10 claves del Pacto Mundial sobre Migración relacionadas con el medioambiente

 

*Esta entrada de blog fue publicada originalmente en inglés aquí.

Tras la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes en 2016, los Estados Miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a desarrollar, negociar y adoptar un Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular (PMM)  por primera vez en la historia. El PMM es un marco de cooperación no vinculante que articula un conjunto común de compromisos, sobre la base de 23 objetivos, para que los estados respondan a los desafíos y oportunidades de la migración internacional contemporánea y formula disposiciones para su implementación, seguimiento y revisión.

El 13 de julio de 2018, el texto final del PMM se concretó y se presentó en la Sede de las Naciones Unidas al final de la 6ª ronda de negociaciones intergubernamentales. Este texto final ofrece una serie de principios rectores, pero también articula medidas concretas para la gestión fronteriza, documentación, servicios migratorios, creación de capacidades para los Estados, protección consular, reconocimiento de habilidades, mecanismos de portabilidad y la construcción de entornos para que las personas migrantes y las diásporas sean actores del desarrollo.

El texto también contiene múltiples referencias a la migración causada por motivos ambientales, articulando una comprensión amplia y completa de los desafíos vinculados al nexo entre el medio ambiente y la migración. La mayoría de las referencias relacionadas con este tipo de migración se encuentran en el objetivo 2: “minimizar los impulsores adversos y los factores estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen”; el cual contiene una sección dedicada específicamente al tema y titulada: "Desastres naturales, los efectos adversos del cambio climático y la degradación ambiental" (Objetivo 2, párrafos 19.h al 19.l). Además, se pueden encontrar algunas referencias importantes en el objetivo 5: “mejorar la disponibilidad y la flexibilidad de las vías para la migración regular”.

 

10 claves del PMM sobre la migración y el medioambiente:

1. El PMM identifica claramente la degradación ambiental de evolución lenta, los desastres causados por eventos naturales y los impactos del cambio climático como impulsores de la migración contemporánea.

2. El texto reconoce la causalidad múltiple de la migración, ya que los factores ambientales interactúan con los políticos, económicos y demográficos.

3. El texto articula respuestas potenciales integrales para abordar estos factores: el diseño de medidas apropiadas en los países de origen para hacer de la migración una opción más que una necesidad desesperada; preparación de desastres; reducción del riesgo de desastres, así como la respuesta a estos; y la facilitación de los movimientos de personas.

4. El PMM reconoce que las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático en los países de origen deben priorizarse para minimizar los impulsores de la migración.

5. El texto también reconoce que la adaptación in situ o el retorno de los migrantes podría no ser posible en algunos casos y que el fortalecimiento de las vías de migración regular (reubicación planificada y opciones de visa) deben formar parte de las herramientas de gestión de la migración.

6. El PMM describe la necesidad de que los estados cooperen para identificar, desarrollar y fortalecer soluciones para las personas que migran en el contexto de una degradación ambiental de evolución lenta (en particular la desertificación, la degradación de la tierra y aumento del nivel del mar), así como también en los desastres de evolución lenta (sequía).

7. El PMM destaca la importancia de trabajar a nivel regional para abordar los factores ambientales de la migración.

8. El texto alienta la coherencia de las políticas al destacar que el PMM se basa en una serie de instrumentos mundiales relacionados con el cambio climático, los desastres y la gobernanza ambiental: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Acuerdo de París, la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD), la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres.

9. El texto también destaca la necesidad de tener en cuenta las recomendaciones derivadas de iniciativas estatales con un enfoque en la movilidad vinculada a desastres, fuera del contexto de la ONU: la Agenda para la Protección de las Personas Desplazadas a través de Fronteras en el Contexto de Desastres y Cambio Climático, y como un seguimiento de esta: la Plataforma sobre Desplazamiento por Desastres; así como la Iniciativa Migrantes en Países en Crisis (MICIC).

10. El PMM reconoce la necesidad de más inversiones en evidencia, datos e investigación para abordar los desafíos de la migración causada por motivos ambientales.

La finalización del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular representa un logro emocionante e importante para la gobernanza y la gestión de la este tipo de migración, tanto ahora como en el futuro. Sin embargo, los desafíos de traducir la política global en prácticas nacionales y regionales no deben subestimarse. La migración por motivos ambientales sigue siendo un tema relativamente nuevo, con poca evaluación y evaluación de la efectividad de las prácticas existentes, especialmente aquellas experiencias que se relacionan con los compromisos más innovadores delineados en el PMM. Lo cierto es que el logro de los ambiciosos compromisos establecidos en el Pacto Mundial dependerá de una voluntad política sólida, los recursos de financiación adecuados y el desarrollo exitoso de coaliciones de actores pioneras.

 

Dina Ionesco

Mariam Traore Chazalnoë

División de Migración, Medio Ambiente y Cambio Climático de la OIM.

 


Regreso al olor de mi cocina casera - #DíaDelMigrante

Regreso al olor de mi cocina casera - #DíaDelMigrante
Categoria: Retorno y Reintegración
Autor: Laura Manzi

Relato escrito con base en el testimonio de Sandra Flores, migrante retornada.

Es todo oscuro, no hay luz, ni tampoco espacio. Nos falta hasta el aire para respirar. Hay solo un pequeño agujero, hecho con un clavo, a través del cual un soplo de aire puede pasar. Y así nos vamos alternando, para que cada uno pueda respirar un poco por algunos minutos: primero la niña, luego mi hijo, y finalmente yo. ¿Cuántas horas llevamos en esta furgoneta? Deben ser más de seis, siete u ocho. Mis hijos me ofrecen comida pero no quiero comer. No tengo hambre, y no sé cuando volveré a tener ganas de comer. Es que me duele tanto el estómago, me duele allí dentro. El miedo me controla. 

¿Qué es lo que está pasando, así de repente? Estas miradas despectivas de la gente que nos observa me atormentan hasta hoy. Podría olvidarme del cansancio, de las horas pasadas en la furgoneta, pero nunca podría olvidarme de estas miradas. Tengo miedo y quiero llorar, pero tengo que ser valiente, levantar mi cabeza y contestar a todas las preguntas:

¿De dónde viene?

¿Tiene papeles?

¿Estos son sus hijos?

“¡No me los quiten, por favor!”, alcanzo a decir. “No soy yo el coyote, soy su madre, me llamo Sandra”. Debo haberlo gritado muchas veces, porque en seguida siento mi boca seca, y el miedo que antes controlaba mi estómago ahora me corta la voz. Mientras tanto mi hija me tiende la mano, en un acto desesperado, porque sabe que yo no puedo cogerla; ya estoy lejos. Intento gritar, quiero que mis hijos se queden conmigo. Pero cuanto más suplico al policía, más les veo desaparecer.

Mi grito me despierta en medio de la noche. Con la frente sudada y la respiración aún jadeante, consigo levantarme para ir al baño y limpiarme la cara. Por suerte mi grito no ha interrumpido el sueño de mis hijos, que duermen en sus camas. Necesito quedarme un rato allí, mirándolos e intentando tranquilizarme. Ya son tres años desde que viajamos hacia Estados Unidos y fuimos retornados aquí, a El Salvador, y sin embargo estos recuerdos aún alimentan mis pesadillas. 

Podría acostarme otra vez, es muy temprano, pero prefiero mantenerme ocupada desde ya. Preparo el desayuno a mis hijos. Miguel tiene 16 años, Elizabeth, 10. Esta es mi familia: yo soy su fuerza y ellos la mía. La agitación que la pesadilla había causado se va lentamente apagando; cocinar me calma, es mi paz y mi terapia. Preparo unos frijoles y plátano frito y también algo para la comida: unas pupusas con salsa. Mi cocina ya huele a comida casera, y con el olor inmediatamente me transporto a tiempos pasados, cuando era solamente una niña y me divertía cocinando con mi abuela Leonor, o Noy, como le decía de cariño. Es ella quien me enseñó todo lo que sé, su manera de cocinar, su tacto y su gusto reviven en mi hoy. Ella me enseñaba lo que hacía y yo me quedaba mirándola. Nuestros momentos juntas eran ratos felices, y deliciosos. 

Tengo que cocinar una comida a la vez porque no tengo muchas ollas, ni platos. Pero no me quejo, ya es un lujo para mi tener lo que tengo ahora. Cuando volví, después de mi viaje, en 2015 no tenía ni cocina. La comunidad de aquí, en Guazapa, me ayudó mucho. Aún me conmuevo si pienso en todo lo que hicieron por mí: me llevaban comida, me dejaban calentar el agua en su casa y siempre tenían palabras de consuelo para mí. Me animaron después de una experiencia tan dura como la que viví y nunca, jamás, me discriminaron. 

Ya es de mañana. Mis hijos despiertan y animan toda la casa. Yo me visto rápidamente para ir a trabajar, hoy me toca limpiar y planchar ropa en casa de una vecina. A eso me dedico, aunque a veces también trabajo como cocinera y vendo la comida que preparo. En el camino al trabajo, paso por la alcaldía y no puedo evitar notar un gran anuncio: parece que van a ofrecer unas capacitaciones para emprendedores en el marco de un proyecto para las personas migrantes retornadas. Ahí abajo había una lista que indicaba todas los talleres y cursos. Me inscribo a todos, siento que podía ser una oportunidad para aprender, crecer y quizás ver mi vida cambiar, mejorar. Un nuevo estímulo y esperanza es justo de lo que necesito. 

Pasan los meses y los cursos ofrecidos por la alcaldía junto a la OIM me mantienen muy ocupada, pero también ilusionada. Mi sueño de tener mi negocio estable, de ser cocinera, ya no es tan inalcanzable. Una planchita y una mesa eran todo lo que tenía antes, pero hoy tengo la oportunidad de invertir en mi proyecto empresarial gracias al apoyo del proyecto para migrantes que retornaron. Así que voy a comprar una refrigeradora, una plancha, una licuadora, ollas, cacerolas; todo lo que necesito para finalmente montar mi negocio.

Voy a inaugurar mi actividad en una semana. Mi negocio va a emplear también a otra mujer, que va a ayudarme en la preparación de los platos. Mi hijo Miguel nos ayudará a repartirlos; él tiene ganas de estar involucrado, me dice ‘Mamá, yo también quiero ser emprendedor’. Me alegra verlo feliz ahora, después de todo lo que hemos vivido hace solo tres años. En mi casa no hablamos muy a menudo de nuestra desventura hacia el norte, pero cuando lo hacemos, mi hijo siempre repite que nunca volvería a intentar migrar de manera no regular.

Un último detalle que no he contado: mi negocio ya tiene nombre, se llamará  ‘La cocina y pupusería Mama Noy’, en honor a mi abuela. Su ejemplo me ha guiado desde que era niña y quiero dedicarle este gran logro en mi vida. Ella ha cultivado mi talento, y la alcaldía y la OIM han transformado mis capacidades en oportunidad de trabajo. Hoy voy a dormir tranquila, y si no puedo borrar los recuerdos dramáticos del pasado, entonces tendré que sustituirlos, en el futuro, con nuevas memorias felices.