¿Por qué aumenta la vulnerabilidad de víctimas de trata de personas durante la COVID-19?

¿Por qué aumenta la vulnerabilidad de víctimas de trata de personas durante la COVID-19?

La trata de personas existe antes, durante y después de las crisis como la COVID-19. Sin embargo, durante una crisis hay factores que aumentan la vulnerabilidad de algunos grupos de personas frente a posibles tratantes, como el acceso a servicios, pérdida de su trabajo, reducción de jornadas laborales. Estas situaciones pueden poner personas en escenarios donde las necesidades básicas propias y de sus familias pueden verse comprometidas. Al mismo tiempo, también una crisis puede agravar la situación de las personas que ya son víctimas de trata.

Ante esta situación, el Grupo de Protección Global detalla una serie de razones por las que una crisis sanitaria como el coronavirus COVID-19 puede poner a las personas en riesgo de trata de personas que anteriormente tenían un bajo riesgo de convertirse en víctimas, así como exacerbar el riesgo de aquellos que ya eran vulnerables a este tipo de delitos:

  • Porque los tratantes aprovecharán el contexto: La COVID-19 ha significado cambios y restricciones asociadas a la movilidad de las personas, además muchas personas se han visto expuesta a la pérdida total o parcial de sus empleos. La preocupación por suplir sus necesidades básicas puede hacer a las personas caer más fácilmente en las redes de trata.
  • Porque pueden aumentar los desplazamientos internos: En búsqueda de acceso a servicios y alimentación, en algunos lugares es posible que aumente el desplazamiento interno, y con este, la vulnerabilidad de quienes se encuentran lejos de casa y en busca de suplir las necesidades básicas propia y de sus familiares, según sea el caso.
  • Porque a que las niñas y los niños pueden estar más expuestos si hay interrupciones en los servicios educativos o separación de los cuidadores: Ante la incertidumbre económica y de salud, los menores pueden enfrentar interrupciones en los servicios educativos o sus cuidadores pueden enfermarse y quedarlos sin atención, lo que los convierte en un blanco fácil para el tráfico, particularmente a través de la falsa promesa de empleo y educación.
  • Porque las formas de explotación utilizadas por los tratantes pueden cambiar: Por ejemplo, las personas que fueron previamente explotadas sexualmente en lugares físicos o públicos ahora pueden ser explotadas en línea o en hogares privados.
  • Porque las víctimas pueden carecer de información sobre la COVID-19: En el caso de las personas que actualmente son víctimas de explotación, es probable que estén físicamente confinadas o no puedan escapar de su situación. Como resultado, tendrán un acceso menos oportuno a la información, el apoyo y los servicios relacionados con la pandemia, lo que los hará más vulnerables.
  • Porque la falta de ganancias puede aumentar la violencia: La potencial pérdida de ganancias económicas por parte de los tratantes puede significar un peor trato aún para sus víctimas.
  • Porque no se pueden distanciar socialmente: Las personas víctimas de la trata pueden no tener la capacidad de aislarse a sí mismas o distanciarse socialmente de otras, especialmente si se ven obligadas a proporcionar servicios sexuales o trabajo.
  • Porque a menudo no poseen documentación y esto dificulta el acceso a servicios: Muchas veces la identificación o pasaporte son retenidas por los tratantes, lo que entorpece su acceso a servicios de salud, y les deja vulnerables al abuso, la detención y la revictimización por parte de las autoridades que imponen cuarentenas y gestionan puntos de control que han fortalecido las medidas de control durante la pandemia.
  • Porque las víctimas no se encuentran en un estado óptimo de salud: Muchas personas víctimas de la trata sufren graves formas de maltrato, incluida la violación, el trabajo forzoso, las palizas físicas, la tortura, el hambre, el abuso psicológico y la privación de tratamiento médico, lo que debilita la salud de las víctimas de la trata, lo que puede hacerlas más vulnerables a infecciones severas, como COVID-19.
  • Porque los recursos humanos y económicos pueden ser destinados a otros lugares durante la pandemia: Los fondos designados para la ayuda legal, policial y psicológica que requieren las víctimas de la trata, así como los fondos designados para combatir este crimen pueden ser redirigidos para ayudar a aliviar los efectos de la pandemia, dejando momentáneamente más desprotegidas a las víctimas de trata.

La respuesta a las específicas necesidades de las víctimas de trata durante una crisis como la COVID-19 requiere del trabajo conjunto de autoridades que ayuden a identificar los perfiles de tratantes, implementar acciones con enfoque de género, y fortalecer las relaciones con las comunidades. Para obtener más información para la asistencia a esta población, recomendamos la lectura de Las Acciones Claves para los Actores de Protección incluidas en el documento de GPC “Pandemia COVID-19: Consideraciones sobre la trata de personas en contextos de desplazamiento interno”.


Entrevistando a Rubén Sánchez, Director de ‘Zanmi’

Entrevista a Rubén Sánchez, director de ‘Zanmi’
Categoria: Migración y Arte
Autor: Laura Manzi

‘Zamni’ (2018) es una de las películas que participaron en la edición del año 2020 del Festival Internacional de Cine sobre Migración.  El cortometraje, seleccionado para ser proyectado a nivel regional por la Oficina Regional para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe, narra las experiencias y vidas diarias de cuatro migrantes haitianos en Chile y de su proceso de integración en el país suramericano.

En esta entrevista, el joven director Rubén Sánchez, cuenta cuáles fueron las motivaciones y objetivos que le guiaron hacia la creación del cortometraje.

¿Por qué ha elegido jóvenes migrantes de nacionalidad haitiana como protagonistas de su obra? ¿Hay algo en su perfil que hace que difieran de otras comunidades de migrantes en Chile?

Lo que nos pareció llamativo es que la población haitiana aquí en Chile es la que más dificultades encuentra a la hora de integrarse en la sociedad. Una de la razones principales es que hablan otro idioma, la lengua Creole, y eso es una barrera aún más grande considerando que el español chileno tiene muchos modismos y se tiende a hablar muy rápido. Otro obstáculo a la integración es el racismo y el rechazo de algunos sectores de la sociedad hacia la población haitiana: sea por la etnia, la nacionalidad, el idioma y otros prejuicios. Esto hace que haya más segregación que integración.

En el cortometraje, hay muchas escenas que retratan paisajes diferentes: el mar, el bosque, la ciudad. ¿Cuál es el rol de la naturaleza en el proceso de integración de las personas migrantes?

Las condiciones climáticas y el entorno paisajístico  pueden ser un desafío para la integración. Por ejemplo, Haití es muy plana, no hay cordillera y el clima es tropical. Aquí en Chile, la naturaleza y los microclimas son bastante diversos (en el norte hay más calor, el sur es más húmedo y lluvioso, mientras que la zona central es una mezcla de esto).
La naturaleza, sin embargo, tiene carácter también simbólico en el documental. La cordillera, que caracteriza el paisaje chileno, es la gran frontera que enfrenta cualquier persona para llegar a Chile. Esto justifica la escena que abre y cierra la película y representa a uno de los protagonistas en el Embalse del Yeso, que es un lugar que queda en Santiago, en plena cordillera. Quisimos situarlo allí como una forma más onírica de representar esta enorme muralla que es como una frontera que cruzar para llegar a Chile, y al mismo tiempo simboliza la gran muralla que hay en el choque cultural que la población haitiana enfrenta.

‘La vida es un círculo. Un círculo perfecto del que no formamos parte’: los protagonistas de su obra tienen trabajo, van a la escuela, aprenden español. Entonces, ¿cuáles son los elementos que siguen impidiendo su integración en la comunidad de acogida, este ‘círculo’ del cual están excluidos? 

El choque cultural es grande. Si la sociedad de acogida vive ese ‘miedo a lo desconocido’, la población migrante haitiana también, a su vez, reacciona y eso le genera un miedo hacia la comunidad en donde residen. La falta de integración es dificultada por el prejuicio y porque tampoco se vela por unas iniciativas que valoren la riqueza cultural. Creo que esto es lo que nos falta como sociedad: educarse más. Si no hay una buena educación, no va a haber personas que no se puedan integrar; falta todavía educarnos y ‘humanizarnos’. Siento que en alguna forma estamos también ‘deshumanizados’. Esto es lo que el documental quiere plasmar: mostrar la humanidad que nos hace falta, que necesitamos para poder integrar,  para mostrar que todos somos en realidad lo mismo, todos somos seres humanos y tenemos sueños.

¿Cuánto es visible el director en su obra? ¿De que surge su interés por el tema migratorio?

El tema de la migración haitiana era, para mi, una inquietud personal, porque vivo en una de las ciudades donde más población haitiana hay. Yo veía a diario este rechazo hacia las población haitiana en las miradas de la gente, en comentarios que se intercambiaban murmurando en la locomoción colectiva cuando iba a la universidad. Me inquietaba eso.
Asimismo, anteriormente a que yo estudiara comunicación audiovisual, estudié trabajo social, y tuve muchos cursos sobre la cuestión migratoria y las políticas sociales relacionadas. Hice muchos trabajos acerca de la migración haitiana, el tema me permitió poder plasmar la idea central del cortometraje. Durante el proceso de rodaje, tuve la oportunidad de conocer a estos chicos (migrantes haitianos), de vivir su cultura, de probar su comida. Me llené de una cultura que no conocía, me llené de conocimientos, de una experiencia nueva. Me gustaría que este documental pudiera llegar a más gente, cambiar lo que somos y cultivar nuestra humanidad.