¿Cómo afectará la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?

¿Cómo afectara la COVID-19 el logro de las metas de la Agenda 2030?

 

No hay duda alguna que la actual pandemia tiene un impacto humanitario, social y económico amplio a corto, mediano y largo plazo, que a su vez puede afectar o retrasar la consecución de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a diferentes niveles y de diversas maneras. 

El impacto más evidente, obviamente, es sobre el Objetivo 3, el cual busca garantizar una vida saludable y promover el bienestar. La pandemia ha puesto presiones enormes en los sistemas de salud no sólo con relación al tratamiento y la gestión del virus, sino que además afecta la capacidad de atender a pacientes que tengan otras enfermedades y aumenta el riesgo de complicaciones en poblaciones con estados de salud comprometidos. La pandemia ha puesto mayor visibilidad en la importancia del acceso universal a los sistemas de salud independientemente de la condición migratoria de las personas. Sin embargo, la pandemia también tendrá implicaciones en otros aspectos de la Agenda 2030.

 

Impactos más allá de la salud

La COVID-19 también está impactando negativamente la situación laboral, económica y social de muchos hogares del mundo entero, y sobre su capacidad para enfrentar sus necesidades, inclusive las más básicas.  La crisis económica que los países de la región están enfrentando y el creciente desempleo será determinante en este sentido, puesto que más allá de la pandemia, América Latina y el Caribe cerraron el año 2019 con un 8,1% de desempleo, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo. Y según proyecciones de la CEPAL, la desocupación laboral subirá a  un 11,5% en la misma región, producto de la contracción de la actividad económica por la COVID-19.

El desempleo y la pérdida de poder adquisitivo afecta de manera más acentuada a las poblaciones migrantes, ya que ellas están, con mucha frecuencia, empleadas en el sector informal de la economía y tienen condiciones laborales contractuales más precarias, particularmente las mujeres trabajadoras migrantes.  En el caso de Latinoamérica y el Caribe el trabajo informa ronda el 50% del total de personas empleadas. El aumento del desempleo impactará el alcance del Objetivo 8 (sobre el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos), pero también del Objetivo 1 (la lucha contra la pobreza), el Objetivo 2 (la erradicación del hambre, la seguridad alimentaria y una mejor nutrición), el Objetivo 5 (la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y niñas), y las metas 5.2, 8.7 y 16.2, sobre la trata y la explotación de personas. La CEPAL recalca además que América Latina y el Caribe sufre ya una caída del -5.3% del PIB, la peor de toda su historia.

Asimismo, esta pandemia podría acentuar las desigualdades existentes en las sociedades, así como las vulnerabilidades de ciertos grupos poblacionales, y por consiguiente retrasar el alcance del Objetivo 10, que busca reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos. En ese contexto, las personas migrantes son uno de esos grupos vulnerables que se han visto afectados de manera particular por la pandemia y que a menudo son dejados de lado u olvidados en los planes de protección social y de relanzamiento económico, o tienen acceso limitado a ellos, ya sea por barreras de idioma o por su estatus migratorio. Todo ello a pesar de la enorme contribución que los trabajadores migrantes hacen al funcionamiento de los servicios básicos esenciales en muchos países, como se ha puesto en evidencia durante esta crisis.

Adicionalmente se proyecta una disminución en el monto de las remesas internacionales que, según el Banco Mundial, se reducirían entre un 10% y un 19.3% para el 2020. Las remesas son un componente fundamental en la economía de algunos países de la región, donde pueden a llegar a significar entre el 5% y el 20% del Producto Interno Bruto nacional. Una reducción importante en las remesas pondría en peligro la capacidad de muchos hogares en esos países de llenar sus necesidades más básicas y su capacidad de invertir en el mejoramiento de la nutrición, la educación y la reducción del trabajo infantil, entre otros, acentuando aún más las desigualdades existentes.

Finalmente, a nivel estatal, debido la desaceleración económica que estamos viviendo y las necesidades urgentes en materia de salud, es muy posible que haya una disminución del gasto social o una reorientación de los recursos disponibles potencialmente en detrimento de la visión más integral contenida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, afectando de nuevo el alcance de objetivos transversales de la Agenda 2030.

 

Recuperación y ODS: el mismo camino

Pero esto no nos debe llevar al pesimismo y a pensar que hemos perdido la lucha para alcanzar los ODS. Al contrario, en este momento es esencial trabajar juntos y con fuerza para identificar las dificultades adicionales que la actual pandemia presenta para la consecución de la Agenda 2030. Debemos redoblar nuestro compromiso y nuestros esfuerzos para asegurar que el impacto de la pandemia sea incorporado en los planes nacionales y en la asistencia internacional, así como que las diferentes realidades y vulnerabilidades de algunos grupos específicos sean incorporadas.

Para esto debemos trabajar desde ahora en asegurar la atención universal de los sistemas de salud y educación; en la reducción de los costos de transferencia de las remesas (tema incluido en el Objetivo 10), como está haciendo ya El Salvador, crear ciudades más resilientes e inclusivas en línea con el Objetivo 11 o fortalecer formas de migración regular para los trabajadores migrantes y condiciones de trabajo decente (Objetivo 8).

El momento es ahora: todas las organizaciones, gobiernos y personas tenemos un papel importante en asegurar que los esfuerzos para que nuestra región latinoamericana y el mundo se recuperen de los graves efectos de la pandemia de COVID-19 se alineen con la Agenda 2030 y nos aseguremos de no dejar a nadie atrás.


¿Cómo ha afectado la pandemia a los niños y niñas migrantes?

¿Cómo ha afectado la pandemia a los niños y niñas migrantes?
Categoria: Protección y Asistencia a Migrantes
Autor: Autor Invitado

En el contexto de la pandemia de COVID-19, las estadísticas y los datos disponibles revelan que los niños y las niñas pertenecen al grupo poblacional que ha sufrido el menor impacto a nivel de salud, pues resultan menos propensos al riesgo de infección, sobre todo en comparación con los adultos mayores.

Sin embargo, estos datos hacen referencia meramente a los efectos sanitarios de la pandemia. Las consecuencias sociales críticas, como el cierre de las escuelas, las restricciones de movilidad y las mayores dificultades económicas, han contribuido al aumento de la inseguridad y vulnerabilidad de la población más joven, la cual tendrá que hacer frente a los impactos socioeconómicos a corto y largo plazo de la pandemia. 

La situación de doble precariedad de los niños y niñas migrantes y desplazados, que ya se encuentran entre las poblaciones más vulnerables en el mundo, se ha deteriorado durante la pandemia, a causa de la mayor exposición a situaciones de pobreza agravadas por la crisis económica, a  violaciones a los derechos humanos, como en los casos de explotaciones laborales de menores, fomentadas por las pérdidas en los ingresos del hogar, y del acceso temporaneamente suspendido a la educación, junto a un mayor riesgo de padecer de enfermedad mental en un contexto tan desalentador y crítico. 

De acuerdo con un artículo de la OIM sobre las implicaciones de la pandemia sobre los niños y niñas migrantes , entre las más relevantes se encuentran:

Aumento de las destituciones: En algunos países, la pandemia ha sido utilizada como justificación para incrementar la devolución de menores hacia sus países de origen y paralizar la distribución en albergues. En Estados Unidos, no obstante 24,000 niños y niñas migrantes han podido salir de centros de detención de inmigrantes  desde el comienzo de la pandemia, aún más numerosas han sido las repatriaciones forzadas de menores hacia países de Centroamérica, en particular México, El Salvador y Guatemala, a pesar de que las comunidades de origen de las personas migrantes puede que no presenten las condiciones necesarias para garantizar su salud y protección. Además, las destituciones han sido completadas sin pruebas de detección del virus y sin averiguar si las personas migrantes necesitaban protección por miedo a ser perseguidas en sus países de origen.

Deterioro de la situación en los albergues y centros de detención: El número reducido de trabajadores humanitarios en los albergues, la escasez de recursos básicos y suministros y la disminución de los servicios brindados a las personas migrantes han endurecido las condiciones de vida de los niños y niñas en los centros de acogida, intensificando su vulnerabilidad. Durante la emergencia de COVID-19, la capacidad de los sistemas de protección infantil en el norte de Centroamérica y México ha sido debilitada también por falta de equipos de protección personal, lo que ha implicado menores servicios de protección, prueba de virus y tratamiento

Cierre de las escuelas y exclusión: Las medidas de aislamiento han obligado a las escuelas a paralizar sus actividades. Los niños y niñas migrantes pueden carecer de recursos para poder cursar las materias en línea, como ordenadores y otros tipos de dispositivos tecnológicos digitales. Esta falta puede afectar las posibilidades futuras para salir de la pobreza a través de su capital humano y capacidades, junto al aumento de abandono escolar. Asimismo, los niños y niñas migrantes pueden encontrar más dificultades en cuanto al aprendizaje de idioma, lo que conlleva una menor capacidad de integración. También hay que considerar que, al estar en casa y no en la escuela, los niños necesitan de mayor atención. Esto podría obligar a sus madres y padres a dejar sus trabajos para cuidar de ellos, perjudicando la situación económica de la familia, que a su vez en el futuro puede provocar episodios de trabajo infantil. 

Cierre de las fronteras y mayor xenofobia: El trayecto de los niños y niñas migrantes acompañados y no acompañados hacia el país de destino ha sido interrumpido abruptamente, a causa de las medidas de restricción de movilidad y cierre de fronteras. Los jóvenes migrantes, varados temporaneamente en áreas cercanas a las fronteras, han sido expuestos a mayores formas de xenofobia por parte de la comunidad en el país de tránsito, siendo acusados, en muchos casos erróneamente, de traer la enfermedad o facilitar el contagio. Como indica el informe de la OIM, el cierre de fronteras, junto con las deportaciones de menores, ha provocado una caída de casos de custodia protectoras de niños y niñas.

Discriminación en la comunidad de origen: Los jóvenes migrantes que escapan de situaciones de conflicto, persecución, calamidad ambiental, abusos, violencia y falta de oportunidades, son expuestos a violaciones a los derechos humanos y a condiciones difíciles no solo a lo largo del trayecto hacia el país de destino, sino que también al volver a supaís de origen, al ser en ocasiones percibidos como posibles focos de contagios. Henrietta Foe, directora ejecutiva de la UNICEF, señaló que “muchos niños que regresan afrontan un riesgo doble y están más en peligro que cuando abandonaron sus comunidades”, al deber enfrentar nuevamente la situación de inseguridad en su comunidad de origen y al ser víctimas de mayor discriminación.  

Efectos en la salud mental: Los niveles más altos de tensión y estrés de la población migrante afectan también a los niños y niñas, sobre todo en los casos en que la enfermedad de COVID-19 causa el fallecimiento de sus padres o madres y quedan huérfanos, lo que puede generar un aumento de en la exposición a abusos. Muchos niños y niñas migrantes y desplazados pueden sufrir traumas psicológicos, marginalización o estigma, además de no poder recibir apoyo psicológico durante la pandemia.       

No obstante  los reportajes en los medios de comunicación se centren en compartir principalmente las estadísticas y datos acerca del número de personas que han contraído la enfermedad de la COVID-19, debemos enfocar nuestra atención también en generar debates y políticas para el estrato poblacional que experimentará el impacto más duradero de la pandemia: los niños y las niñas.

Los niños y niñas migrantes precisan de protección y asistencia social y sanitaria inmediata, para poder aprender, crecer y lograr mejores condiciones de vida. Ellos y ellas tiene que ser una prioridad para contrarrestar y dismunuir los efectos a corto y largo plazo de la pandemia.