La juventud y su rol protagónico en la migración

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“…en la migración, la juventud siempre ha tenido un rol protagónico y de liderazgo, pues tiene las características de rebeldía ante situaciones actuales, tiene apertura al cambio, tiene la energía y la capacidad de tomar riesgos hacia lo desconocido, además de idealismo, visión y esperanzas de lograr condiciones mejores de vida a través de exploración de territorios nuevos para ellos”.

Esta cita de Miguel A. Ugalde, académico de la Universidad Rafael Landívar en Guatemala, describe las razones por las que las personas jóvenes son tan importantes en temas migratorios.  Es precisamente en Guatemala donde el 36.7 % de la población guatemalteca es menor de 13 años; los jóvenes de 13 a 29 años de edad representan el 33 % de la población total; y el 38.4 % de la juventud en total es indígena (de acuerdo con el último censo nacional).

 Además, este país recibe las remesas de 1.7 millones de migrantes, de las cuales el 64 % provienen de menores de 29 años (según el último Perfil Migratorio de Guatemala, elaborado por la OIM en el 2012). A diferencia de los años 80 y 90, donde la población migrante era mayoritariamente adulta, hoy se calcula que la mayoría de personas que emigran en Centroamérica son menores de 30 años, incluso se está dando un flujo muy importante de niños, niñas y adolescentes no acompañados.

Ante este panorama, es muy importante el involucramiento y la consideración de las personas jóvenes en políticas e iniciativas relacionadas con temas migratorios. De hecho, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), en términos generales, definió la participación como un pilar esencial que genera gobernanza democrática y cohesión social; por ende, la importancia de la participación de poblaciones como la joven en la formulación de políticas es clave. La participación también puede ayudar a jóvenes migrantes a superar los sentimientos de alienación, hacerles sentir valorados y aceptados en una sociedad de destino.

No obstante, el protagonismo de los jóvenes va más allá de ser una población con tendencia a migrar: ¡están comprometidos a trabajar por el bienestar de las personas migrantes! En ese sentido, la OIM en Guatemala prioriza a la adolescencia y juventud en sus actividades de educación, formación y capacitación en temas como la prevención de los delitos asociados a la migración irregular y la protección de poblaciones vulnerables en tránsito. Por ejemplo, actualmente se llevan a cabo iniciativas que promueven la participación de las personas jóvenes en redes sociales con temas como la trata de personas, la discriminación contra las poblaciones migrantes y la prevención de los riesgos de la migración irregular.

Les compartimos a continuación una foto-historia con otros ejemplos del protagonismo de la juventud guatemalteca en temas migratorios. 

 

Juventud protagonista by IOM - International Organization for Migration on Exposure

 

Sobre los autores:

Melissa Vega es Asistente de Comunicaciones y Medios en Guatemala de la Misión de la OIM para el Triángulo Norte de Centroamérica. Periodista profesional con especialización en temas de género, juventud y derechos humanos. Ha laborado como reportera y fotógrafa en distintos medios nacionales y agencias internacionales, así como ha participado en audiencias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en defensa del derecho a la libertad de expresión. También ha coordinado varios proyectos de comunicación comunitaria y comunicación para el desarrollo con agencias de las Naciones Unidas. 

Jean Pierre Mora Casasola es comunicador de la Oficina Regional para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe de la OIM. Además, se ha desempeñado como asesor en comunicación en diferentes organizaciones sociales y como consultor del Banco Interamericano de Desarrollo –BID –. Es publicista de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología –Ulacit-, cursa actualmente un Bachillerato en Relaciones Internacionales del mismo centro de estudios. Twitter: @jeanpierremora


Entrevistando a Rubén Sánchez, Director de ‘Zanmi’

Entrevista a Rubén Sánchez, director de ‘Zanmi’
Categoria: Migración y Arte
Autor: Laura Manzi

‘Zamni’ (2018) es una de las películas que participaron en la edición del año 2020 del Festival Internacional de Cine sobre Migración.  El cortometraje, seleccionado para ser proyectado a nivel regional por la Oficina Regional para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe, narra las experiencias y vidas diarias de cuatro migrantes haitianos en Chile y de su proceso de integración en el país suramericano.

En esta entrevista, el joven director Rubén Sánchez, cuenta cuáles fueron las motivaciones y objetivos que le guiaron hacia la creación del cortometraje.

¿Por qué ha elegido jóvenes migrantes de nacionalidad haitiana como protagonistas de su obra? ¿Hay algo en su perfil que hace que difieran de otras comunidades de migrantes en Chile?

Lo que nos pareció llamativo es que la población haitiana aquí en Chile es la que más dificultades encuentra a la hora de integrarse en la sociedad. Una de la razones principales es que hablan otro idioma, la lengua Creole, y eso es una barrera aún más grande considerando que el español chileno tiene muchos modismos y se tiende a hablar muy rápido. Otro obstáculo a la integración es el racismo y el rechazo de algunos sectores de la sociedad hacia la población haitiana: sea por la etnia, la nacionalidad, el idioma y otros prejuicios. Esto hace que haya más segregación que integración.

En el cortometraje, hay muchas escenas que retratan paisajes diferentes: el mar, el bosque, la ciudad. ¿Cuál es el rol de la naturaleza en el proceso de integración de las personas migrantes?

Las condiciones climáticas y el entorno paisajístico  pueden ser un desafío para la integración. Por ejemplo, Haití es muy plana, no hay cordillera y el clima es tropical. Aquí en Chile, la naturaleza y los microclimas son bastante diversos (en el norte hay más calor, el sur es más húmedo y lluvioso, mientras que la zona central es una mezcla de esto).
La naturaleza, sin embargo, tiene carácter también simbólico en el documental. La cordillera, que caracteriza el paisaje chileno, es la gran frontera que enfrenta cualquier persona para llegar a Chile. Esto justifica la escena que abre y cierra la película y representa a uno de los protagonistas en el Embalse del Yeso, que es un lugar que queda en Santiago, en plena cordillera. Quisimos situarlo allí como una forma más onírica de representar esta enorme muralla que es como una frontera que cruzar para llegar a Chile, y al mismo tiempo simboliza la gran muralla que hay en el choque cultural que la población haitiana enfrenta.

‘La vida es un círculo. Un círculo perfecto del que no formamos parte’: los protagonistas de su obra tienen trabajo, van a la escuela, aprenden español. Entonces, ¿cuáles son los elementos que siguen impidiendo su integración en la comunidad de acogida, este ‘círculo’ del cual están excluidos? 

El choque cultural es grande. Si la sociedad de acogida vive ese ‘miedo a lo desconocido’, la población migrante haitiana también, a su vez, reacciona y eso le genera un miedo hacia la comunidad en donde residen. La falta de integración es dificultada por el prejuicio y porque tampoco se vela por unas iniciativas que valoren la riqueza cultural. Creo que esto es lo que nos falta como sociedad: educarse más. Si no hay una buena educación, no va a haber personas que no se puedan integrar; falta todavía educarnos y ‘humanizarnos’. Siento que en alguna forma estamos también ‘deshumanizados’. Esto es lo que el documental quiere plasmar: mostrar la humanidad que nos hace falta, que necesitamos para poder integrar,  para mostrar que todos somos en realidad lo mismo, todos somos seres humanos y tenemos sueños.

¿Cuánto es visible el director en su obra? ¿De que surge su interés por el tema migratorio?

El tema de la migración haitiana era, para mi, una inquietud personal, porque vivo en una de las ciudades donde más población haitiana hay. Yo veía a diario este rechazo hacia las población haitiana en las miradas de la gente, en comentarios que se intercambiaban murmurando en la locomoción colectiva cuando iba a la universidad. Me inquietaba eso.
Asimismo, anteriormente a que yo estudiara comunicación audiovisual, estudié trabajo social, y tuve muchos cursos sobre la cuestión migratoria y las políticas sociales relacionadas. Hice muchos trabajos acerca de la migración haitiana, el tema me permitió poder plasmar la idea central del cortometraje. Durante el proceso de rodaje, tuve la oportunidad de conocer a estos chicos (migrantes haitianos), de vivir su cultura, de probar su comida. Me llené de una cultura que no conocía, me llené de conocimientos, de una experiencia nueva. Me gustaría que este documental pudiera llegar a más gente, cambiar lo que somos y cultivar nuestra humanidad.