¿Cómo puede la tecnología ayudar a migrantes de Centroamérica?

MigApp

 

Cuando se realiza una travesía migratoria de alto riesgo, como son las prolongadas caminatas cruzando países centroamericanos, la incertidumbre está siempre presente. La recarga informativa y la variedad de fuentes dificulta el acceso a información confiable y pertinente para una persona que migra, lo que puede tener resultados peligrosos para quien se traslada a otro país.

De acuerdo con el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2018, “aunque muchos [migrantes] son conscientes de que la información proporcionada puede no ser veraz, los futuros migrantes utilizan a veces los medios sociales para localizar traficantes. […] existen grupos, en Facebook por ejemplo, en los que los migrantes y los solicitantes de asilo buscan compañeros de viaje y piden consejos sobre los peligros, los riesgos y los traficantes de confianza.”

Para ayudar a romper el esquema de desinformación por exceso de fuentes, y sobre todo fuentes de información falsa, desde junio de 2018, el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), desarrolló la aplicación MigApp para brindar respuesta a las preguntas y necesidades más frecuentes de las personas migrantes, antes, durante y después de la travesía. Se trata de una herramienta que focaliza la información relevante y excluye el contenido “bullicioso”.

Los datos de quienes utilizan la aplicación se mantienen siempre anónimos, al tiempo que la app recaba el perfil de quienes la utilizan (edad, sexo, países entre los que se moviliza, entre otros) para visualizar patrones migratorios que faciliten el análisis y entendimiento del fenómeno a organismos internacionales y gobiernos. Esto amplía el marco informativo para una gobernanza migratoria que promueva la movilidad humana regular, segura y ordenada.  

 

Cómo ayuda MigApp a la persona migrante centroamericana

  • Provee información útil para una migrar de manera segura: Para disminuir el impacto de fuentes poco confiables o dispersas, MigApp compila los requisitos de ingreso y permanencia en otro país, cómo gestionar permisos de trabajo, locaciones de los centros médicos de la OIM, derechos de las personas migrantes, entre otros. De esta manera el usuario puede prepararse antes de viajar y prever espacios de socorro durante la travesía.
  • Compara los costos de las plataformas de envío de dinero: Las condiciones financieras en que se movilizan muchas de estas personas son precarias y necesitan del auxilio económico de sus familiares y conocidos a lo largo del trayecto. A través de MigApp, la persona migrante puede comparar los precios de diferentes plataformas de remesas para elegir la que le resulte menos costosa.
  • Permite el acceso a información desde teléfonos básicos y sin conexión a internet: Una vez descargada, muchas de las funcionalidades de la aplicación no requieren de internet para ser consultadas: es información estática disponible siempre para quien viaja. Asimismo, la aplicación está diseñada para que se pueda instalar en todo tipo de dispositivo móvil, independientemente de su sistema operativo o de modelo.
  • Ofrece información sobre las posibilidades de retorno: Si la persona migrante decide voluntariamente regresar a su país, la OIM facilita el regreso de manera segura, independientemente del estatus migratorio de la persona que lo solicita. Dicha solicitud se puede realizar en las diferentes oficinas de la organización, y también a través de MigApp. 

Para mayor información sobre MigApp, por favor visitar https://www.iom.int/migapp

Descarga la MigApp para Android o iOS.


En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante

En un país lejano, Erick sueña despierto - #DíaDelMigrante
Categoria: Retorno y Reintegración
Autor: Laura Manzi

Relato escrito con base en el testimonio de Erick Galeas, migrante retornado.

La ida

El calor era sofocante, los soplos de aire fresco parecían haber olvidado ese punto en el mundo, donde en cada esquina permeaba una inmensa aridez. El suelo quemaba, el sol no daba tregua. Y esto no era un asunto sin importancia: Erick odiaba el calor, que solo le procuraba cansancio y debilidad.

En esos días largos con la piel tan expuesta al sol, él intentaba buscar algún lugar en la sombra para quedarse tranquilo un rato solo con sus pensamientos. Quizás pueda parecer absurdo, pero en ese momento, en vez de preocuparse y dejarse dominar por el miedo y la agitación por el viaje tan esperado, lo único en lo que podía pensar era ese suéter que tenía intención de comprar una vez llegado a los Estados Unidos. Quería vivir en un lugar frío, esto lo tenía claro, comprar muchos abrigos y bufandas, y tener las manos congeladas. ¿No era eso también parte del sueño americano? ¿Poder escapar de esa aridez y tener un armario lleno de suéters?

La ciudad de Tijuana, en México, servía de escenario a las divagaciones mentales de Erick. También era desde hace casi un mes su residencia temporal. Residencia, no casa. Erick llevaba nueve meses sin casa, desde que dejó Honduras y se puso en camino: un día en Guatemala, un mes en Chiapas, seis meses en Veracruz, luego Ciudad Juárez y ahora allí, Tijuana. Nueve largos meses custodiando el deseo de poder encontrar mejores oportunidades económicas y apoyar a su familia que se había quedado atrás, entusiasmada con la idea poder recibir unas remesas.

Para defender su deseo, Erick tuvo que pagar su viaje trabajando en lo que encontraba, muchas veces hasta dieciséis horas al día por un salario insignificante. Pero ese no era momento de desanimarse, pues al día siguiente Erick iba a cruzar la frontera mexicana hacia Estados Unidos, después de haber pagado 7 mil dólares a un coyote que prometió finalmente llevarle a su destino. Así fue como el último viaje de Erick hacia el norte empezó: temprano en la mañana, un martes cualquiera.

Ya se habrán dado cuenta que la imaginación de Erick lo llevaba a soñar despierto muy a menudo, y al empezar su viaje estuvo preguntádose, después de meses de malnutrición, cuál sería el sabor de su primera comida en Estados Unidos. Seguramente hubiera sido la comida más deliciosa de los últimos nueves meses, una comida que sabe a éxito... Y entonces ¡zas!, su ensoñación fue interrumpida de repente. Un oficial de policía de migración anuló en un instante todos los esfuerzos de Erick, que fue detenido a poco andar. Pero no era ese el final de su viaje; poco sabía él que aún le esperaban seis meses en detención: primero en California, luego en Arizona, Ohio, Louisiana y Michigan. En sus fantasía no figuraban policías ni detenidos, sin embargo esta fue la única imagen que Erick pudo capturar de Estados Unidos.

Qué rabia sentía cuando le venían a la mente los comentarios de gente que le decía ‘es fácil llegar a Estados Unidos’ y ‘es cuestión de una, máximo dos semanas.’ La falta de información verídica y adecuada había sido cómplice de su desaventura. Erick estaba cansado, desilusionado y solo. También tenía miedo, porque en los centros de detención no se encontraban solo personas migrantes buscando una vida mejor, sino uno que otro delincuente común que intimidaba a los demás, agudizando sus sentimientos de malestar. Para Erick, la única ocasión de paz eran esos pocos minutos de llamada que podía compartir con sus familiares. Les contaba que temía que las autoridades estadounidenses lo deportaran a Honduras, y en el día número 175 de su detención, eso fue precisamente lo que pasó. 

El retorno

Un sabor agridulce marcó el retorno de Erick. No haber podido realizar su anhelado sueño americano hacía que lo embargara un sentimiento de frustración, casi de vergüenza y humillación. Su sensación tan agobiante de fracaso desapareció por un momento cuando por fin pudo abrazar a su hijo, después de casi un año y medio. ‘Los niños crecen tan rápido’, pensó Erick. Pero el pequeño no era el único que había crecido en ese tiempo; él había terminado también un enorme proceso de crecimiento personal, y ahora se sabía dueño de una fuerza increíble.

Ah, y también estaba la comida hondureña, ¡eso sí que le alegró el retorno!

No fue fácil, no fue rápido, pero después de mucho andar, en un día como hoy podemos imaginar a Erick ocupándose de su tareas diarias en su empresa de artesanía en Honduras. Su pequeño taller de gestión familiar pasó a ser una empresa que mueve sus productos a nivel nacional: artesanías tipo souvenirs que incluyen una amplia muestra de barquitos, helicópteros y aviones, todo hecho en madera. Es un negocio que les permite vivir a él y a su familia con mejores condiciones económicas respecto a cuando Erick decidió aventurarse hacia Estados Unidos.

Su actividad laboral pudo florecer también gracias a la ayuda de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), que le brindó las maquinarias necesarias para su trabajo, y también al CASM (Comisión de Acción Social Menonita), cuyo curso de emprendimiento fortaleció las capacidades de gestión de Erick. El sentimiento de frustración que probó al retornar a Honduras ha ido paso a paso transformándose en una sensación de satisfacción y felicidad al ver crecer su negocio y al adquirir una mayor confianza en sí mismo, en su talento y capacidad. Los cursos de formación y el apoyo proporcionado lo ayudaron a atravesar un difícil proceso de retorno y reintegración, y empoderaron al joven migrante en su vuelta a casa.   

Erick supo construir su subsistencia económica y su realización profesional en Honduras, y entre tantas historias complejas y desafortunadas, esta es una historia con final feliz. Aún así de tanto en tanto le resulta inevitable quedarse soñando despierto pensando en cómo sería volver a viajar a Estados Unidos, esta vez de manera legal, y quedarse allí, tan solo por un día: para comer en un restaurante diferente y comprarse un grueso suéter de invierno.