Hacia una gobernanza más humana de las migraciones

 

La OIM, en su carácter de organismo de las Naciones Unidas especializado en migraciones, promueve que la migración tenga lugar en forma humana y ordenada, proveyendo servicios y asistencia a gobiernos y migrantes. Como parte de esta misión la OIM aboga y se involucra únicamente en aquellas iniciativas de gobernanza migratoria que representan las mejores soluciones, tanto para las personas migrantes como para sus países y comunidades de origen, tránsito, destino y retorno.

Tomando como base este principio, la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) no se involucra, ni participa, ni aboga por ningún tipo de retorno forzado, incluidas las deportaciones.

La deportación es el acto del Estado en el ejercicio de su soberanía mediante el cual envía a un extranjero fuera de su territorio, a otro lugar, después de rechazar su admisión o de habérsele terminado el permiso de permanecer en dicho Estado.

Ahora bien, en el ejercicio de su soberanía, el Estado está obligado a respetar los derechos humanos de las personas y a apegarse a la legalidad. En este sentido, las deportaciones, al igual que cualquier otro acto del Estado, deben siempre llevarse a cabo con pleno respeto a los derechos humanos de las personas deportadas.

Pero más allá de la legalidad de la deportación, las políticas migratorias en general -y las deportaciones, en lo particular- deben necesariamente valorar y conciliar el derecho de los Estados, con la protección de los derechos y las libertades individuales de toda persona, sin importar su condición migratoria.

Aunque dicha valoración puede resultar complicada, de ninguna manera debemos considerar que los conceptos de soberanía y de derechos humanos sean mutuamente excluyentes.

No existe una fórmula migratoria mágica o universalmente aplicable para que el Estado ejerza su facultad de retirar a un migrante de su territorio. Pero sí existen, sin embargo, formas efectivas y humanas de hacerlo.

Una buena gobernanza migratoria respeta el derecho soberano de un Estado de decidir quién puede entrar a su territorio, y la exigencia de que quienes entran a él acaten sus leyes y respeten sus costumbres; pero también vela por los derechos de las personas y toma en cuenta los principios de solidaridad y humanidad, al considerar la necesidad de migrar que tienen y han tenido muchas personas a lo largo de la historia en la  búsqueda de una vida mejor para sí mismos y sus familias; de hecho, la estrategia de reducción de la pobreza más antigua que conoce la humanidad ha sido la migración.

Una deportación indiscriminada deja de lado el segundo elemento de este escenario más humano para la migración.

Para OIM, la decisión de deportar o no a una persona debe contemplar, entre otros elementos, los estándares e instrumentos internacionales de derechos humanos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención de los Derechos del Niño, o la Convención contra la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Estos elementos adicionales son, entre otros derechos y principios, el derecho al debido proceso, el derecho a la unidad familiar, el principio de “non refoulement (no devolución)”, el principio del interés superior del niño y de la niña, el arraigo de la persona en el país de destino, el historial de respeto a la ley, los aportes a las comunidades de acogida y los principios de protección humanitaria.

Además, existen muchas formas mediante las cuales los gobiernos pueden acercarse a una gobernanza más humana de las migraciones como por ejemplo descriminalizar la migración irregular, abrir procesos de regularización para los migrantes que cumplan ciertos requisitos o adoptar leyes que permitan doble nacionalidad y visas de múltiples entradas son algunas de las aproximaciones a este escenario.

También existen los programas de retorno voluntario asistido con reintegración, los cuales salvaguardan la dignidad y los derechos de los migrantes al concretar los retornos, al tiempo que vinculan el regreso de los migrantes al desarrollo de sus comunidades de origen y previenen la reincidencia de la migración irregular. Desde 1979 la OIM ha asistido el retorno voluntario de 1,3 millones de migrantes a sus países de origen.

Alcanzar una gobernanza humana de las migraciones no es solamente un imperativo ético, sino también una necesidad para el crecimiento de los países de origen y destino y un llamado urgente a que se reconozcan los múltiples beneficios de una migración ordenada y humana.

 

 

   Sobre el autor:

Marcelo Pisani es el Director Regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe. El Sr. Pisani cuenta con 18 años de experiencia en administración de proyectos, asesoría para la generación de políticas públicas, y en otras áreas vinculadas con la superación de la pobreza y la atención de poblaciones vulnerables en situaciones de emergencia. Anteriormente fue Jefe de Misión       de la OIM en Colombia y en Zimbabue, y trabajó en el Banco Mundial y en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Es arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Chile. 

 

 


¿Cómo facilitar la reintegración de la niñez migrante retornada desde las escuelas?

Categoria: Retorno y Reintegración
Autor: Ismael Cruceta

 

Según datos del Observatorio Migratorio y Consular de Honduras, del 1 de enero al 22 de junio de 2018, un total de 35.244 personas de nacionalidad hondureña han sido retornadas. De ellas, 4,505 son niñas, niños y adolescentes. Considerando estas cifras, es importante contar con un profesorado capaz de enfrentar el desafío que supone la reintegración de las y los más pequeños en ese país.

En ese contexto, la OIM, el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración, ha iniciado durante el 2018 una serie de capacitaciones sobre el proceso migratorio dirigido a docentes con el fin de ofrecer una mejor atención a las niñas, niños y adolescentes migrantes retornados a Honduras. A través de una metodología teórico-práctica, se han llevado a cabo talleres sobre tres temáticas específicas: técnicas de entrevista, retorno y reintegración, y migración y juventud.

Gracias a estos talleres, las y los profesores de educación primaria cuentan ahora con más herramientas para, entre otras cosas, llevar a cabo una entrevista con una niña o un niño retornado, lo que les ayudará a identificar necesidades y poder así tomar acciones concretas que faciliten el proceso de reintegración en el país.

Estas capacitaciones nos han permitido identificar tres claves para facilitar la reintegración de la niñez migrante retornada desde las escuelas:

 

-Contar con información oportuna sobre las iniciativas nacionales para promover la reintegración. En el 2014, Honduras experimentó un alto flujo de niñas y niños migrantes retornados no acompañados, lo que propició que el Gobierno aprobara mediante un decreto ejecutivo una emergencia humanitaria. Desde entonces, se activó una “Fuerza de Tarea”, lo cual consiste en un mecanismo gubernamental para abordar un asunto de manera interinstitucional. Esto representa una oportunidad para que los centros educativos se sumen a los esfuerzos del país en el tema y así fortalecer las diferentes iniciativas.

 

-Involucramiento de las y los profesores como parte de una respuesta integral. Las y los docentes son claves para detectar las necesidades concretas de cada niña y niño retornado. En función de cada caso, podrán coordinar con las instancias competentes para que el proceso de reintegración sea exitoso. Por ejemplo, en Honduras existe una red de servicios estatales de protección al migrante que incluye, entre otras, las Unidades Municipales de Atención al Retornado (UMAR) a las cuales podrían recurrir. A través de estas oficinas, cuya apertura ha sido posible gracias al apoyo de la OIM, se busca garantizar la reintegración educativa, social y económica de la niñez migrante y de las familias retornadas al país.

 

-Impulsar espacios de construcción de coordinación con padres, madres o tutores de las niñas y niños migrantes para conocer más sobre los avances del proceso de reintegración más allá de los centros educativos. Lo anterior también implica conocer el nivel de reintegración en sus comunidades y en sus tiempos de ocio.

Estos tres puntos deben acompañarse de un eje transversal: brindar a las y los educadores las herramientas para que todas las niñas y niños puedan disfrutar de sus derechos y cumplir con sus deberes con base al progreso evolutivo de sus facultades.

 


 

   Sobre el autor:

Ismael Cruceta es comunicador en Honduras de la Misión de la OIM para el Triángulo Norte de Centroamérica. Licenciado en Periodismo, cuenta con una Maestría en Relaciones Internacionales Iberoamericanas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y una Especialización en Periodismo Digital para la Transformación Social por la Universitat Oberta de Cataluña (España). Ha trabajado como Especialista en Comunicación del Sistema de las Naciones Unidas en Honduras y Bolivia. Además, se ha desempeñado en diferentes proyectos de cooperación internacional en Iberoamérica.