero a su llegada se sorprendió con el acento chileno y las diferencias interculturales con su país de origen, México.  A través de su proyecto "Un Wey Weón", ha generado una serie de videos sobre su experiencia como mexicano viviendo en Chile y cuyo material se ha hecho viral y ha sido comentado en los principales medios de comunicación chilenos. 

Su canal de Youtube cuenta con más de 15.000 seguidores y suma más de 80 mil en su página de Facebook. Alejandro resalta de una forma divertida las diferencias lingüísticas y culturales entre México y Chile. Sus videos han servido para acercar a los chilenos con la cultura mexicana y viceversa.

El Reto #SoyMigrante

Así como Alejandro, muchos otros youtubers migrantes están ejerciendo un rol muy importante en la lucha contra la xenofobia y la discriminación contra los migrantes. Su influencia sobre las personas jóvenes hace que sus videos sean muy valiosos en la formación de sociedades más inclusivas. Conscientes de esta oportunidad, la Oficina Regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe lanzó un reto a todos los youtubers migrantes.

El reto #SoyMigrante pretender combatir los discursos negativos en contra de los migrantes a través de la creatividad  de precisamente de los youtubers migrantes, quienes son embajadores digitales de sus países de origen. Para participar del reto los participantes debe realizar un video en el que cuenten cómo fue su experiencia migratoria mediante objetos que la presenten. De esa forma, se espera que sus seguidores logren sensibilizarse y generar empatía con las demás personas migrantes que residen en su país.

Erika Sinning, una venezolana viviendo en Canadá, es una de las primeras youtubers en unirse al reto y ha contado sus vivencias como migrante a través de unos zapatos y su celular. En su video del reto, Erika nos dice que:

“Migrar es como una segunda oportunidad de vida, porque tú lo estás haciendo para mejorar, también para avanzar y evolucionar como persona”. -Erika Sinning. 

Un Wey Weón también se unió al reto y describió su experiencia usando un sombrero mexicano, una fotografía y paquetes de flor de jamaica. Su video ha alcanzado más de 23 mil visualizaciones hasta el momento.

Esperamos que muchos otros youtubers migrantes se unan al reto para que sigan transmitiendo un mensaje positivo acerca de las personas migrantes. Más información del Reto #SoyMigrante aquí.

 

 

   Sobre el autor:

Jean Pierre Mora Casasola es comunicador de la Oficina Regional para Centro, Norte América y el Caribe de la OIM. Además, se ha desempeñado como asesor en comunicación en diferentes organizaciones sociales y como consultor de la División de Capacidad Institucional del Estado y el Laboratorio de Ideas del Banco Interamericano de Desarrollo –BID –. Es publicista y técnico en comunicación corporativa de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología –Ulacit-, cursa actualmente un Bachillerado en Relaciones Internacionales del mismo centro de estudios. Twitter: @jeanpierremora 

 

 


En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante

En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante
Categoria: Retorno y Reintegración
Autor: Laura Manzi

Relato escrito con base en el testimonio de Erick Galeas, migrante retornado.

La ida

El calor era sofocante, los soplos de aire fresco parecían haber olvidado ese punto en el mundo, donde en cada esquina permeaba una inmensa aridez. El suelo quemaba, el sol no daba tregua. Y esto no era un asunto sin importancia: Erick odiaba el calor, que solo le procuraba cansancio y debilidad.

En esos días largos con la piel tan expuesta al sol, él intentaba buscar algún lugar en la sombra para quedarse tranquilo un rato solo con sus pensamientos. Quizás pueda parecer absurdo, pero en ese momento, en vez de preocuparse y dejarse dominar por el miedo y la agitación por el viaje tan esperado, lo único en lo que podía pensar era ese suéter que tenía intención de comprar una vez llegado a los Estados Unidos. Quería vivir en un lugar frío, esto lo tenía claro, comprar muchos abrigos y bufandas, y tener las manos congeladas. ¿No era eso también parte del sueño americano? ¿Poder escapar de esa aridez y tener un armario lleno de suéters?

La ciudad de Tijuana, en México, servía de escenario a las divagaciones mentales de Erick. También era desde hace casi un mes su residencia temporal. Residencia, no casa. Erick llevaba nueve meses sin casa, desde que dejó Honduras y se puso en camino: un día en Guatemala, un mes en Chiapas, seis meses en Veracruz, luego Ciudad Juárez y ahora allí, Tijuana. Nueve largos meses custodiando el deseo de poder encontrar mejores oportunidades económicas y apoyar a su familia que se había quedado atrás, entusiasmada con la idea poder recibir unas remesas.

Para defender su deseo, Erick tuvo que pagar su viaje trabajando en lo que encontraba, muchas veces hasta dieciséis horas al día por un salario insignificante. Pero ese no era momento de desanimarse, pues al día siguiente Erick iba a cruzar la frontera mexicana hacia Estados Unidos, después de haber pagado 7 mil dólares a un coyote que prometió finalmente llevarle a su destino. Así fue como el último viaje de Erick hacia el norte empezó: temprano en la mañana, un martes cualquiera.

Ya se habrán dado cuenta que la imaginación de Erick lo llevaba a soñar despierto muy a menudo, y al empezar su viaje estuvo preguntádose, después de meses de malnutrición, cuál sería el sabor de su primera comida en Estados Unidos. Seguramente hubiera sido la comida más deliciosa de los últimos nueves meses, una comida que sabe a éxito... Y entonces ¡zas!, su ensoñación fue interrumpida de repente. Un oficial de policía de migración anuló en un instante todos los esfuerzos de Erick, que fue detenido a poco andar. Pero no era ese el final de su viaje; poco sabía él que aún le esperaban seis meses en detención: primero en California, luego en Arizona, Ohio, Louisiana y Michigan. En sus fantasía no figuraban policías ni detenidos, sin embargo esta fue la única imagen que Erick pudo capturar de Estados Unidos.

Qué rabia sentía cuando le venían a la mente los comentarios de gente que le decía ‘es fácil llegar a Estados Unidos’ y ‘es cuestión de una, máximo dos semanas.’ La falta de información verídica y adecuada había sido cómplice de su desaventura. Erick estaba cansado, desilusionado y solo. También tenía miedo, porque en los centros de detención no se encontraban solo personas migrantes buscando una vida mejor, sino uno que otro delincuente común que intimidaba a los demás, agudizando sus sentimientos de malestar. Para Erick, la única ocasión de paz eran esos pocos minutos de llamada que podía compartir con sus familiares. Les contaba que temía que las autoridades estadounidenses lo deportaran a Honduras, y en el día número 175 de su detención, eso fue precisamente lo que pasó. 

El retorno

Un sabor agridulce marcó el retorno de Erick. No haber podido realizar su anhelado sueño americano hacía que lo embargara un sentimiento de frustración, casi de vergüenza y humillación. Su sensación tan agobiante de fracaso desapareció por un momento cuando por fin pudo abrazar a su hijo, después de casi un año y medio. ‘Los niños crecen tan rápido’, pensó Erick. Pero el pequeño no era el único que había crecido en ese tiempo; él había terminado también un enorme proceso de crecimiento personal, y ahora se sabía dueño de una fuerza increíble.

Ah, y también estaba la comida hondureña, ¡eso sí que le alegró el retorno!

No fue fácil, no fue rápido, pero después de mucho andar, en un día como hoy podemos imaginar a Erick ocupándose de su tareas diarias en su empresa de artesanía en Honduras. Su pequeño taller de gestión familiar pasó a ser una empresa que mueve sus productos a nivel nacional: artesanías tipo souvenirs que incluyen una amplia muestra de barquitos, helicópteros y aviones, todo hecho en madera. Es un negocio que les permite vivir a él y a su familia con mejores condiciones económicas respecto a cuando Erick decidió aventurarse hacia Estados Unidos.

Su actividad laboral pudo florecer también gracias a la ayuda de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), que le brindó las maquinarias necesarias para su trabajo, y también al CASM (Comisión de Acción Social Menonita), cuyo curso de emprendimiento fortaleció las capacidades de gestión de Erick. El sentimiento de frustración que probó al retornar a Honduras ha ido paso a paso transformándose en una sensación de satisfacción y felicidad al ver crecer su negocio y al adquirir una mayor confianza en sí mismo, en su talento y capacidad. Los cursos de formación y el apoyo proporcionado lo ayudaron a atravesar un difícil proceso de retorno y reintegración, y empoderaron al joven migrante en su vuelta a casa.   

Erick supo construir su subsistencia económica y su realización profesional en Honduras, y entre tantas historias complejas y desafortunadas, esta es una historia con final feliz. Aún así de tanto en tanto le resulta inevitable quedarse soñando despierto pensando en cómo sería volver a viajar a Estados Unidos, esta vez de manera legal, y quedarse allí, tan solo por un día: para comer en un restaurante diferente y comprarse un grueso suéter de invierno.