Construcción colaborativa para la reintegración de migrantes retornados

 

Imagine poder hacer propuestas sobre alguna necesidad de infraestructura en su barrio, o bien contribuir con el diseño de un parque de juegos para niños. ¿Sentiría que vive en un lugar más inclusivo, que su voz es escuchada en su comunidad?  Ahora, imagine que una persona migrante retornada a su país de origen, sin importar el tiempo que haya estado fuera, pueda también ser parte de procesos participativos como los mencionados. ¿Les ayudaría muchísimo a volver a sentirse parte de su comunidad, verdad?

La reintegración es un aspecto clave de la migración de retorno. Uno de los factores que determina que esta sea sostenible es la estabilidad social de las comunidades que reciben a las personas migrantes retornadas (OIM, 2016). En ese sentido, la OIM en El Salvador lleva a cabo iniciativas  de construcción de obras para la recreación y el uso comunitario en los municipios de Mejicanos, Zacatecoluca, Usulután y San Miguel, en los que hay altos índices de retornos registrados, pero lamentablemente también de violencia.

Estas construcciones representan espacios seguros para la recreación y la convivencia en las comunidades de origen de las personas migrantes retornadas, lo cual apoya la estabilidad y la seguridad de estas al permitirles adueñarse de los espacios públicos. A su vez, ayudan a las comunidades  a prevenir dinámicas de la violencia y conflicto social al restaurar la confianza entre la comunidad, autoridades y grupos vulnerables.

Construcción colaborativa. La participación ciudadana ha sido una clave en este tipo de iniciativas, a través de construcción de infraestructura de forma comunitaria. No solo porque las personas tienen derecho a opinar sobre las decisiones que afectan sus entornos, sino porque a través de la participación de la comunidad entendemos mejor sus necesidades y perspectivas, lo cual resulta en mejores diseños y ejecuciones de obras. Es así como hacemos más sostenibles y participativos los proyectos.

¿Cómo logramos llevar acabo estos procesos de construcción colaborativa con éxito? Mediante las siguientes tres claves:

  1. Participación ciudadana: acompañamos a las comunidades para que participen en la construcción de las obras. Este ejercicio participativo se ejecuta en coordinación y por medio de asociaciones o grupos comunales, gobiernos locales e instituciones nacionales.
  2. Escuchar a la comunidad: los beneficiarios de las obras aportan información valiosa sobre las necesidades concretas, riesgos y avances de la obra, así como nuevas propuestas para ser tomadas en consideración.
  3. Monitoreo cívico: los líderes de la comunidad tiene acceso continuo a la obra y colaboran en el monitoreo y ejecución de la construcción. Ellos se comunican directamente con la OIM sobre cualquier eventualidad pertinente.

Por su lado, la participación ciudadana es vital en todas las etapas del proyecto de infraestructura. Estas son todas las fases de las obras en que se presenta un componente participativo:

  1. Primer acercamiento con la comunidad para socializar el proyecto.
  2. Identificación y análisis de las necesidades con la comunidad.
  3. Selección y definición del proyecto de construcción con insumos de la comunidad.
  4. Participación de la comunidad en la fase de diseño (se incorporan necesidades específicas en los diseños).
  5. Construcción de la obra (incluye la contratación y participación de miembros de la comunidad cualificados en el área de construcción, así como la creación de comités de administración).
  6. Uso de la obra (comités de administración organizan y ejecutan la participación de la comunidad en el mantenimiento y la gestión de la obra).

Otros actores son también parte del proceso. La visión de los gobiernos locales y nacionales es vital para promover lugares inclusivos, seguros y ambientalmente sostenibles a favor de la comunidad.

Es así como, junto a comunidades y gobiernos, diseñamos y construimos casas comunales, espacios participativos y de recreación, parques y canchas deportivas. Como resultado de esta experiencia, 450 familias de San Miguel y 7,450 de Usulután han sido beneficiadas con obras construidas de forma colaborativa, con el fin de que lugares con altos índices de personas migrantes retornadas pudiesen disfrutar de mejores condiciones para su reintegración.

Al hablar de proyectos de construcción de infraestructura es necesario tomar en cuenta el tejido social existente y, junto a las comunidades, una visión de igualdad, transparencia y convivencia; sobre todo en aquellas que acogen a muchas personas migrantes retornadas y las cuales necesitan de una reintegración sostenible y humana.

 

 

Sobre los autores: 

Camilo Mantilla es Oficial de Programas para El Salvador, Guatemala y Honduras de la OIM. Ha trabajado como asesor legal y gerente de proyectos de la OIM en Centroamérica y Colombia. Es abogado con una Maestría en Derecho Internacional del Fletcher School of Law and Diplomacy, Boston. Twitter: @camilomantillav

Ernesto Heske es Coordinador de Infraestructura para El Salvador, Guatemala y Honduras de la OIM. Ha trabajado como coordinador de proyectos de infraestructura de la OIM en el Triángulo Norte de Centroamérica. Es Ingeniero Civil con Maestría en Planificación Urbana de la Universidad de Sttutgart, Alemania.

 


Lo que el fútbol nos enseña sobre migración

Categoria: Migración y Desarrollo
Autor: Tatiana Chacón Salazar

 

Más que un deporte popular en nuestras sociedades, el fútbol es parte de la construcción de la identidad de los pueblos. Sin importar el origen, la clase social o el color de piel, si hay algo que brinda sentido de identidad y pertenencia es este deporte. No importa si se juega con un balón original o una botella reciclada: ¡todos gritan gol con la misma emoción!

El fútbol no sólo es un espectáculo que mueve masas y millones: es un juego que despierta pasiones y contrastes alrededor del mundo. La Copa Mundial de la FIFA es el mejor ejemplo de ello. Por semanas el mundo entero pone su atención en los  partidos, pero pocas veces nos detenemos a pensar en que la gran mayoría de los futbolistas son migrantes. 

En Mesoamérica están participando las selecciones de México, Costa Rica y Panamá en el Mundial de Rusia 2018. De 69 jugadores de estas selecciones, 46 son personas migrantes. Estadísticas de FIFA 2017 revelan que el 55% de futbolistas jugaron en un club fuera del país donde tienen la ciudadanía. Más del 90% de los jugadores de las selecciones nacionales de Colombia, Bélgica, Irlanda, Suecia y Suiza jugaron para un club en el extranjero y de los 100 jugadores mejor calificados en 2017, 72 eran migrantes.

Verlo de este modo nos puede ayudar a tener una visión más integral y menos estereotipada de la migración. La migración nos enriquece como sociedad, el fútbol es un ejemplo de ello. ¿Cuántas veces los españoles de Barcelona han gritado gol gracias a un argentino? ¿Cuántos costarricenses se cuestionaron que quien anotó en Brasil 2014 nació en Nicaragua? ¿Cuántas veces el fútbol nos ha ayudado a dejar de ver etiquetas?

A pesar de que el racismo y la xenofobia han tenido lugar en contextos futbolísticos, prefiero pensar en el fútbol como una herramienta para unir y no para discriminar. Como una herramienta para la integración de las personas y para la creación de vínculos con las comunidades. Pienso en el fútbol como puente para promover los derechos humanos. Los intereses y valores comunes pueden compartirse a través del deporte al promover el diálogo intercultural y fortalecer la tolerancia.

Puede conocer historias sobre deporte, migración e integración en la plataforma de la OIM: Soy Migrante - “Together Through Sport”.

 


   

   Sobre la autora:

Tatiana Chacón Salazar es comunicadora de la OIM en Costa Rica. Además, se ha desempeñado como asesora en comunicación en diferentes organizaciones públicas y privadas en temas de medio ambiente, género y migraciones. Es relacionista pública de la Universidad de Costa Rica y cuenta con estudios en Comunicación Multimedia de la Universidad Autónoma de Baja California.