Una oportunidad histórica

 

A inicios de agosto 2017, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informaba que las muertes de migrantes que cruzan la frontera entre Estados Unidos y México aumentaron en un 17 % durante los primeros 7 meses del año, en comparación con el mismo período del año anterior. Ese porcentaje representa 232 personas que perdieron su vida al buscar mejores condiciones de vida, lo cual nos muestra un ejemplo regional de las consecuencias lamentables de una migración en condiciones inseguras, desordenadas e irregulares. Así como estos, los episodios trágicos que involucran la muerte de migrantes se repiten a diario en todo el mundo.

En septiembre de 2016, Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno se reunieron para discutir temas relacionados con migración y refugio durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, quienes finalmente adoptaron la Declaración de Nueva York para Refugiados y Migrantes. En esa declaración se reconoció que: “el desplazamiento forzoso y la migración irregular de personas en grandes movimientos suelen plantear problemas complejos”. ¿Y qué hacemos para hacerle frente a esos problemas? Precisamente, la Declaración en su Anexo II establece el compromiso para iniciar negociaciones en aras de aprobar un pacto con el fin de lograr un consenso en temas migratorios. Hablo del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, el cual ha generado desde el año pasado una serie de consultas en todo el mundo que servirán como insumos para el producto final de este gran esfuerzo. Este pacto se aprobará en el marco de una conferencia intergubernamental sobre migración internacional en el 2018.

Una de las razones por las que el Pacto Mundial sobre Migración representa una oportunidad histórica es la forma en que se está desarrollando: un proceso inclusivo que cuenta con la participación de todas las partes pertinentes como lo son la sociedad civil, el sector privado, la academia, los parlamentos, las comunidades de la diáspora y organizaciones de migrantes.

El Representante Permanente de México ante las Naciones Unidas, Juan José Gómez Camacho, nos daba un ejemplo de la importancia de esta inclusión durante un diálogo parlamentario sobre el Pacto Mundial: “(el Pacto Mundial) tiene menor sentido si a nivel nacional no es traducido en política pública, en marcos legislativos y en la solución concreta de los problemas. Por eso los parlamentarios juegan un papel central”. 

El Embajador Gómez Camacho, quien además fue nombrado por el Secretario General de las Naciones Unidas como co-facilitador del Pacto Mundial, explica como la integración de parlamentos en el proceso preparatorio del Pacto asegura que finalmente las disposiciones que se aprueben tenga un impacto real en nuestras sociedades. Esa misma lógica aplica para el resto de sectores y por eso estamos llamados a nivel regional a seguir muy de cerca este proceso y a contribuir a la materialización de este gran acuerdo internacional.

A propósito del proceso consultivo de este pacto, el 30 y 31 de agosto de 2017 se llevó a cabo la Reunión Regional Latinoamericana y Caribeña de Expertas y Expertos en Migración Internacional Preparatoria del Pacto Mundial, en la sede de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en Santiago, Chile. Este es uno de los eventos en el calendario que tiene como objetivo generar insumos para el Pacto Mundial, por lo que los participantes aportaron recomendaciones concretas y ejemplos de buenas prácticas en la región para su discusión y consideración. Esta consulta culminó con un llamado a alcanzar un acuerdo global ambicioso, centrado en la igualdad y con un enfoque de derechos.

Le invito a seguir de cerca el proceso en Centroamérica, Norteamérica y el Caribe en: http://rosanjose.iom.int/site/es/pacto-mundial

 

 

   Sobre el autor:

Marcelo Pisani es el Director Regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe. El Sr. Pisani cuenta con 18 años de experiencia en administración de proyectos, asesoría para la generación de políticas públicas, y en otras áreas vinculadas con la superación de la pobreza y la atención de poblaciones vulnerables en situaciones de emergencia. Anteriormente fue Jefe de Misión       de la OIM en Colombia y en Zimbabue, y trabajó en el Banco Mundial y en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Es arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Chile. 

 


Gobernanza Migratoria: Una estrategia de adaptación al cambio climático

Joki y Bevelyn junto con su hermano discapacitado y sus padres son la única familia que vive en la pequeña isla de Huene. Originalmente vinculada a una isla cercana, la isla se ha ido reduciendo lentamente a lo largo de los años, lo que hace que cada vez sea más difícil cultivar. Es probable que Joki y Bevelyn sean la última generación en vivir en la isla. Fotos: IOM 2016 / Muse Mohammed
Categoria: Migración y Medio Ambiente
Autor: Autor Invitado

 

Si bien la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 señala que las Partes tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas para mitigar los efectos del cambio climático, la cruda verdad es que los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) sufren sus efectos de manera desproporcionada, a pesar de contribuir menos del 1% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Los desastres debidos a amenazas naturales, muchos de los cuales se ven agravados por el cambio climático y que están aumentando en frecuencia e intensidad, ha tenido como consecuencia un elevado costo humano y económico para el Caribe. En 2017, solo la temporada de huracanes en el Atlántico desplazó a más de 3 millones de personas en un mes.

El informe especial del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), publicado recientemente, proyecta que a 1,5° C, los PEID enfrentarán un aumento en los incidentes de migración interna y desplazamiento, tensión por agua dulce y aún más preocupante: aumento de la aridez, inundaciones costeras y oleadas que incluso podría dejar a varias islas atolón o coralinas inhabitables. Al respecto, el Dr. Douglas Slater, Secretario General Adjunto de la Secretaría de CARICOM, comentó

 "Nosotros [Caricom] tenemos que seguir alzando nuestras pequeñas pero poderosas voces, porque el cambio climático es existencial para nosotros".

Los Estados del Caribe han lanzado una variedad ejemplar de medidas de adaptación, como sistemas de alerta temprana, seguros de protección, obras de infraestructura resilientes, como en el caso de Dominica. No obstante, resulta clave abordar los vínculos entre el cambio climático, la vulnerabilidad, los desplazamientos y el aumento de los riesgos potenciales que enfrentan los PEID para garantizar que la migración inducida por el ambiente no se equipare a crisis, sino a adaptación.

En esta línea, los esfuerzos en materia de gobernanza de la migración es una estrategia efectiva capaz de enfrentar los efectos del cambio climático al:

Integrar la movilidad humana en la gestión del riesgo de desastres, planes y políticas nacionales de adaptación para minimizar la migración forzada y el desplazamiento. Por ejemplo, el Informe global sobre desplazamiento interno de 2018 señala que antes y durante el huracán Irma, 1,7 millones de personas fueron evacuadas en Cuba, como parte de la respuesta a desastres que ha elaborado este país centrada en la movilización y preparación de la comunidad. Esta estrategia de adaptación demuestra que el desplazamiento no siempre debe ser un resultado negativo, sino que también puede mejorar en la reducción de desastres. El enfoque de movilidad humana también hace énfasis en la protección de poblaciones vulnerables y el combate a la trata y el tráfico de personas en contextos de amenazas naturales y crisis.  

Promover la cooperación con países vecinos y otros países pertinentes para preparar sistemas de alerta temprana y reservas, planificar medidas de contingencia, evacuaciones, la recepción y los acuerdos de asistencia y la gestión de fronteras para facilitar la migración segura y ordenada, y mejorar la capacidad de respuesta al desplazamiento transfronterizo de desastres, así como el retorno y la reintegración de poblaciones.

Desarrollar acuerdos bilaterales y multilaterales de migración para el involucramiento de migrantes y miembros de la diáspora en oportunidades laborales, para proporcionar recursos financieros y humanos a sus países de origen. El Marco Operativo de Crisis Migratoria de la OIM señala que la diáspora puede estar interesada en participar e incluso dispuesta a regresar para apoyar los procesos de transición y recuperación. El Banco Mundial agrega que la reducción de las tarifas de las transacciones y las remesas representa una oportunidad para aprovechar el potencial de las diásporas en los esfuerzos de cooperación. Un ejemplo de un acuerdo podría ser la definición de esquemas de migración laboral temporal de trabajadores calificados para apoyar en los esfuerzos de reconstrucción poscrisis. Por ejemplo, la respuesta de la OIM en Dominica, después del huracán María, incluyó la capacitación de 71 personas en carpintería básica y el empleo de 36 carpinteros, cuatro de los cuales eran trabajadores migrantes de Trinidad y Tobago.

Fortalecer estrategias subregionales, la cooperación y el desarrollo de las capacidades de todos los países involucrados para promover la resiliencia, el desarrollo sostenible, así como la asistencia humanitaria y la protección de los derechos humanos de las poblaciones afectadas en cualquier lugar de la región.

Delinear estrategias de reubicación planificada como iniciativa de adaptación al aumento del nivel del mar y las inundaciones. Según el Banco Mundial es importante contemplar esta estrategia como una solución a largo plazo e incluso de último recurso, pues la adaptación "en sitio" tiene sus límites, ya que ciertos entornos serán inviables para medios de vida sostenibles y dignos.

Habilitar la migración como una estrategia de adaptación que permita disminuir la vulnerabilidad de los medios de vida de las personas, mediante la creación de incentivos para atraer a las personas hacia lugares y sectores menos sensibles a los efectos del cambio climático. En este sentido, el Banco Mundial sugiere la creación de una economía resiliente y diversificada. Esto incluye la creación de oportunidades laborales alternativas, la capacitación de migrantes potenciales, los esfuerzos de integración (especialmente en áreas urbanas) y la identificación de mercados laborales resistentes al clima.

La migración es un fenómeno complejo que suele tener múltiples factores, pero la migración inducida por el medio ambiente sigue siendo una realidad y se espera que aumente debido a los efectos del cambio climático. Por ello, medidas de gobernanza como las que hemos mencionado, referentes a la movilidad humana, los derechos de los migrantes y potenciales migrantes, deben contemplarse como parte de estrategias integrales de adaptación. Eso es especialmente necesario cuando los Estados, particularmente de la región del Caribe, exigen que las acciones para combatir el cambio climático sean más ambiciosas, efectivas e inmediatas. 

 

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