Un buen ejemplo de coordinación transfronteriza en la protección y asistencia a migrantes vulnerables

 
El tercer miércoles de cada mes el Salón de Aduanas en Paso Canoas, entre la provincia de Puntarenas y Chiriquí, frontera entre Costa Rica y Panamá, es testigo de una escena poco común entre países limítrofes del hemisferio y, sin embargo, determinante para una gestión migratoria integral. Representantes de instituciones homólogas de ambos países se reúnen bajo el espíritu amistoso que ha imperado por mucho tiempo entre ellos y sin que los diferentes marcos jurídicos de ambas naciones se interpongan en torno a una misma misión: garantizar la asistencia, protección oportuna y efectiva de personas migrantes en condiciones de vulnerabilidad.
 
La Comisión Permanente para la Protección y Asistencia a Migrantes en Condiciones de Vulnerabilidad (COPPAMI), originada en el 2013, cuenta hoy en día con más de 25 instituciones activas y sirve como espacio de comunicación, formación y acción conjunta en una zona fronteriza bastante dinámica, la cual de hecho forma parte de uno de los corredores migratorios más importantes de la región.
 
El papel de la Comisión cobra aún más relevancia en la época actual, caracterizada por una creciente movilidad humana en el orbe, así como por el tránsito en la región de personas provenientes del Caribe, África y Asia. Esto sin dejar de mencionar los históricos desplazamientos intrarregionales y desde Suramérica, incluyendo población indígena, trabajadores migrantes temporales y personas solicitantes de asilo, lo que incrementa las situaciones de riesgo que enfrentan las personas migrantes al cruzar nuestras fronteras.
 
Autoridades de migración, ministerios de salud, organismos policiales, institutos de la mujer y niñez, así como el sector académico entre otros, forman parte de este mecanismo binacional que favorece precisamente poder dar respuesta a los retos de la movilidad humana y a las necesidades de las personas migrantes más vulnerables. Esta experiencia de COPPAMI, con el acompañamiento de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) a través del Programa Mesoamérica, demuestra importantes beneficios de la coordinación transfronteriza que pueden ser resumidos en cuatro ejes clave:
 
1. La conformación de COPPAMI como unidad técnica ejecutora binacional del Convenio para el Desarrollo Fronterizo Costa-Rica-Panamá en 2015. Este importante paso permitió no solo la oficialización de COPPAMI dentro de las estructuras administrativas, sino mayor capacidad de convocatoria y el consecuente fortalecimiento de la coordinación interinstitucional binacional.
 
2. Componente de fortalecimiento de capacidades mediante el aprendizaje continuo, intercambio de información y experiencias. Como parte de sus planes operativos, la COPPAMI programa sesiones y jornadas de capacitación facilitadas por las mismas instituciones integrantes de la red con el fin de aumentar y/o actualizar los conocimientos y herramientas necesarias para la protección y asistencia de personas migrantes en situación de vulnerabilidad, de forma articulada.
 
3. La organización y consolidación de actividades de sensibilización y prevención binacionales como la feria de la salud, dirigida principalmente a la población migrante indígena ngöbe-buglé y la Caminata contra la Trata de Personas en el sector fronterizo de Paso Canoas. Ambas iniciativas se celebran anualmente y cuentan con la participación de instituciones públicas de Costa Rica y Panamá, centros educativos y sociedad civil, favoreciendo también los procesos de sensibilización en torno a los derechos de las personas migrantes y la lucha contra la trata de personas como uno de los delitos más complejos que enfrenta la humanidad.
 
4. La homologación de enfoques basados en los derechos humanos y protección tanto a nivel institucional como comunitario. Diferentes testimonios dentro de la Comisión revelan cambios de paradigmas frente a la migración y las personas migrantes, unificándose criterios que impactan la gestión desde las diversas áreas de trabajo e inciden en la sociedad principalmente por medio de un comité de proyección a la comunidad conformado con dicho propósito.
 
Es importante también destacar la dinámica comprehensiva de la COPPAMI y su capacidad para adaptarse a una realidad siempre cambiante. Es un ejemplo de constancia de funcionarios con un alto grado de compromiso, que incluye esfuerzos en el plano de la investigación para un mejor entendimiento del contexto y las variables del fenómeno migratorio en la zona y en el mundo.
 
Sin duda, el espíritu de la COPPAMI proyecta optimismo en la gestión de la migración, la corresponsabilidad y en el cumplimiento de sus objetivos de cara a la población migrante más vulnerable.

 

Sobre la autora:

Mariel Pinel es Promotora Local del Programa Mesoamérica de la OIM en Costa Rica. Es internacionalista especializada en cooperación al desarrollo con una maestría de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en esa misma área. Ha laborado por casi una década para proyectos y programas de desarrollo principalmente desde el sector no gubernamental y con trayectoria en el ámbito de la multiculturalidad.


La migración centroamericana en el cine, un viaje infinito

Categoria: Migración y Arte
Autor: Autor Invitado

El 22 de mayo del 2013, 2300 personas se pusieron de pie en el Festival de Cannes para ovacionar a los intérpretes Brandon López y Karen Martínez, de Guatemala, y al mexicano Rodolfo Domínguez, durante el estreno de La jaula de oro, ópera prima del hispano-mexicano Diego Quemada-Diez. En el centro de la sala, los jóvenes actores no sabían cómo responder a la avalancha de aplausos al haber obtenido el Premio Conjunto a la Mejor Interpretación en la sección Una cierta mirada de Cannes.

Cuatro años antes, el Festival de Sundance, también entre los más prestigiosos del mundo, premiaba al director estadounidense Cary Jogy Fukunaga por otra ópera prima, Sin nombre (2009). Ambos filmes tratan un tema común: el largo camino que los migrantes centroamericanos recorren hacia Estados Unidos. Estos filmes, como otros que caracterizan la producción más reciente, muestran cómo lo más peligroso del viaje es atravesar México, ya sea sobre el tren conocido como la Bestia o en el desierto. La suma de componentes que involucra a la corrupción, los coyotes, las maras y otras pandillas, así como el riesgo de subir al convoy en marcha, hacen que pocos de los migrantes alcancen su destino.

El director mexicano Luis Mandoki, conocido por Voces inocentes (2004), película sobre los niños en la guerra civil salvadoreña, incursionó en esta nueva problemática con el largometraje La vida precoz y breve de Sabina Rivas (2012), en el que una adolescente hondureña viaja a Guatemala con el deseo de continuar hacia el norte y cae presa de una red de prostitución y engaño.  Dicho filme revela con crudeza el complejo entramado de corrupción y violación de los derechos humanos al que se enfrentan los migrantes. En la frontera conviven narcotráfico, pandillas, abuso infantil, trata de personas, violaciones, torturas y asesinatos bajo impunidad.

El actor mexicano García Bernal se ha involucrado de manera personal en el tema. Como dijo en la presentación de los premios Óscar 2017: "Me opongo a cualquier muro que intente separarnos". Con este objetivo realizó cuatro documentales breves bajo el título Los invisibles (2010). El primero, Seaworld (por el parque acuático con que sueñan los niños y niñas migrantes) se filmó en un albergue mexicano en que se narran los robos, abusos, torturas y asesinatos a los que se exponen los centroamericanos de paso por México.

Seis de cada diez muestra a mujeres hondureñas que huyen de la pobreza y del machismo, y que aprenden en carne propia que “6 de cada 10” sufren de abuso sexual durante el trayecto. Los que quedan refiere al sufrimiento de los familiares que permanecen atrás, sin saber la suerte de sus seres queridos, en medio de imágenes de fosas comunes y cadáveres desperdigados por el camino.

Los invisibles no solo es claro y directo en su planteamiento, utiliza una escritura cinematográfica original y un lenguaje visual que mezcla imágenes bellas con otras de intensa crudeza y brutalidad.

La dirección es compartida entre García Bernal y el director británico Mark Silver. Juntos realizaron también el largometraje documental ¿Quién es Dayani Cristal? (2013), a partir de un cadáver encontrado en el desierto con un tatuaje con ese nombre. A partir de la búsqueda forense para identificar el cuerpo, los directores realizaron un filme que incluye dramatizaciones en las que García se transforma en un migrante más: “…mis nuevos amigos me llevan hacia la frontera de mi propio país, México, y me explican cómo cruzar”.

El recorrido se intercala con entrevistas a la familia del padre de Dayani Cristal, Yohan. La leucemia de su hijo mayor lo obligó a emigrar, enfermó en el desierto y, como reza la ley del migrante, “el que se queda, se queda”. El documental que concluye con el epitafio: “Dilcy Yohan Sánchez Martínez murió a 20 minutos en carro de la ciudad de Tucson. Tenía 29 años. Dejó atrás a su esposa y tres hijos. Elvin, Yohancito y la más joven, Dayani Cristal”.

Juan Carlos Rulfo es otro de los documentalistas prestigiosos que han tratado el tema. Los que se quedan (Rulfo y Carlos Hagerman, codirectores, 2008), ganadora del mejor documental en el Festival de Guadalajara, presenta las consecuencias de la partida de los hombres que se marchan y la zozobra que se instala en la vida de los que permanecen, la incertidumbre de no saber si llegaron, si sobrevivieron, si algún día volverán.

La Bestia (2010) de Petro Ultreras se enfoca en el trayecto del tren de carga que recorre 5000 kilómetros hacia Estados Unidos, un horizonte de incertidumbre que otro documentalista, Juan Manuel Sepúlveda, llama La frontera infinita (2007).

Este filme, junto a El camino de la costarricense Ishtar Yasin, película sobre la migración nicaragüense a Costa Rica, fue uno de los dos provenientes de Latinoamérica que se presentaron ese año en el Festival de Berlín y que coincidieron en la misma temática.

 

LA MIRADA PROPIA

El abordaje de la migración tiene un largo recorrido en el audiovisual regional. Ya en el año 2001, Félix Zurita, español radicado en Nicaragua, realizó El Chogüi, sobre un boxeador pobre que quiere vivir en Estados Unidos.

El guatemalteco Luis Argueta, quien reside en Nueva York desde 1988, es quien más se ha enfocado en el tema desde su segundo largometraje, Colect Call (2002), una parodia sobre la migración. Su aporte más importante es la trilogía de documentales AbUSAdos, la redada de Postville (2010), Abrazos (2014) y Vuelta en U (2017).

El director alemán Uli Stelzner es otro documentalista clave con La isla. Archivos de una tragedia (2009), sobre el Archivo Histórico de la Policía de Guatemala, y Asalto al sueño (2006), que cuenta la historia de Noé y sus compañeros, quienes abandonan el pueblo fronterizo de Tecún Umán, amenazados por los mareros y la policía, y abordan la Bestia. En el filme, las mujeres anhelan una sociedad en que las madres solteras no sean vistas como prostitutas y ser mujer no sea un delito. Como dice la artista Regina Galindo: “Ser mujer en Guatemala es una situación invivible, un riesgo inhumano”.

En Asalto al sueño, Noé advierte del peligro que corre: “…a nadie le deseo que se quede aquí... el que se queda aquí ya no regresa... aquí no le perdonan la vida”. Días después de la filmación fue asesinado, al igual que Norman, un exmarero que le contó su vida al director guatemalteco-mexicano Julio Hernández Cordón (Norman, 2005).

El salvadoreño Tomás Guevara presenta en su documental Ausentes (2010) el desgarramiento de las madres que dejan a sus hijos con la ilusión de ofrecerles una vida mejor. Los anhelos de prosperidad económica no impiden las consecuencias de la ruptura. “Lo material no es todo”, llora en cámara una madre preguntándose si valió la pena dejar a sus hijos durante 12 años. Otro documental, María en tierra de nadie (2011) de la salvadoreña Marcela Zamora, describe el viaje de una anciana, en busca de una hija desaparecida, y de dos mujeres más que desean establecerse en Estados Unidos.

El reciente documental Casa en tierra ajena (2017) fue producido por un grupo interdisciplinario formado por el investigador Carlos Sandoval y la documentalista Michelle Ferris, de la Universidad de Costa Rica (UCR), y la Unidad de Audiovisuales de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), del mismo país.

Por su parte, los documentales Llévate mis amores (2014) de Arturo González Villaseñor y La Cocina de las Patronas (2017) de Javier García se acerca a la vida de las patronas e ilumina con un rayo de esperanza un aspecto desconocido de la convulsa situación migratoria centroamericana.

 

LA MIGRACIÓN EN LAS PANTALLAS DEL SIGLO XXI

La migración y la violencia volvió a convertir a la región en un tema de agenda internacional después de que lo había sido durante la coyuntura político-militar de la década de 1980. Empero, a diferencia de la producción preliminar, cuyos canales de distribución fueron clandestinos o reducidos, las películas actuales intervienen en festivales de alto nivel, redes comerciales y servicios de streaming por internet.

Si entramos a Youtube encontraremos una vasta cantidad de materiales sobre el tema en los que predomina un abordaje complejo a un fenómeno igualmente complejo, sensible y multifactorial. He seleccionado solo aquellas obras que pueden ser consideradas documentales de autor y en los que sobresale tanto una visión personal como la búsqueda de un lenguaje cinematográfico propio. Lo mismo he hecho con las ficciones.

A través de la mirada cinematográfica nos sensibilizamos ante un objeto de estudio y de reflexión que no puede ser tratado desde un ángulo único: la travesía en sí, el peligro constante que implica subirse a un tren de carga en marcha, los mutilados que subsisten a una frustración doble (haber llegado a la mitad del camino entregando una parte de su cuerpo), los desaparecidos y la incertidumbre de los que quedan atrás, el dolor que acompaña los sueños realizados y los sueños irrealizables.

La migración y el discurso audiovisual que genera están hechos de extremos, como pocas temáticas a las que he tenido que enfrentarme. Visibiliza lo peor y lo mejor de la condición humana. Al lado de los coyotes sin piedad, los traficantes, las maras y la corrupción asoman, como luces que titilan en el horizonte del desierto, líderes comunales, sacerdotes, agentes sociales y mujeres ejemplares como las patronas, que sin apenas recursos propios preparan comida y agua para los migrantes y se los arrojan a los trenes en marcha.

Hemos revisado películas tanto centroamericanas como realizadas por directores de otras latitudes. En el contexto de la globalización, estas producciones representan un impacto positivo para la construcción de una agenda audiovisual centroamericana. Al igual que la migración poblacional de la periferia al centro, la comunicación audiovisual es parte de los flujos de intercambio mundial y el tema de la migración uno de los más abordados por el cine actual.

 


María Lourdes Cortes Pacheco es Historiadora del cine costarricense y centroamericano, catedrática de la Universidad de Costa Rica y directora de CINERGIA. Fue directora de la primera escuela centroamericana de Cine y Televisión (Universidad Veritas) y del Centro Costarricense de Producción Cinematográfica. Ha ganado el Premio Joaquín García Monge, en difusión cultural y dos veces el Premio de Ensayo Aquileo J. Echeverría, así como el premio honorífico “Ezequiel Martínez Estrada” y el premio al Mejor ensayo sobre cine latinoamericano y del Caribe, que otorga la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericana. Ha sido designada Catedrática Humboldt 2017, gracias a lo cual prepara una investigación sobre el cine centroamericano contemporáneo. En varias ocasiones ha sido jurada en festivales internacionales de cine donde ha dado charlas y talleres. El Gobierno de la República de Francia le ha otorgado el grado de Caballero de la Orden de Honor al Mérito (2005).